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LA COFRADÍA DE MAREANTES DE SEVILLA Y CÁDIZ: DISPUTAS JURISDICCIONALES (S. XVII)

 

  Por Esteban Mira Caballos

(Artículo publicado originalmente en la Revista de Historia Naval del Instituto de Historia y Cultura Naval de Madrid)

 

INTRODUCCIÓN

Prácticamente hasta el siglo XVIII las personas no tenían rango de ciudadanos sino de vasallos y no existía el Estado del bienestar. Este último es un concepto contemporáneo por lo que, hasta entonces, toda la previsión social de los individuos se basaba en un sistema privado de contraprestaciones.

La cobertura social de los españoles en el Antiguo Régimen se canalizaba de dos formas diferentes, según se tratase de personas que habían “cotizado” o de pobres “de solemnidad”. Por ello, Rumeu de Armas habla de dos conceptos diferentes, a saber: asistencia y beneficencia1. La población común normalmente se pagaba su propia asistencia privada, a través de las hermandades y cofradías. Prácticamente todos los cabezas de familia pertenecían a algún instituto, muchos de ellos gremiales, cubriendo de esta forma cualquier eventualidad social. De esta forma obtenían una verdadera póliza de seguros que solía abarcar a todos los miembros de la misma. Por tanto, casi todas las cofradías tenían un doble cometido, el devocional y el asistencial, proporcionando a sus hermanos, por un lado, el consuelo espiritual de sus amados titulares, y por el otro, una asistencia en la enfermedad y un enterramiento digno. Por ello, las cofradías representaban una posibilidad excepcional, para muchas familias con recursos medios o bajos, de poderse inhumar dentro de un templo. Para la mentalidad sacra de la época solamente esto suponía un gran alivio en el último trance de la vida.

Todos los que participaban en las hermandades y cofradías eran mutualistas que habían cotizado durante toda su vida. Pero, ¿qué ocurría con aquellas personas que no tenían recursos para cotizar? Pues, bien, para ellos no había asistencia sino beneficencia. Y, ¿qué diferencia había? Como afirma Rumeu de Armas la asistencia era un derecho mientras que la beneficencia era una gracia o limosna2. Los enfermos, los mutilados, los pobres de solemnidad, los inválidos, los mendigos y los menesterosos en general eran considerados un submundo marginado. Se les caracterizaba siempre de forma estereotípica como delincuente, vaga, mentirosa, indigna e indeseable. Aunque en realidad no eran más que pobres que se vieron obligados a mendigar o a robar cuando la desesperación les obligaba a ello3. Estos desheredados se mantenían a duras penas de la caridad de los pudientes. Una caridad que se suponía era una virtud cristiana que debían practicar los nobles, los burgueses ricos y, sobre todo, el estamento eclesiástico, al que se le presuponía una especial humanidad.

Esta caridad cristiana se canalizaba, por un lado, de manera informal, a través de las limosnas que decenas de pedigüeños obtenían a las puertas de las iglesias o en los espacios más concurridos de cada localidad. Y por el otro, mediante la fundación de una obra pía en la que, casi siempre a través de un testamento, se dejaba un capital para invertirlos en rentas con las que invertirlas en alguna mejora social. Las obras pías eran de muy diversos tipos: de redención de cautivos, de dotación de doncellas huérfanas para el matrimonio o su profesión como monjas, de escolarización de pobres, de enterramiento de presos o de hospitalización de enfermos.

Pero, en unos casos u otros, toda la beneficencia y la asistencia sanitaria en el Antiguo Régimen se canalizaban directa o indirectamente a través de las diversas instituciones religiosas4. A veces también los concejos dotaban o contribuían con algún tipo de beneficencia pero lo hacían desde un sentimiento exclusivamente cristiano, no laicista.

 

LA ASISTENCIA SOCIAL DE LOS HOMBRES DEL MAR

Las cofradías de mareantes y, por supuesto, las de pescadores, tenían una amplia tradición medieval tanto en los territorios de la Corona de Castilla como en los de Aragón. Sus inicios se remontan al siglo XII, cuando comenzaron a aparecer algunas corporaciones de mareantes sobre todo en distintos pueblos del País Vasco y de Cantabria5. La primera de ellas fue probablemente la de San Sebastián a las que le siguieron pronto las de Laredo, Castro Urdiales, Santander y Bermeo. Años después, existían cofradías de pescadores en decenas de puertos de todo el cantábrico, desde Galicia (Vigo o Tuy), Asturias (Llanes, Avilés o Gijón) y Cantabria (Laredo, Santander o San Pedro de la Barquera) hasta el País Vasco (Lequeitio, Fuenterrabía, San Sebastián, Bilbao o Bermeo)6. Eran institutos gremiales que agrupaban a las personas dedicadas al mar, en cada villa o ciudad costera. Su poder llego a ser tal que en la Baja Edad Media llegaron a declarar guerras y firmar alianzas y paces. El propio Eduardo III de Inglaterra se quejó al rey castellano Alfonso XI por las correrías que los marinos del Cantábrico llevaban a cabo en sus costas7. Muchas de estas cofradías gremiales sobrevivieron en España hasta el siglo XIX en que fueron languideciendo, especialmente a partir de 1861 con la Ley de disolución de los Gremios8.

A diferencia de lo que ocurría con otros gremios, como el de carpinteros, que casi siempre tenían a San José de patrón, los marineros tenían advocaciones muy variadas. Dominaban quizás las dedicadas a San Pedro, pescador de profesión, seguidas de las de San Telmo y el Espíritu Santo. También encontramos algunas bajo la advocación de la Virgen, en el caso sevillano intitulada del Buen Aire y, en otros casos, del Buen Viaje. A continuación, presentamos un pequeño muestreo de las advocaciones de algunas de las cofradías de mareantes de la España Moderna:

 

CUADRO I

ADVOCACIONES DE LAS COFRADÍAS DE MAREANTES9

ASOCIACIÓN

ADVOCACIÓN

LOCALIDAD

Cofradía de mareantes

Santa Catalina

San Sebastián

Cofradía de mareantes

San Pedro

Bermeo

Cofradía de pescadores

San Martín

Laredo

Cofradía de mareantes

San Pedro

Fuenterrabía

Cofradía de pescadores

Espíritu Santo

Zarauz

Cofradía de mareantes

San Pedro

Plentzia

Cofradía de marineros y barqueros

San Pedro

Túy

Cofradía de mareantes

San Pedro

Lequitio

Cofradía de mareantes

Nuestra Señora del Buen Aire, San Pedro y San Andrés

Sevilla

Cofradía de mareantes

Santísimo Sacramento

Cádiz

Cofradía de pescadores y armadores del río Guadalquivir

San Telmo y Nuestra Señora de Guía

Sevilla

Cofradía de Mareantes

San Telmo

El Puerto de Santa María

Cofradía de pescadores

Nuestra Señora del Buen Viaje

Sanlúcar de Barrameda

Cofradía de mareantes

San Telmo

Las Palmas de Gran Canaria

Cofradía de pescadores

San Telmo

Málaga

Cofradía de mareantes

Santísimo Sacramento

Málaga

 

Sevilla, ciudad de larga tradición marinera, tenía, como no, numerosas cofradías de los distintos oficios relacionados con el mar.

 

CUADRO II

COFRADÍAS SEVILLANAS DE OFICIOS

RELACIONADOS CON EL MAR10

 

OFICIO

INTITULACIÓN

UBICACIÓN

Gremio de pescadores y armadores del río Guadalquivir

Hermandad de San Telmo y Nuestra Señora de Guía

Hospital y capilla propia, situada en la calle de la Victoria de Triana

Gremio de calafates

Hermandad de los Santos Mártires

Hospital y capilla situada en la calle Sol de Triana

Gremio de barqueros

Hermandad de Nuestra Señora de Guadalupe

¿?

Contratación de marineros

Congregación de Nuestra Señora de las Cuevas

En unos aposentos del Castillo de Triana

Capitanes de barcos

Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora

¿?

Gremio de patronos de barcos

Hermandad de la Virgen del Rosario

¿?

Gremio de cargadores para las Indias y Flandes

Hermandad de Nuestra Señora de la Estrella

Residencia situada en la Puerta del Arenal

Capitanes, marinos y gentes de las flotas hispanas

Hermandad de la Sagrada Pasión de Nuestro Redentor Jesucristo

Residencia en el monasterio de Santa María de la Merced

Los Cómitres del Rey la Reina

Hermandad de San Nicolás

Hospital y capilla en la collación de la Magdalena “cabe la puerta de Triana”

Señores de naos, pilotos, maestres y contramaestres que navegan en la Carrera de Indias

Cofradía de Nuestra Señora del Buen Aire, San Pedro y San Andrés

Hospital a orillas del Guadalquivir, en la actual calle Betis.

 

Como se observa en este cuadro, en Sevilla había en el siglo XVI al menos una decena de cofradías gremiales de muy variados oficios relacionados directa o indirectamente con el mar. Una prueba más de la importancia que estas actividades en Sevilla que, al menos desde el siglo XV era uno de los puertos más activos e importantes de la Península. Pues, bien, de todas esas cofradías, las más influyente y poderosa económicamente fue sin duda la de los maestres, contramaestres y señores de naos, bajo la advocación de Nuestra Señora del Buen Aire de la que hablaremos en las páginas que vienen a continuación.

 

LA COFRADÍA Y HOSPITAL DE LOS MAREANTES DE SEVILLA

Antes de comenzar a escribir de esta cofradía de mareantes conviene dejar muy claro que esta corporación no tiene nada que ver con otra, establecida en la iglesia de Santa Ana de Sevilla, intitulada como hermandad y cofradía de Nuestra Señora del Buen Viaje. Ésta tuvo su sede en el templo de Santa Ana y aprobó sus primeras reglas en 1596, haciendo estación de penitencia, primero, en la noche del Miércoles Santo y, posteriormente, en la del Jueves Santo11. En el último cuarto del siglo XVII languideció, datando la última noticia de su existencia en 1704.

En lo que respecta a la de los Mareantes de Sevilla debemos decir que sus orígenes siguen siendo bastante oscuros porque, a pesar de haberse conservado una parte considerable de su archivo12, los primeros testimonios fehacientes datan de 1555. Pero precisamente en este último año se reconocía que la cofradía y hermandad de pilotos y maestres que hacen el “camino de las Indias”, estaba establecida desde hacía “muchos años” en la entonces llamada calle del Espíritu Santo de Triana13. Por tanto, es posible situar su fundación aproximada en algún momento del primer cuarto del siglo XVI.

En el tercer cuarto del siglo XVI se trasladaron a otro lugar, a orillas del río Guadalquivir, dando la fachada principal a la actual calle Betis y las traseras a la calle pureza, y ocupando un espacio de poco más de 358 metros cuadrados14. Su iglesia fue inaugurada el día de la fiesta de Nuestra Señora de la O de 157315. Se denominaba oficialmente “Cofradía y hospital de Nuestra Señora de los Buenos Aires”, aunque se le conocía vulgarmente como hospital de los Mareantes, según se explicaba en el encabezamiento de las Actas de la Universidad de Mareantes de Sevilla. Este primitivo edificio, fue demolido para construir en su lugar la actual Casa de las Columnas. Eso no ha impedido que diversos historiadores hayan estudiado tanto la planta y la estructura del desaparecido edificio como las obras de arte que albergó16. Finalmente, en 1704, tras casi un siglo y medio en la calle Betis, volvieron a trasladarse, en esta ocasión a su última sede, sita en el Real Colegio y Seminario de San Telmo.

Ellos siempre se sintieron herederos de los privilegios del viejo colegio de Comitres, pero lo cierto es que nada tenían que ver con esta institución bajomedieval. De hechos ambos institutos coexistieron durante bastante tiempo a lo largo de la centuria decimosexta17.

Se trataba de una cofradía que funcionaba de manera gremial, pues, no en vano reunía a un grupo muy determinado de profesionales; concretamente a “los maestres, pilotos, capitanes y señores de naos de la navegación de las Indias”. Lo más granado de la marinería española relacionada con la Carrera de Indias perteneció a esta corporación18. Su razón de ser no era otra que satisfacer las necesidades sociales y asistenciales de la gente de la Carrera de Indias.

Sus primeras reglas fueron dobles: una, las aprobadas por el provisor del Arzobispado, el 13 de marzo de 1561 en la que se regulaba la defensa de los intereses de los pilotos, maestres y señores de la nao de la Carrera de Indias. Y otra, la visada el 28 de diciembre de 1562 en que se regulaba la cofradía propiamente dicha, es decir, los cultos y la mutualidad. Ambas recibieron aprobación Real, dada en Galapagar (Madrid), el 22 de marzo de 156919. Posteriormente, dado el interés que suscitó entre sus hermanos, se realizó una edición impresa de las mismas, exactamente en 157820.

Las reglas constan de 37 capítulos en los que se detalla toda su vida corporativa. Tenía una triple vertiente, a saber: devocional, asistencial y económica, siendo sus advocaciones titulares la Virgen del Buen Aire, San Pedro y San Andrés. Desconocemos el origen de esta intitulación del Buen Aire, aunque sabemos de la existencia en Cagliari (Cerdeña) de una antigua y devota imagen, con el título de “Nostra Signora de Bonaria”.

Como es lógico, el instituto celebraba muy especialmente las festividades de la Virgen del Buen Aire y la de Todos los Santos (arts. XII y XIII). En aquella época la religiosidad de la población era sincera, pero más si cabe entre la gente del mar. Los marinos eran personas religiosas y supersticiosas tanto que existían instrucciones para no dejar subir a bordo a ningún tripulante que no hubiese practicado previamente los sacramentos de la confesión y la eucaristía21. En momentos difíciles, cuando estaban al borde de la zozobra, la imaginación les llevaba a ver a santos protectores, como San Telmo. Narraba Juan de Escalante que estas visiones en momentos tan críticos eran muy inoportunas porque, cuando más se necesitaba del esfuerzo de los marineros para mantener el navío a flote, se quedaban “pasmados y embebidos y dejan por entonces de acudir a la mayor necesidad”22. Pero lo cierto, al margen de estas anécdotas es que la vertiente religiosa de la corporación debió ser muy importante, especialmente los cultos tributados en honor de su patrona, la Virgen del Buen Aire.

Pero, tan importante como la devocional era la vertiente asistencial, encargándose especialmente del enterramiento de sus hermanos, pues, en las propias reglas se le dedican nada menos que 10 artículos de los 37 que componen su reglamento. Se detalla absolutamente todo, desde la forma en que el muñidor debía avisar a los hermanos de un fallecimiento, hasta las hachas –doce- que habían de acompañar al difunto.

No obstante, las prestaciones de la corporación no se limitaban al enterramiento. También incluía la curación de los hermanos enfermos, para lo cual disponían de un hospital propio. En él no sólo atendían a sus mutualistas sino que la ayuda terminó extendiéndose a cualquier marinero de la Carrera de Indias, aunque no perteneciese al instituto23. El único requisito para ser acogido en el hospital era que la persona en cuestión hubiese desempeñado su trabajo en algún buque de los que se dedicaban a la navegación con las Indias.

Y no sólo se ocupaban de la posible curación, o de la asistencia espiritual en los últimos momentos de su vida sino que, llegado el caso, ayudaban económicamente a la familia del mutualista enfermo. Esto sí que era una garantía en una época tan difícil, en la que cualquier persona por una mala racha, o simplemente por vejez, podía caer en la pobreza extrema. Asimismo, se encargaba de la asistencia económica a los hermanos enfermos, a los hijos huérfanos de los mutualistas así como al recate de los apresados por franceses o moros (arts. III y IV). Y también destinaban un fondo especial para dotar a aquellas hijas de los cofrades que habían caído en la pobreza o para socorrer a los hermanos presos con un real diario24.

Y finalmente, el tercer objetivo de la corporación era de carácter socio-político, pues también se articulaba como Universidad, “para defenderse de cualquier persona o institución que lesionase sus intereses”25. Los mareantes sevillanos tenían dos organismos vinculados entre sí: uno, la cofradía que se dedicaba fundamentalmente a la labor asistencial, a través del hospital y de los enterramientos. Y otro, la Universidad cuyo objetivo era la defensa gremial del universo de navegantes o mareantes de la Carrera de Indias26.

Como el gremio de Mareantes fue muy poderoso en Sevilla, igualmente poderosa fue su institución, es decir, la cofradía, el Hospital y la Universidad de Mareantes. Incluso, llegaron a tener hermandades filiales en América, como la que tenía su sede en el monasterio de San Francisco de Veracruz, en México27. La cofradía disponía de importantes ingresos económicos que provenían de distintas fuentes: uno de los más importantes procedía de la cuarta parte de soldada que se cobraba a los maestres de los navíos de la Carrera –luego pasó a ser media soldada-. Entre los ingresos ordinarios y regulares figuraba también la cuota de ingreso de hermanos -dos ducados-, así como la cuota mensual ordinaria que abonaban todos los mutualistas. Muy importantes eran también los donativos que recibían, mediante las alcancías que se colocaban en los lugares más visibles de los navíos. No era la única corporación que colocaba estas huchas, pues, también nos consta que las había al menos de la Virgen de Guadalupe y de la sevillana cofradía de Nuestro padre Jesús de la Pasión28. Y finalmente, cargaban las multas de un real que se imponía a los hermanos por incumplir los estatutos, es decir, por no acudir a los llamamientos de la misma o por acceder al cabildo con algún arma, actitud que estaba expresamente prohibida.

En el último cuarto del siglo XVII, se trasladaron a su nueva sede en el colegio de San Telmo, cuyas obras habían comenzado en 1682, bajo la dirección del maestro Antonio Rodríguez29. A partir de 1772 las obras fueron proseguidas por el maestro mayor del arzobispado, Leonardo de Figueroa, quien realizó la monumental fachada principal, así como la capilla30. La Hermandad continuó su vida corporativa en la capilla de de San Telmo durante el siglo XVIII. Su anterior asiento en la calle Betis, cayó en desuso, entrando en ruinas en la segunda mitad del siglo XVIII hasta su total desaparición.

 

LA COFRADÍA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO DE CÁDIZ

 

Tanto en el siglo XVI como en el XVII la mayor parte de los cofrades de la corporación sevillana procedían de distintos puntos de las actuales provincias de Sevilla y Huelva, siendo mucho menor la presencia de gaditanos31. Eso denotaría claramente que muchos de los pilotos y maestres gaditanos no se aseguraban en la cofradía de Mareantes de Sevilla sino en distintas cofradías de su propia ciudad. En Cádiz no había una hermandad propiamente dicha de mareantes. Sin embargo, la del Santísimo Sacramento, quizás buscando los suculentos ingresos de la cuarta parte de las soldadas y de las alcancías de las naos de la Carrera de Indias, aspiraba a serlo. No llegó nunca a ser una hermandad gremial de mareantes porque sus mutualistas no sólo eran pilotos y señores de naos. Sin embargo, sí que alcanzó un acuerdo con estos para que, a cambio del pago de la cuarta parte de la soldada y de las alcancías, se atendiese en la enfermedad a los mareantes y se les diese un enterramiento digno.

Y todo ello por el gran descontento que manifestaban los pilotos y maestres gaditanos. Los pocos que sí pertenecían a la corporación sevillana se quejaban de que no se podían beneficiar de las ventajas corporativas del instituto, por su residencia en Cádiz. Los que no eran cofrades de la sevillana solicitaban que los ingresos de las alcancías y la soldada de los buques que partían o entraban del puerto de Cádiz se destinasen a sufragar a la cofradía gaditana y no a la sevillana. Según el propio testimonio del mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento de Cádiz, ésta era muy pobre y a duras penas atendía, por caridad, a los pilotos, maestres y marinos de la Carrera de Indias que caían en la enfermedad y/o en la pobreza. Y lo cierto es que leyendo los documentos y alegaciones de la corporación gaditana hay que reconocer que no les faltaba razón en sus peticiones.

Aunque la correspondencia localizada por nosotros en el Archivo General de Indias, está fechada en 1612, aluden a una representación remitida al Rey doce años antes en la que plantearon ya el problema. Según decían en el hospital de Mareantes de Sevilla “no recibe beneficio ninguno la gente de las naos que se despachan en esta bahía”32. Pero indican que, pese a las reivindicaciones dirigidas a los cofrades sevillanos, que en teoría debía responder en veinte días, jamás hubo una contestación oficial. Estaba claro que el problema no era nuevo, pero los cofrades sevillanos veían venir una peligrosa escisión que podía restarles cuantiosos ingresos. El perjuicio económico podía ser grande habida cuenta del gran número de pilotos, maestres y dueños de naos que residían en la bahía de Cádiz. Por ello, no les faltaban razones para actuar pasivamente; lo que hoy denominaríamos un silencio administrativo.

Pero en 1612 los cofrades gaditanos no estaban dispuestos a conformarse con dicho mutismo. Hartos de su situación de indefensión pretendían alcanzar, de una vez por todas, una solución definitiva y duradera. En Cádiz residían muchos maestres, pilotos y gentes del mar que no recibían ningún beneficio de su pertenencia a la Cofradía de Mareantes de Sevilla. Por ello pretendían que la cofradía del Santísimo Sacramento de Cádiz –probablemente ubicada en la Catedral, aunque no se especifica-, hiciese las veces de corporación gremial para las gentes del mar residentes en dicha localidad. Se trataría de ampliar el marco de acción de la primitiva cofradía sacramental. Obviamente la idea gustaba a los hermanos de dicha cofradía, por lo que su mayordomo Pedro Martínez Fortún, capitán del presidio, escribió también al Rey informándole favorablemente. Como reconocía éste, la hermandad era muy pobre y estaba necesitada de recursos. Por ello, los hermanos de la sacramental se beneficiarían de los ingresos de los Mareantes y, a cambio, les darían respuesta a sus necesidades asistenciales.

La Sacramental se beneficiaría de dos nuevos ingresos: primero, la media soldada que se pagaba en principio a la corporación sevillana iría a parar a las arcas de la sacramental gaditana. Y segundo, pretendían continuar con una práctica que ya era costumbre de colocar una alcancía para la hermandad en todos los buques que partieran de Cádiz. Al parecer, el juez Pedro del Castillo, aludiendo a una autorización del secretario del Consejo Pedro de Ledesma, lo había permitido desde hacía años. El juez que le sucedió, Juan Bautista de Baeza, pese a que jamás encontró dicha autorización, continuó permitiendo esta práctica por ser ya en Cádiz “costumbre y obra pía”.

La hermandad tenía como cometidos habituales la asistencia a los pobres enfermos y la celebración de la fiesta del Corpus Christi. Además, según su mayordomo, como en Cádiz llegan muchos “herejes, moros y judíos al trato y comercio” había gran necesidad de que los actos públicos tuviesen “más pompa y fasto que en otras partes”.

A cambio de esos ingresos extras que le iban a proporcionar los mareantes gaditanos los hermanos del Santísimo se debían comprometer a prestarles dos servicios muy concretos, que especifican los propios armadores:

 

“Con obligación que ha de tener de dar las medicinas que hubieren menester los marineros, grumetes y pajes que de las tales naos enfermaren en esta ciudad para que se puedan curar en sus casas. Y con obligación de que todos los primeros domingos de cada mes diga dicha cofradía una misa rezada por los navegantes que nuestro señor les de buen viaje”33.

 

Por tanto, queda claro, que la hermandad Sacramental les garantizaría un servicio espiritual y otro terrenal del que de hecho no gozaban con la cofradía sevillana.

El expediente no es mucho más explícito por lo que no sabemos exactamente cómo acabo todo. La corporación sevillana se opuso hasta donde le fue posible. Pero parecían tan justas las reivindicaciones de los gaditanos que probablemente consiguieron salirse con la suya. De esta forma, la hermandad Sacramental de Cádiz, que tenía una larga tradición asistencial, se convirtió también en la corporación gremial de los mareantes gaditanos.

 

 

CONCLUSIÓN

Como puede observarse esta cofradía gremial de los Mareantes de Sevilla, jugó un papel muy destacado en la Edad Moderna. Precisamente por ser, como muy bien se ha escrito, puerto y puerta de Indias.

Probablemente, en el siglo XVIII entró en decadencia, debido fundamentalmente al trasladado de la Casa de la Contratación al puerto de Cádiz. Si ya en el siglo XVII habían surgido disputas con los maestres y capitanes gaditanos porque no se podían beneficiar de las ventajas corporativas de la hermandad sevillana, en el siglo XVIII se debió acentuar el problema. La hermandad sevillana fue perdiendo hermanos a medida que disminuía su trato con las Indias, descendiendo asimismo los ingresos y las prestaciones de su corporación.

Pese a ello, de la importancia que tuvo dan buena cuenta los enseres que nos han quedado de ella. Especialmente la Virgen sedente del Buen Aire, fruto de la transformación realizada en 1725 por el insigne imaginero Pedro Duque Cornejo, del primitivo relieve de la misma advocación tallado hacia 1600 por Juan de Oviedo “el Joven”34. Las imágenes de San Andrés y San Pedro co-titulares, que figuran a ambos lados y que son obra de José Maestre al igual que el propio retablo35. En la capilla existen asimismo otras esculturas de Pedro Duque Cornejo como la imagen de San Telmo o la de San Antonio de Padua, ambas presidiendo sendos retablos de los muros laterales. También se conservó en la capilla de San Telmo, hasta 1845 en que pasó a manos privadas, un lienzo de grandes dimensiones de la Virgen del Buen Aire, ejecutado por el pintor de Évora (Portugal) Vasco Pereira en 160336. Al parecer presidió la sala de juntas de la antigua sede del hospital y cofradía de Mareantes en Triana.

Finalmente, decir que el nombre de esta cofradía, hospital y universidad quedó inmortalizado nada más y nada menos que en la fundación de Buenos Aires. Al parecer, en recuerdo a la corporación de la que era miembro, Pedro de Mendoza, en febrero de 1536, le dio el nombre de Buenos Aires a un pequeño asentamiento que él mismo fundó37. Décadas después, concretamente el 11 de junio de 1580, Juan de Garay rebautizó la ciudad con el nombre de la Trinidad aunque, eso sí, ubicada en el puerto de Santa María de los Buenos Aires. Como escribió Celestino López, pese a todo prevaleció el nombre de Buenos Aires “para honra de la Universidad de Mareantes y gloria de Sevilla”38.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

 

APÉNDICE I:

 

Carta de Juan Bautista de Baeza a Su Majestad, Cádiz, 6 de junio de 1612.

 

“Señor: en carta del consejo Real de las Indias de Vuestra Majestad de 14 de mayo se me dice que por parte de Pedro Martínez Fortún, mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento de esta ciudad se ha hecho relación en el Consejo, diciendo que presuponiéndose que en el hospital de los Mareantes de Sevilla, en Triana, se cura la gente de mar de la Carrera de las Indias y se da limosna a los oficiales que han venido necesitados de ellas le está aplicado y se cobra para el dicho hospital de cada nao que sale para las Indias una cuarta de una soldada que se quita a las dichas naos.

Y que habiendo representado habrá doce años a Vuestra Majestad que en aquel hospital no recibe beneficio ninguno la gente de las naos que se despachan en esta bahía y suplicado mandase que el cuartón que se obra de ellas para el dicho hospital se aplicase a la dicha cofradía del Santísimo Sacramento se mandó notificar al dicho hospital que dentro de veinte días respondiese a ello y se quedó en este estado sin que hasta ahora lo hayan hecho. Y ha suplicado a Vuestra Majestad atento a esto se mande aplicar el dicho cuartón que se cobra de las naos que salen de esta bahía a la dicha cofradía. Y manda vuestra majestad que yo diga lo que en esto pasa y si es así que no se cura en el dicho hospital la gente de mar que sale de esta bahía ni gozan de aquel beneficio y si en la pretensión que ha tenido la dicha cofradía se ha proveído alguna cosa antes de ahora o lo que se debería proveer y ordenar y quede todo envíe relación con mi parecer.

Lo que en esto se me ofrece decir es que habiéndome informado en esta ciudad de algunos dueños de naos y gente plática y que sabe lo que en esto pasa he entendido que la cofradía y hospital de los mareantes de Sevilla solía cobrar de todas las naos que van y vienen de las Indias media soldada de marinero de cada una y ahora de poco tiempo a esta parte se cobra real y medio por cada tonelada de las naos, aunque los dueños de ellas pretenden que se modere en un real. Y esto se consume en los enfermos del dicho hospital y también si hay algún dueño de nao que sea cofrade de la dicha cofradía y haya venido a necesidad lo socorren con algo para sus alimentos y de ello se gasta en ocasiones que se ofrecen de enviar hombres a esa corte a negocios de la Universidad de los Mareantes o en otras cosas tocantes a ella. Y muy pocas veces acaece curarse en aquel hospital hombre que navega en las naos de Cádiz y no tengo noticia cerca de lo que el dicho Pedro Martínez Fortún pide se haya proveído hasta ahora cosa alguna y parece que, siendo Vuestra Majestad servido se podría mandar notificar a los administradores del dicho hospital que diesen razón de lo que en esto pasa y en la forma que gastan lo que cobran de los dichos dueños de naos y del beneficio que resulta de ello a la gente que navega en las que salen de esta bahía para las Indias para que Vuestra Majestad mande proveer lo que a su real servicio convenga, cuya Real Persona guarde nuestro Señor como la cristiandad ha menester. Cádiz, 6 de junio de 1612 años. Juan Bautista de Baeza.

(AGI, Indiferente General 1129)

 

 

APÉNDICE II:

 

Carta de Juan Bautista de Baeza a Su Majestad, Cádiz, 6 de junio de 1612

 

“Señor: por carta del Consejo Real de las Indias de vuestra majestad, de 14 de mayo, se me manda decir que por parte de Pedro Martínez Fortún, mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento de esta ciudad, se ha hecho relación en el Consejo y dicho que cada uno de los navíos que salen de esta bahía para las Indias ha llevado y lleva una alcancía de la dicha cofradía y que, por carta del secretario, Pedro de Ledesma, se ordenó que el juez de esta dicha ciudad las diese y entregase en los dichos navíos que despachase y que asimismo las volviese a cobrar de tornaviaje porque los dueños de las dichas naos se solían quedar las más veces con ellas. Y manda Vuestra majestad que yo diga lo que cerca de esto pasa y si es verdad que se ha acostumbrado llevar las dichas alcancías y si hay orden para ello y que de todo yo envíe relación con mi parecer.

Lo que en esto tengo que decir es que, aunque he buscado con diligencia entre los papeles de este juzgado, la dicha carta del secretario Pedro de Ledesma no la he hallado, ni ninguna otra orden de vuestra majestad que cerca de esto trate. Y Pedro del Castillo, mi antecesor, acostumbró enviar las dichas alcancías en las naos que despachaba y, por hallar yo esto puesto en costumbre y ser obra pía, lo he continuado y encargado a los capitanes y dueños de naos estas alcancías y algunos las han vuelto al mayordomo de la dicha cofradía y otros que no lo han hecho ha sido por decir que no han sacado limosna o por haber entrado las naos que las traen en Sanlúcar o por haberlas echado al través en las Indias y no haber vuelto aquí los maestres ni dueños de ellas.

Y parece puesto en razón que no se innove esta costumbre, pues, por haber quedado muy pobre la dicha cofradía del Santísimo Sacramento después que la armada inglesa entró en esta ciudad tiene necesidad se lleven estas alcancías para que con la limosna que trajeren pueda tener el Santísimo Sacramento la cera y cosas necesarias para estar con la decencia que conviene. Vuestra majestad lo mandará ver y proveer lo que a su real servicio convenga cuya Real Provisión guarde nuestro señor como la cristiandad ha menester. Cádiz, 6 de junio de 1612 años. Juan Bautista de Baeza.

(AGI, Indiferente 1129).

 

APÉNDICE III

 

Carta de los armadores de Cádiz a Su Majestad, h. 1612.

 

“Señor: los dueños de las naos que navegan la Carrera de Indias que cargan en la bahía de esta ciudad de Cádiz que abajo firmamos nuestros nombres, en vez y en nombre de los demás, decimos que a nosotros se nos quita media soldada de marinero de cada una de nuestras caos para la cofradía de los mareantes de la ciudad de Sevilla en Triana para la cura de los enfermos que la dicha cofradía hace en la dicha Sevilla. El cual beneficio no redunda en pro ni provecho de nos, ni de los marineros, grumetes, ni pajes que sirven y navegan con las dichas nuestras naos y en las demás que cargan en esta bahía porque no se curan por la dicha cofradía ninguno de ellos porque vivimos en esta ciudad que está veinte leguas del dicho hospital de Sevilla. Y cuando alguno enferma en esta ciudad de los dichos marineros, grumetes y pajes, y es pobre, que no tiene con qué curarse nos obliga la caridad a buscarles cura en ella y medicinas para ello.

Y así, teniendo atención a lo susodicho y considerando que la cofradía del Santísimo Sacramento de esta ciudad de Cádiz que sale a visitar los enfermos de ella tiene gran necesidad porque es muy pobre, por no tener renta ninguna con qué pagar los gastos del ornato de ella y el de la cera que se gasta cuando sale por las calles a consolar los enfermos y atendiendo a ser esta ciudad puerto de mar, donde de cada día vienen y asisten muchos extranjeros y entre ellos herejes, moros y judíos al trato y comercio que en ella hay, tiene necesidad la dicha cofradía a acudir en las dichas salidas con más pompa y fasto que en otras partes, lo cual por ser pobre como es la dicha cofradía no lo puede hacer. Nosotros de nuestra voluntad, por servir a la divina Majestad, suplicamos a vuestra majestad mande adjudicar la dicha media soldada a la dicha cofradía del Santísimo Sacramento de esta dicha ciudad de Cádiz de todas las naos que cargan y cargaren de aquí adelante en la bahía de ella para cualesquiera partes de las Indias que fueren despachadas por el juez que reside en ella, mandándole que de aquí adelante haga pagar al mayordomo de la dicha cofradía del Santísimo Sacramento lo que importare la dicha media soldada para ayuda al gasto de la dicha cofradía, pues, es justo se haga así por ser de dinero nuestro la dicha media soldada, pues se debe hacer la limosna a donde fuere la voluntad de su dueño y la nuestra es que se dé a la dicha cofradía.

Con obligación que ha de tener de dar las medicinas que hubieren menester los marineros, grumetes y pajes que de las tales naos enfermaren en esta ciudad para que se puedan curar en sus casas. Y con obligación de que todos los primeros domingos de cada mes diga dicha cofradía una misa rezada por los navegantes que nuestro señor les dé buen viaje.

Y con esto, mandar vuestra majestad a la dicha cofradía de los Mareantes de la dicha ciudad de Sevilla que no pidan a las tales naos que fueren despachadas en ésta, por el juez de ella, la dicha media soldada, ni cosa alguna de ella. Y al presidente, jueces y oficiales de la Casa de la Contratación de la dicha Sevilla que den el favor y ayuda que para la expresión de ello fuere menester en ella, que en ello hará vuestra majestad un gran servicio a Dios nuestro Señor y a nosotros muy gran merced y a los nuestros marineros mucha limosna con que tengan medicinas con que curarse”. Firman: Hernando Guerra, Pedro Ramos, Pedro Juan, Alonso de Meneses, Juan Gómez Maldonado y Gonzalo Bajales.

(AGI, Indiferente 1129).

 

 

APÉNDICE IV:

 

Certificación dada por Gerónimo de Cabra, colector de la Catedral de Cádiz, 8 de junio de 1612.

 

“Certifico yo Gerónimo de Cabra, presbítero colector de la santa Iglesia de esta ciudad de Cádiz, que por orden del capitán Pedro Martínez Fortún, entretenido por su majestad en el presidio de esta dicha ciudad de Cádiz y mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento de ella se dice desde el año de mil y seiscientos a esta parte todos los primeros miércoles de cada mes una misa al espíritu santo por el Rey nuestro señor para que le guarde muchos años con vida y salud y le dé su santa gracia y paz y concordia con los príncipes cristianos y acrecentamiento de Reinos para mayor gloria de la Divina Majestad. Y para que de ello conste, di la presente que es fecha en la ciudad de Cádiz, a ocho de junio de mil y seiscientos y doce años”. Gerónimo de Cabra.

(AGI, Indiferente 1219).

 

1 RUMEU DE ARMAS, Antonio: Historia de la previsión social en España. Cofradías, gremios, hermandades, montepíos. Madrid, Editorial Revista de Derecho Privado, 1944, p. 165.

2Ibídem, p. 165.

3 Sobre la cuestión puede verse la obra clásica de LIS, Catharina y SOLY, Hugo: Pobreza y capitalismo en la Europa preindustrial (1350-1850). Madrid, Akal, 1984, pp. 101 y ss.

4 Para el caso de Sevilla puede verse el trabajo de CARMONA GARCÍA, Juan Ignacio: El sistema de la hospitalidad pública en la Sevilla del Antiguo Régimen. Sevilla, Universidad, 1979.

5 RUMEU DE ARMAS: Ob. Cit., pp. 137-139.

6 Ibídem, Pág. 142.

7 Ibídem, pp. 139-140.

8 Las actuales cofradías de pescadores se diferencian de las antiguas cofradías gremiales en que están autorizadas, controladas y reguladas por el Estado y tienen como principal y casi único objetivo dirimir los conflictos que surgen en el interior del sector. Véase, por ejemplo, el magnífico estudio de ALEGRET, Juan Luis: “Del corporativismo dirigista al pluralismo democrático: las cofradías de pescadores de Cataluña”, http://biblioteca.udg.es/gespm (consulta 26-X-07).

9 Fuentes: RUMEU DE ARMAS: Ob. Cit., pp. 141-144. LÓPEZ MARTÍNEZ, Celestino: “La hermandad de Santa María del Buen Aire de la Universidad de Mareantes de Sevilla”, Anuario de Estudios Americanos, vol. I. Sevilla, 1944, pp. 701-721. SANCHO DE SOPRANOS, Hipólito: La cofradía de mareantes de San Telmo de El Puerto de Santa María”, Revista general de la Marina Nº 166. Madrid, 1964. CRUZ ISIDORO, Fernando: “Sobre el escultor Gaspar de Ginés y la Virgen del Buen Viaje del convento sanluqueño de Capuchinos”, Archivo Hispalense, Nº 267-272. Sevilla, 2007, pp. 243-244. ERKOREKA GERVASIO, José Iñaki: Estudio histórico de la cofradía de mareantes de Portugalete: orígenes, organización y fundaciones. Portugalete, Publicaciones del Excmo., Ayuntamiento, 1993. DUO, Gonzalo: “Formas de navegación en el puerto de Plentzia a través de los documentos de la cofradía de mareantes de San Pedro (siglos XIII-XIX)”, Vasconia: Cuadernos de historio-geografía, Nº 31. Bilbao, 2001, pp. 113.132. BÉTHENCOURT MASSIEU, Antonio de: “La cofradía de mareantes de San Telmo en las Palmas de Gran Canaria: proyecto de un montepío textil (1781-1805), Espacio, Tiempo y Forma, Nº 2. Madrid, 1989, pp. 243-268. SERNA VALLEJO, Margarita: “Algunas cuestiones en torno a la cofradía de mareantes de San Martín y el concejo de Laredo”, en El fuero de Laredo en el octavo centenario de su concesión. Laredo, Excmo. Ayuntamiento, 2001, pp. 405-450. BURGOS MADROÑERO, Manuel: “Congregaciones, hermandades o cofradías-gremios y gremios de matriculados de la gente de mar en los siglos XVIII y XIX. Una aproximación”, en Gremios, hermandades y cofradías, T. II. San Fernando, 1992, pp. 111-133.

10 Fuente: LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., pp. 702-705

11 Existía la tradición de que esta hermandad fue fundada por maestres, señores de naos y pasajeros a Indias a finales del siglo XVI, concretamente en 1596. Véase, por ejemplo, la obra de CARRERO RODRÍGUEZ, Juan: Anales de las cofradías sevillanas. Sevilla, Editorial Castillejo, 1991, pp. 591-592. Sin embargo, hemos leído detalladamente los estatutos fundacionales, aprobados en Sevilla por el ordinario, el 24 de julio de 1596, y en ningún momento se alude a su vinculación con los maestres o pasajeros de la Carrera de Indias. De hecho, no era una cofradía gremial sino abierta. Para entrar como hermano sólo se requería ser cristiano viejo “y no morisco, ni mulato ni indio”, no ser negro, y ser una persona honrada y “de buena vida y fama”. Véase SÁNCHEZ HERRERO, José (Ed.): CXIX reglas de hermandades y cofradías andaluzas, siglos XIV, XV y XVI. Huelva, Universidad, 2002, pp. 545-556. Los maestres y señores de naos ya tenía su cofradía, por lo que más bien parece una confusión o extrapolación de la Cofradía de Mareantes de la Virgen del Buen Aire con la de la Virgen del Buen viaje.

12 En el Archivo de la Universidad de Sevilla se conservan libros de cuentas desde 1682 y libros de recepción de hermanos desde 1556 a 1789.

13 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., pp. 707-708.

14 Ollero Lobato aporta el dato de la extensión del solar en varas cuadradas, en total 429. Teniendo en cuenta que una vara equivalía a 0,835 metros, obtendríamos una cifra de 358,215 metros cuadrados. OLLERO LOBATO, Francisco: “El hospital de Mareantes de Triana: arquitectura y patronazgo artístico”, Atrio Nº 4. Sevilla, 1992, p. 63.

15 Ibídem.

16 Tras el traslado a San Telmo fue utilizado por los clérigos menores y, luego, por los franciscanos de San Juan de Aznalfarache. En 1767 fue recuperado por la Universidad y cofradía de Mareantes quien lo desacralizó y vendió. Sobre el edificio y sus enseres puede verse el ya citado trabajo de OLLERO LOBATO: Ob. Cit., pp. 61-70 y el de NAVARRO GARCÍA, Luis: “La casa de la Universidad de Mareantes de Sevilla (Siglos XVI y XVII)”, en La Casa de la Contratación y la navegación entre España y las Indias. Sevilla, CSIC, 2004, pp. 743-760.

 

17 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., pp. 702-708. OLLERO LOBATO: Ob. Cit., pp. 61-62.

18 Véanse los estudios de BORREGO PLA, María del Carmen: “Los hermanos de la cofradía de Mareantes de Sevilla en el siglo XVI”, II Jornadas de Andalucía y América, T. I. Sevilla, 1984, Págs. 361-387 y de la misma autora: “Los hermanos de la Universidad de Mareantes de Sevilla en el siglo XVII”, III Jornadas de Andalucía y América, T. I. Sevilla, 1985, pp. 237-252.

19 Dicho instrumento fue localizado en el Archivo de Protocolos de Sevilla por el acucioso investigador Celestino López. LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., pp. 701-721. Fue reproducido casi tres décadas después en BORREGO PLA, María del Carmen y Luis NAVARRO GARCÍA: Actas de la Universidad de Mareantes de Sevilla. Sevilla, Diputación Provincial, 1972, pp. 295-308.

20 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., p. 709.

21 PÉREZ-MALLAÍNA, Pablo E.: Los hombres del océano. Sevilla, Diputación Provincial, 1992, p. 247.

22 Ibídem, pp. 252-253.

23 BORREGO PLA: “Maestres y pilotos de la Bahía Gaditana en la Carrera de Indias hasta 1700”, Andalucía y América. Córdoba, Cajasur, 1994, p. 137.

24 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., p. 718.

25 BORREGO PLA: Maestres y pilotos de la bahía gaditana, Ob. Cit., p. 135.

26 Desde 1681 en que se creo el Colegio de San Telmo la labor de la Universidad se centrará en formar e instruir a niños huérfanos en el arte de la navegación y de la marinería. Sobre esta institución pueden verse los trabajos de HERRERA GARCÍA, Antonio: “Estudio Histórico sobre el Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla”, Archivo Hispalense Nº 89. Sevilla, 1958, pp. 249-250 y el más reciente y minucioso de JIMÉNEZ JIMÉNEZ, Elisa María: El Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla (1681-1808): su contribución al tráfico marítimo con América y su significado en la historia de la ciudad en el siglo XVIII. Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad, 2002.

27 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., p. 701.

28 Ibídem, p. 717.

29 MORALES, Alfredo J. y Otros: Guía artística de Sevilla y su provincia, T. I. Sevilla, Diputación Provincial, 2004, pp. 306-307.

30 Ibídem, p. 307.

31 BORREGO PLA: Los hermanos de la Universidad de Mareantes de Sevilla en el siglo XVI, Ob. Cit, p. 241. Esta autora citaba a unos quince pilotos gaditanos que pertenecían a la cofradía de Mareantes de Sevilla, a saber: Francisco de Candía, Juan de Medina, Francisco del Castillo, Andrés García, Hernán García, Pedro Hernández Franco, Andrés Jiménez, Ambrosio Manuel, Juan Mejía, Juan Morales, Juan Palomino, Constantino Pérez, Alonso Ramos, Baltasar Rodríguez y Juan Vega. BORREGO PLA: Maestres y pilotos de la bahía gaditana, Ob. Cit., pp. 135.136.

 

32 Véase el apéndice I.

33 Véase el apéndice III.

34 NAVARRO GARCÍA: Ob. Cit., pp. 749-750. MORALES: Ob. Cit., T. I, p. 308.

35 MORALES: Ob. Cit., T. I, p. 308.

36 VALDIVIESO, Enrique: Historia de la pintura sevillana. Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1992, p. 107.

37 LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., Págs. 720-721.

38 Ibídem, Pág. 721.

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LA PROCESIÓN DE LA HERMANDAD DEL ROSARIO DE SANTA CATALINA DE SEVILLA (1875)


 

Por Esteban Mira Caballos


Recientemente, repasando las páginas del periódico decimonónico la Ilustración Española y Americana, leí una interesante descripción de la procesión que el 7 de octubre de 1875 realizó por su barrio esta corporación sevillana. Y dado el olvido de estas corporaciones rosarianas en la actualidad me pareció interesante, obviamente sin ningún tipo de pretensión científica, glosar el citado texto.

Como ya hemos dicho, la procesión se desarrolló en la tarde del día 7 de octubre de 1875, mientras que el artículo lo firmó el columnista Ramiro Franco Pacheco el 13 de octubre y se publicó nueve días después, es decir, el 22 de octubre.

Como es bien sabido, la hermandad del Rosario de Santa Catalina se fundó en el siglo XVII, vinculada a la Sacramental del citado templo sevillano1. Al parecer, gozó de un gran fervor popular, probablemente favorecido por la vinculación que tenía con el vecindario a través de los rosarios diarios que realizaba. En el siglo XVIII, y una vez finalizados favorablemente sus pleitos con la hermandad Sacramental, experimentó un gran auge celebrando nada menos que dos procesiones rosarianas diarias, “una a Prima noche y otra de madrugada”2.

A finales del siglo XVIII se produjo una importante reconversión en el seno de esta hermandad, entrando en decadencia su rosario público y centrando sus actividades en el novenario y en la procesión por su barrio el día de la festividad de la Virgen. Ya era conocida la procesión realizada por esta hermandad el 7 de octubre de 1758 por las calles de su barrio con la asistencia de otras hermandades rosarianas de Sevilla como la de San Marcos, San Vicente, San Vicente, San Andrés y el Divino Salvador3. Sin embargo, estos cortejos con su imagen titular, muy ocasionales en el siglo XVIII, se convirtieron en frecuentes en la siguiente centuria. Y esta procesión, que a continuación comentaremos, es una más de tantas otras que debió celebrar sobre todo en el siglo XIX.

Centrándonos ya en la procesión de 1875 queremos destacar varios aspectos, a saber:

Empezaremos refiriéndonos a la aludida novena que en honor de la Virgen se había realizado en los días inmediatamente anteriores al 7 de octubre. No sabemos cuándo se implantó este novenario que, al parecer, se celebró casi de forma ininterrumpida a lo largo de la centuria decimonónica. El día de la Virgen se hacía una solemne función matutina y por la tarde salía la procesión. Tampoco sabemos la hora de salida aunque sí la de recogida, exactamente las nueve de la noche. Las celebraciones culminaban con un solemne “Te Deum” que los hermanos y feligreses celebraban en su templo al finalizar la procesión.

Al igual que hacen las cofradías de hoy, se aprovechaba el día de su solemne procesión para estrenar nuevos enseres que en esta ocasión eran nada menos que cuatro piezas de plata, a saber: unas ráfagas, una corona, un cetro y la media luna. También, como en nuestros días, el vecindario se concentraba en las puertas del templo, esperando su salida. Y debía ser todo un acontecimiento, pues, comentaba el columnista que había tanta gente durante el desfile que “apenas se podía transitar”. Y aunque a veces tengamos la fundada sensación que nuestra Semana Santa está ahora más masificada que nunca, cuanto recuerdan estas palabras a los bullicios que año tras año vivimos los sevillanos en nuestra semana grande.

Por lo demás, la procesión iba acompañada por una banda de música que, por cierto, a la salida interpretó la marcha real. Todo el recorrido estaba engalanado con colgaduras así como con luminarias que los vecinos colocaban en los balcones, mientras que el suelo estaba “alfombrado con flores”. Y a su paso por delante del Hospicio Real de San Fernando, la banda de música del citado centro agasajó a la Virgen con una marcha4.

Y para finalizar destacar un pequeño dato que viene a iluminar una vez más la labor caritativa y asistencial de esta hermandad, pues, se cita que en este día se les repartió a los pobres “abundante limosna”. Se vuelve, pues, a verifica la labor asistencial y caritativa de las hermandades sevillanas tanto en a Edad Moderna como ya en la Contemporánea.

En definitiva, la procesión de la hermandad del Rosario de Santa Catalina era allá por el siglo XIX muy populosa lo que vuelve a incidir en el gran seguimiento que tuvieron en la Sevilla de antaño las hermandades rosarianas.




APÉNDICE I:


Procesión de la Virgen del Rosario de Santa Catalina el 7 de octubre de 1875.


Quería pasar por alto una procesión de Sevilla, pues, esta carta se va haciendo demasiado larga; pero como dicho acto ha sido un verdadero acontecimiento, creo de mi deber darle noticia, aunque sucinta. Esta ciudad es sin disputa la primera de España para solemnidades religiosas y quizá la segunda del mundo para llevar por sus calles con riquísima ostentación las obras de arte que en escultura nos han legado Montañés, Roldán, Pacheco y otros muchos insignes artistas, enriqueciendo con ellas nuestros suntuosos templos: el día en que la Iglesia celebra la festividad de Nuestra Señora del Rosario, la hermandad de este nombre, establecida en la parroquia de Santa Catalina, después de una solemne novena y función matutina, sacó en procesión a su divina titular, que estrenaba unas ráfagas, corona, cetro y media luna; y el niño que lleva en sus brazos, corona, mundo y zapatos de plata Ruoltz sobredorada; todo lo cual, unido al riquísimo manto de terciopelo granate bordado en oro y saya blanca, bordada también con aquel valioso metal, producía excelente efecto, y tan sorprendente, que más de una vez oí decir a gentes del pueblo: “¡Madre mía, si quieres más culto, que te lo tributen los ángeles!” .

Al presentarse la Santísima Virgen en las puertas del templo fue saludada por la apiñada multitud que esperaba su salida, con un unánime “viva” y por una banda de música que batía marcha real.

No puedo describir a usted el entusiasmo del vecindario en las calles que recorrió la procesión, por las que apenas se podía transitar: todos los balcones lucían las mejores colgaduras; no faltaba iluminación en ninguno: en la mayor parte se encendían fuegos artificiales al aproximarse la Santísima Virgen; se alfombraban suelos con flores y composiciones poéticas, y hasta la banda de música del Asilo de mendicidad de San Fernando saludó a la Virgen del Rosario al pasar por la puerta de este benéfico establecimiento.

La procesión se recogió a las nueve de la noche, dando fin esta fiesta religiosa con un solemne Te Deum. Dicha hermandad, aunque es de las más antiguas de Sevilla, hacía algunos años estaba en decadencia, pero ha empezado a reconstituirse, y hoy, si no es de las primeras en riqueza, puede asegurarse que figura entre las de más gusto, como acaba de acreditarlo, no habiendo olvidado en este día a los pobres, entre quienes repartió una abundante limosna… Ramiro Franco y Pacheco, Sevilla, 13 de octubre de 1875.

(FRANCO Y PACHECO, Ramiro: “Carta de Sevilla”, en La ilustración Española y Americana Año XIX , Nº 39. Madrid, 22 de octubre de 1875).

1 Sobre la historia de esta hermandad hay un trabajo monográfico de ROMERO MENSAQUE, Carlos José: “Hermandad, parroquia y religiosidad popular en Sevilla. La hermandad del Rosario de Santa Catalina en el siglo XVIII”, Guía de los archivos de las cofradías de Semana Santa de Sevilla. Otros estudios. Madrid, Deimos, 1990, págs. 229-248.

2 Ibídem, pág. 243.

3 Ibídem, pág. 246.

4Como es bien sabido este hospital fue fundado por Fernando III en el siglo XIII para acoger a personas que hubiesen sido heridas en algún servicio al Rey y que, como consecuencia de ello, hubiesen quedado en una situación de indigencia. Véase HERMOSILLA MOLINA, Antonio: "Los hospitales reales", en Los hospitales de Sevilla. Sevilla, Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 1989, págs. 35-52.


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EL SANTO ENTIERRO GRANDE DE SEVILLA EN 1729

 

Por Esteban Mira Caballos

 

 

Teníamos constancia fehaciente del desfile procesional del Santo Entierro en 1729 por la descripción que de él ofreció en el siglo XIX, Félix González de León1. Para dicha descripción se basó en un impreso que no identificó, que resumió y en el que además introdujo algunas imprecisiones, e incluso, algún error.

Hace unos meses estando en la Biblioteca Nacional cayó en nuestras manos dicho impreso2. Por ello hemos creído oportuno transcribir la descripción completa y ofrecer asimismo algunos comentarios adicionales. Se dice al comienzo de la relación que el motivo de su publicación era que muchas personas que no pudieron acudir al desfile supiesen de su grandeza. Al parecer era costumbre de la corporación sacar una narración impresa de sus cortejos procesionales, pues, así se afirma al comienzo de la relación.

Para nosotros, el resumen que hizo González de León es válido para conocer los componentes que hicieron el desfile. Sin embargo omitió, por ejemplo, aspectos que hoy nos podrían parecer importantes como la descripción de los tres pasos que participaban en el desfile: el de la Santa Cruz, el del Santo Sepulcro y, finalmente, el de la Virgen de Villaviciosa. Asimismo no se detuvo en la descripción de las 12 sibilas que acompañaban al cortejo y que portaban interesantes mensajes.

Se trataba realmente de un cortejo ampuloso, magnánimo pero quizás también excesivo y hasta grotesco. Era probablemente la más genuina y ampulosa manifestación callejera de fe de la Sevilla Moderna, esencia pura de la doctrina contrarreformista.

Sin más, dejemos paso a las propia voz de la época, con sus elocuencias, sus expresiones y sus grandilocuencias.

 

DESCRIPCIÓN DEL MODO EN QUE EJECUTÓ SU ESTACIÓN LA COFRADÍA DEL SAGRADO ENTIERRO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO Y MARÍA SANTÍSIMA DE VILLAVICIOSA, sita en su capilla del monte Calvario cerca de la Puerta Real, extramuros de esta nobilísima ciudad de Sevilla, Viernes Santo, 15 de abril a las tres de la tarde de este año de 1729. Hallándose presentes para verla en su tribuna en la santa iglesia patriarcal los señores reyes católicos don Felipe Quinto y doña Isabel Farnesio (que Dios guarde) acompañados de los señores príncipes de las Asturias, don Fernando y doña María Bárbara: y los serenísimos señores infantes don Carlos I, don Felipe, asistidos de los ilustrísimos señores deán y cabildo de dicha santa iglesia, y de su corte y grandeza.

Dedicado a la real, piadosa, y grande majestad de nuestro rey el señor Felipe V, el animoso Rey de las Españas, hermano mayor de dicha hermandad.

 

Para que la devoción de los fieles a tan piadoso espectáculo, que no pudo concurrir a verlo, logre parte de esta dolorosa representación, acordó la hermandad se imprima la relación de su Estación en la forma, que otros años se ha ejecutado.

Daba principio el muñidor de la hermandad con su ropa talar de damasco morado, franjeada de plata con una campanilla de plata, y escudo del mismo metal, esculpidas de relieve las armas de la cofradía, que son un sepulcro, y tres cruces.

Iban a sus lados dos clarines sordinas con túnicas de Nazarenos, y en ellos banderolas de tafetán negro, pintadas por la una parte la Santísima Cruz, y dos escaleras arrimadas a los brazos, y por la otra el Santo Sepulcro con tres cruces.

Continuaban, haciendo lugar, para que pudiese seguir sin confusión la procesión en tan numeroso concurso, cuatro diputados con sus varas, y escudos de plata en ellas con las armas de la Hermandad, que lo fueron D. Diego Silvestre, D. José Malaver, D. Gerónimo López, y D. Manuel de Silva: a cuyo celo se debió haberse formado con toda orden en el distrito desde la capilla hasta la plaza del Duque de Medina-Sidonia.

Seguían niños3 de la Doctrina con opas, y roquetes, cada uno con un cirio amarillo de seis libras, y un maestro eclesiástico, que los gobernaba.

Continuaban veinticuatro hermanos en traje militar de negro con hachas amarillas, asistiendo al estandarte verde de damasco con cruz blanca de lo mismo (primera insignia de la cofradía) cruz, y vara de plata, cordones, y borlas verdes, y oro: lo llevaba nuestro hermano D. Fernando de Mendoza, escribano segundo de la Hermandad; le acompañaban dos diputados con sus varas, con insignias como los antecedentes, que lo fueron D. Gregorio Villegas, y D. Francisco Díaz.

Proseguían cincuenta hermanos en el mismo traje militar y con hachas amarillas como los antecedentes; y finalizaba la Manguilla de terciopelo negro, cruz, vara, columnas, tarjetas, remates, frisos, y puntas todo de plata: y la llevó D. Francisco González, nuestro hermano.

Después treinta hermano en el mismo traje, y con luces amarillas como los antecedentes; finalizando el estandarte negro con cruz roja, todo de raso liso, cruz y vara de plata, cordones, y borlas negro, y plata: y lo llevó D. Pedro García Barrio, escribano primero de la cofradía.

Asimismo proseguían veinte hermanos con hachas amarillas como los anteriores, y copia de ministriles, tocando en canción fúnebre, y dos eclesiásticos con dalmáticas con dos incensarios; y dos clarines sordinas como los antecedentes. Venía al cuidado de los hermanos D. Luis de Bilches, fiscal primero, y D. Francisco Ortiz Reyes, fiscal segundo, todo este cuerpo de cofradías; y traían sus varas con escudos como los antecedentes, y gobernaban el paso de la Santísima Cruz, que iba en este lugar; y se compone de urna de talla dorada con sus remates, y tarjetas, en que están repartidos atributos de la pasión de relieve con el estofado correspondiente; y sobre ella un elevado monte, símbolo del Calvario, que sirve de peana a la Santísima Cruz, a cuyos brazos llegan dos escaleras, que estriban sobre el monte, figurando las que sirvieron para bajar el cuerpo del Señor, todo verde y oro, cruz con toalla alba; al pie de la muerte, imitada en un esqueleto al natural, sentada sobre un mundo, humillada, la mano derecha en la mejilla; y el la siniestra la guadaña, y a la diestra bajada del árbol de la cruz un sendal de tafetán negro con esta inscripción en letras de plata: mors mortem superavit. Delante de este cadáver iba una serpiente con una manzana en la boca, a las esquinas cuatro hachas amarillas, faldones negros con guarniciones doradas, que ocultaban treinta hombres de fuerza, que lo conducían, y uno en los exterior que lo gobernaba.

Continuaban sesenta hermanos4 con hachas blancas, y en el mismo traje militar de negro, dos clarines sordinas, como los antecedentes, y dos diputados como los otros para su gobierno, que lo fueron D. Pedro de Nabia, y D. Ignacio Ribero.

Seguía la compañía de banderas, que marchó de capitán D. Pedro Álvarez, nuestro hermano, armado de armas blancas, todos los treinta y seis soldados con banderas arrastrando, y mantos capitulares de tafetán negro, todos con coletos largos, bandas, y cabos negros, botines blancos, uniformes: todos los cabos armados según el Capitán, y con todo lucimiento. Luego que oscureció, llevaron luces en las manos, que se tuvieron de prevención para ello por la hermandad: seguían veinte hermanos en el mismo traje, y con luces como los antecedentes.

Seguía otra compañía de armados con el mismo traje, sin mantos, ni banderas, solo con picas arrastrando: y así en una como en otras banderas negras con cruz roja, cajas enlutadas, destempladas, y los que las llevaban, y los pífanos vestidos de negro.

Seguía la mujer Verónica vestida a proporción de su oficio, bien prendida, con el adorno correspondiente de diamantes, y oro, con toca, y sendal de encaje negro, sobrepuesto, una bandera con un pelícano con sus polluelos, dándoles u sangre en escudo de plata, y encima con letras de oro este mote: similis factus sum pelicano solitudinis. Pfalm. 101. Y a la parte interior este otro: livore ejus sanati sumus. Ifai. Cap. 53. Y en el reverso las armas de la cofradía.

Después las sibilas, que se adornaban en primoroso traje, cada uno al uso de su provincia; pero emulándose en joyas, y preseas de los mejores tisues, ricamente vestidas doce niñas hermosas, de distintas edades hasta ocho años, por la serie, y orden que profetizaron.

1.-La primera una tarjeta al hombro izquierdo, que decía PÉRSICA, y un velo blanco con este mote: El Celestial Redentor/ al mundo descenderá/ cuya Madre vestirá/ velo de niveo candor.

2.-LYBICA, de color negro con su tarjeta como la antecedente, y su nombre en ella, y unos rayos de luz con esta cifra: Manifestará el Señor/ la luz; y de los profetas/ las profecías completas/ cesará el firme clamor.

3.-DELPHICA; adornada con todo primor como las antecedentes con su tarjeta, y en ella un Niño Dios recién nacido, y esta inscripción: Sin consoción varonil/ de una Virgen singular/ nacerá un profeta a dar/ la muerte a la culpa vil.

4.-CUMEA, adornada en la misma forma, y su tarjeta una estrella, y este jeroglífico: La estrella maravillosa/ por un Niño brillará; y el Mago la ofrecerá/ triple ofrenda misteriosa.

5.-ERITREA con una trompeta del Juicio, que descifraba en esta forma: Con majestad soberana/ el mismo Rey celestial/ en el juicio universal/ descenderá en carne humana.

6.-SAMIA con el símbolo de una mula, y un buey, figurados de rodilla, y esta explicación: De una Virgen nacerá/ pobre el Señor soberano,/ y la adoración muy ufano/ el bruto le rendirá.

7.-CUMANA, y en el escudo una imagen de Cristo Señor nuestro resucitado, y esta redondilla: El hado acerbo, mortal/ sufrirá el Señor tres días;/ y después con alegrías/ verá el reino celestial.

8.-HELESPONTICA, delineada en la tarjeta la Anunciación, y la letra dice así: Se confirmará en el cielo/ el consejo del Señor/ La más virginea flor (sic)/ se anunciará su consuelo.

9.-PHRYGIA, representaba un retrato del Eterno Padre con espada desnuda como para castigo; y mediando su santísimo Hijo, decía: Vio al Señor enojado/ con los hombres; pero ya/ a su Hijo enviará/ a redimir el pecado.

10.-TIBURTINA, y una imagen de María Santísima Nuestra Señora con su santísimo Hijo en los brazos, dándole el preciosísimo néctar de su virginal Pecho, y este mote: O feliz aquella Madre,/ cuyos pechos cristalinos/ alimentarán Divinos/ al verbo eterno del Padre.

11.-AGRIPA figuraba en su escudo a Cristo nuestro bien, conversando con los hombres, con esta descripción: De una Madre nacerá/ el mismo Dios, y Señor; y en traje de pecador/ en carne conversará.

12.-CIMEA traía en su tarjeta las sacratísimas imágenes de Jesús, María, y José con la asistencia del Espíritu Santo en forma de Paloma, y letra que decía: Prodigio, que al mundo asombre/ se examinará en María,/ de quien con soberanía/ nacerá Dios hecho hombre.

A la muchedumbre del concurso no siguieron la estación alguna de ellas, que se afligieron y corrieron con la gente, que las perseguía.

Seguía una compañía de cuarenta y seis niños soldados con su paje de gineta, siendo capitán de ellos don Juan Canales, con tal primor, y arte, que pudieron emular a los que iban delante, todos uniformes, coletos largos, bandas, corbatines negros, bien guarnecidos, y alhajados todos los morriones; no faltándoles todas las circunstancias, así en lo bien armados, como en el que marchó del alférez don Antonio Caballero, con bandera negra; llevando sus granaderos de guardia, con escopetas; todos los soldados picas arrastrando, un chico con clarín sordina, dos con caja enlutada, y pífano, con libreas negras, franjeadas de plata: todos con botines blancos, y en todo uniformes; más que lo que su edad podía manifestar, políticos y cortesanos, dando admiración: iban a trechos, cuidando estos niños para su resguardo cuatro diputados como los antecedentes, que lo fueron D. Manuel Rodríguez, D. José López, D. Juan de la Rosa, y D. Juan López: todos tuvieron sus luces, luego que oscureció.

Después treinta hermanos con luces, como los antecedentes. Continuaba una compañía de cincuenta y dos niños con su paje de gineta, los siete ángeles príncipes, siendo capitán de todos un niño, que representaba a San Miguel, que fue D. Zeferino de Angulo: este iba armado con todas las armas, con bastón, y rodela, y ricamente adornado, como a quien representaba, manto azul tendido, guarnecido de plata, y en lo demás uniforme a seis, que le hacían escolta, en las rodelas las letras: quis sicut Deus?. Los seis armados de petos, espaldares, morriones, y brazaletes, picas arrastrando, toneletes negros, guarnecidos de plata, botines bordados de plata, tan iguales, que bien demostraban ser uniforme, los mantos de ricos tisues cogidos, y después los siete, que seguían, llevaban de cabo a San Gabriel, y tenía este su tarjeta con su nombre, que decía: Gabriel fortitudo Dei. Todos uniformes, como los antecedentes, y con túnicas rojas, y guirnaldas muy vistosas, y picas arrastrando, astón el príncipe. Después otros siete ángeles, siendo cabo san Rafael, uniformes como los antecedentes, túnicas doradas, y plata, tarjeta, que decía: Raphael medicina Dei. Picas arrastrando, y mantos cogidos. Continuaban otros siete ángeles, llevando por jefe a san Uriel, con uniforme igual a los otros, túnicas azules, y plata, tarjeta con esta cifra: Uriel ignis Dei, y todos en la misma postura que los anteriores.

Seguía uno de alférez, que fue D. José de la Rosa con armas de plata como San Miguel, manto negro guarnecido de plata, y tendido, bandera negra con cruz roja, y junto dos niños con caja enlutada, y destemplada, pífano, vestidos de negro franjeado de plata. Después iban otros siete llevando por capitán a San Sealtiel, todos uniformes, y túnicas naranjadas, y plata, mantos cogidos, guirnaldas, picas arrastrando como los demás, con su tarjeta, que decía: sealtiel oratio Dei. Continuaban otros siete, presidiendo San Jeudiel, uniformes como los demás, túnicas verdes, guirnaldas, y picas arrastrando, tarjeta con estas letras: Jeudiel mira Dei. Continuaban otros siete, siendo caudillo San Barachiel, uniformes con los otros, túnicas pajizas, y plata, guirnaldas, y picas, del mismo modo, que los demás, tarjeta, que decía: Barachiel benedictio Dei. Cuya compostura era de admiración, y más su cortés política para con todos.

Iban repartidos, asistiendo a estos niños, cinco diputados en la misma forma, que los antecedentes, que lo fueron D. Diego Cavero, clérigo de menores, D. José Canales, D. Juan de Andrade, D. Francisco Díaz, y D. Rafael Platas. Continuaban veinte hermanos con luces como los anteriores.

Seguían cuatro niños pequeños, sus edades hasta cinco años, representando cuatro doctores de la Iglesia, cada uno en el traje que le correspondía, vistosa, y ricamente adornados, cuyo aseo, y solicitud en tan lucidas escuadras se debió a los diputados D. Diego Cavero, clérigo de menores, y D. Diego Laureano Cabezas, en quienes la hermandad confió todo el mayor lucimiento en esta parte de sumo trabajo.

Iban en este lugar las tres comunidades del Real, y militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, Casa Grande, Colegio, y convento de Señor San José, que es de la más estrecha observancia, interpolados, y con estolas negras en crecido número, con velas en las manos, como todos. Continuaban las cruces de las parroquias, presidiendo la de Señor San Vicente (en cuya collación está la capilla) con el diácono revestido, y dos ciriales de plata. Seguía el clero de dicha parroquial de San Vicente, y doce cirios de siete libras blancos, que los llevaban eclesiásticos con sobrepellices.

Iba una tropa de voces, y ministriles cantando: In exitu Israel de Egypto. Y en varios sitios motetes a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, y después ocho eclesiásticos con dalmáticas, incensarios y ciriales de plata cuatro, que llevaban clérigos con sobrepellices. Iban rodeando el paso del Señor sacerdotes revestidos con casullas negras, e inmediatamente el paso del Sepulcro con la imagen del Señor cuyo dichosísimo hallazgo en la antigua casa de Colón, la misma, en que siempre ha estado su capilla, fue según la tradición en el tiempo de la conquista de esta ciudad; que acababa de hacer nuestro santo rey: pues habiendo estado oculto: vere Deus absconditus es tu. en el concavo de una pared todo el tiempo que los Agarenos inundaron estos dominios, en una sala baja, el -tre asistía una enferma paralítica realmente impedida de andar, y cayendo los ladrillos, que en forma de tabique encerraban este hermoso tesoro, salió de la cama al ruido, sin lesión, y libre del accidente, que padecía. Cuyo milagro y otros, que se repitieron: Memoriam fecit mirabilium fuorum. Con lo inopinado de la invención, llegando la noticia del Señor San Fernando, mando disponer su colocación, y esta hermandad, escribiéndose por su hermano mayor, lo que se ha continuado hasta hoy. A las cuatro esquinas iban de asistentes cuatro reyes de armas, vestidos de bayeta negra con galones de damasco carmesí, y en ellos escudos bordados de oro con las armas de la hermandad, mazas de plata y doradas: llevando a su cuidado el gobierno de este paso los tres priostes, D. Juan Díaz, y alcaldes, D. Lorenzo Cardero, y D. Pedro Bautista Salinas, acompañados del Dr. D. José de Xaurigui, presbítero, diputado camarero. Es el sepulcro de carey, cristales, y plata, en la pira tarjetas imitadas de plata, y de relieve diferentes misterios dolorosos pintados muy al natural, faroles, y blandones de plata, en que iban diez luces; esta por acabar por la calamidad de los tiempos. Llevaban este paso treinta hombres de fuerza ocultos con los faldones de brocado negro, y dorado: seguía el palio de terciopelo negro, que llevaban eclesiásticos con capas pluviales negras.

Iba en este lugar la numerosa compañía de la plana de inválidos, todos uniforme nuevo, cajas destempladas, y pífanos, bandera negra con cruz roja; y marchó de capitán D. Domingo Sabias; y todos con luces, y armas fusiles: Continuaban ciento y cincuenta hermanos con luces en el mismo traje, como los antecedentes, dos clarines roncos, tres diputados, que lo fueron D. Manuel Silvestre López, D. Gregorio Villegas, y D. Francisco Martín Salinas. En este cuerpo iba el Simpecado de terciopelo negro con letras, escudo y guarnición de plata de martillo, cruz, y vara de lo mismo, cordones, y borlas plata, y seda negra, lo llevaba don Juan Alonso de Lugo, y Aranda.

Los diputados D. Luis de Tovar, jurado de esta ciudad, y don Tomás Cavero llevaron el gobierno de toda la estación para su mayor unión por encargo de la hermandad: Seguía la música numerosa, cantando: Staba Mater, y doce hermanos con cirios de seis libras. En este sitio iban acompañando el paso de la Virgen el Conde de Ripalda, asistente, sustituido por el señor Hermano mayor, el teniente primero D. Tomás Pinto Miguel, y Don Diego de Lugo, veinticuatro de esta ciudad, y diputado mayor.

Iba el paso de Nuestra Señora de Villaviciosa que es una urna como la de la Santa Cruz, con su sitial, San Juan, las piadosas mujeres, y los santos Varones: lo llevaban treinta y dos hombres de fuerza, cubiertos como los demás, y después el clero, siguiéndose la justicia, yendo por cabo Don Juan Fernández de Berdoya, teniente segundo. Laus Deo.

1    GONZÁLEZ DE LEÓN, Félix: Historia crítica y descriptiva de las cofradías de penitencia, sangre y luz, fundadas en la ciudad de Sevilla; con noticia del origen, progresos y estado actual de cada una, y otros sucesos y curiosidades notables. Sevilla, 1852, pp. 178-192. Esta descripción ha sido utilizada y resumida a su vez por la historiografía posterior. Puede verse por ejemplo CARRERO RODRÍGUEZ, Juan: Anales de las cofradías sevillanas. Sevilla, Editorial Castillejo, 1991, pág. 520.

2    Biblioteca Nacional, R/ 2481921. Suponemos que deben existir otros originales de este impreso en distintas bibliotecas y archivos sevillanos.

3    En la descripción de González de León aparece la cifra de 24 niños que creemos fue un error en el copiado.

4    González de León, por error, escribe 70.

 

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UNA OBRA DESCONOCIDA DEL ESCULTOR PEDRO DE HEREDIA (1550)

 

          Como es bien sabido Pedro de Heredia fue un escultor que desarrolló su labor en la capital hispalense entre el segundo y el tercer tercio del siglo XVI, disfrutando de un notable reconocimiento en su época -a juzgar por las numerosas obras que contrató-. Sin embargo, debido fundamentalmente a la pérdida de la mayor parte de su producción artística, su figura ha quedado relegada a un velado segundo plano. Ya escribió hace algunas décadas el profesor Hernández Díaz que Pedro de Heredia era uno más de una pléyade de maestros que laboraron en el retablo mayor de la Catedral Hispalense y que "están a la espera de la identificación de sus respectivos trabajos"1. Sirva, pues, este pequeño estudio para añadir una escultura más a su quehacer artístico.

 

1.-BREVE RESUMEN BIOGRÁFICO

          Aprovechando la ocasión que supone aportar una nueva obra al catálogo de Pedro de Heredia queremos trazar un pequeño perfil sobre este escultor de la Sevilla del Quinientos.

          En cuanto a su fecha de nacimiento la ignoramos totalmente, aunque es probable que sucediera en algún momento de la década de los veinte. Lo que sí tenemos claro es que desde que llegó a Sevilla residió casi permanentemente en el barrio de la Magdalena, pues tanto en el documento de 1550 que ahora hemos desempolvado nosotros, como en otros de 1555 y 1575 se declaraba vecino de esta collación sevillana2. No obstante es probable que durante algunos años viviese en el barrio de San Miguel, donde sabemos que en 1558 se remató una mejora en el precio de unas casas que disfrutaba el escultor en esta zona, propiedad del Deán y del Cabildo de la Catedral3.

          Por lo demás tenemos noticias de su aprendizaje junto al escultor, de origen francés, Diego Guillén Ferrant4, por lo que su formación estuvo dentro de la tradición flamenca de la escuela sevillana. Heredia debió figurar en el taller de Guillén en los años comprendidos entre 1533 en que este escultor se afinca en Sevilla y 1541 fecha en la que lo encontramos ya contratando obras por cuenta propia5.

          A continuación expondremos brevemente las principales labores que se le han identificado documentalmente a este maestro: En 1541 nos consta que ejecutó, en colaboración con Francisco de Saavedra, el tabernáculo de Nuestra Señora de la iglesia de San Pedro de Sevilla por una cuantía de 20 ducados6. Al año siguiente se concertó con el batihoja Alonso Fernández, vecino de Sevilla, para realizarle un pequeño retablo de madera7.

          Entre 1542 y 1549 transcurre un periodo en el que desconocemos la actividad del maestro, pues, la obra siguiente de la que tenemos noticia no la contrata hasta 1550. Concretamente en este año talló el tabernáculo de Nuestra Señora de la iglesia de San Pedro de Carmona por un precio total de 12 ducados y medio8.

          A lo largo de la década de los cincuenta y primeros años de los sesenta van a ser años muy fructíferos para Heredia, pues, aparece reiteradamente colaborando en la conclusión del retablo mayor de la catedral Hispalense. No tenemos certeza absoluta de las labores concretas que realizó Heredia en esta auténtica máquina retablística, aunque Araujo le atribuyó los relieves de la Transfiguración del Señor y la Historia de los cinco panes9. A estos relieves habría que unir al menos las figuras de San Miguel y San Jorge que realizó en 1555 para los pilares del mencionado retablo de la catedral Hispalense10.

            Cinco años después, es decir, en 1555, fue contratado por la fábrica de la iglesia de Santa Lucía de Sevilla para la ejecución de una imagen de Nuestra Señora por un precio de 20 ducados11. 

          Nuevamente tenemos un vacío documental en la década que transcurre desde 1555 a 1565, donde tan sólo nos constan algunas referencias a algunas labores menores en el retablo mayor de la Catedral.

          Será, pues, en 1566 cuando de nuevo encontremos a Heredia trabajando en una obra de cierta envergadura. Concretamente la fábrica de la parroquia de San Blas de Carmona le encargó tanto el tabernáculo de Nuestra Señora como "las imágenes de "Nuestra Señora y San Sebastián y San Roque y Dios Padre y la Resurrección de talla"12. La talla del conjunto escultórico se prolongó durante varios años, pues, no fue asentado en la iglesia hasta febrero de 156913.

          Y finalmente la última documentada de Pedro de Heredia es un Cristo Resucitado sobre un sepulcro de madera que realizó en 1575 para la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Arcos de la Frontera14. Se trataba de una imagen de reducido tamaño, debiendo medir ocho cuartas y el sepulcro, media vara de altura, todo ajustado en un precio de 25 ducados15.

          Desconocemos cualquier referencia a su vida y obra con posterioridad a esta fecha. Habida cuenta que en 1541, fecha en la que realiza su primera obra de envergadura, debía tener como mínimo unos 20 o 25 años, en 1575 debía estar como mínimo en torno a los 60 años, desconociendo por el momento la fecha exacta de su fallecimiento.

          Y para finalizar con este breve resumen biográfico, debemos decir que desconocemos si dejó discípulos dentro de la escuela sevillana. En cualquier caso en 1617 encontramos a un ensamblador de retablos, vecino de Sevilla, llamado Gaspar de Heredia que bien pudo haber sido un vástago del propio Pedro de Heredia.

 

2.-EL CRUCIFICADO PARA LA HERMANDAD DE LA CONCEPCIÓN

          A continuación comentaremos la nueva obra de Pedro de Heredia documentada por nosotros entre los legajos del Archivo Histórico Provincial de Sevilla16. Concretamente se trata de un Crucificado de tamaño académico -debía medir ocho palmos- contratado ante el escribano público de Sevilla, Andrés de Toledo, el 18 de noviembre de 1550, con destino a la cofradía de la Concepción de la iglesia de San Juan de Palma17. El contrato fue protocolizado entre el propio escultor y un platero, vecino de la collación de San Vicente, llamado Pedro Sánchez, como prioste que era de la citada corporación. El precio total de la efigie se estipuló en 20 ducados que debían ser abonados en dos pagas, a saber: 6 ducados en el mismo momento de la firma del contrato y los otros 14 ducados una vez entregase el Crucifijo "bueno y bien acabado sin falta ni tacha alguna..."18. El plazo de entrega se fijo en más de cuatro meses, pues, se estableció exactamente que fuese "quince días andados de la Cuaresma próxima que viene..."19.

          Por desgracia este "Crucifijo", al igual que la mayor parte de la producción de Heredia, no se ha conservado hasta nuestros días. Probablemente ni tan siquiera llegó a este presente siglo, pues, ni aparece en las descripciones anteriores a la Guerra Civil ni entre las obras destruidas durante este desgraciado periodo histórico20.

          Por lo demás este manuscrito vuelve a poner de manifiesto la importancia que tenía en Sevilla la devoción a la Purísima Concepción con anterioridad a la llamada "explosión Concepcionista" de principios del siglo XVII21. Desconocemos la fecha de fundación de esta hermandad aunque lo que sí queda claro es que debía ser al menos pre-tridentina. Por tanto queremos reiterar que la existencia de hermandades Concepcionistas en la Sevilla de la primera mitad del Quinientos demuestra el posible origen bajomedieval de esta advocación.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

Contrato de un Crucificado para la cofradía de la Concepción de la iglesia de San Juan de Palma, Sevilla, 18-XI-1550

 

          "Sepan cuantos esta carta vieren como yo Pedro de Heredia, entallador vecino de esta ciudad de Sevilla en la collación de la Magdalena, otorgo y conozco que soy convenido y concertado con vos Pedro Sánchez, platero, vecino de esta dicha ciudad en la collación de San Vicente que estáis presente, en tal manera que yo me obligo de vos hacer un Crucifijo al natural de madera hueco bueno bien hecho en el que se ha de recibir que tenga ocho palmos de largo el cual es para la cofradía de la Concepción de San Juan de la Palma de esta ciudad de que vos sois prioste el cual me obligo de dar hecho y acabado de todo punto para quince días andados de la Cuaresma primera que viene, dándome vos el dicho prioste por lo hacer 20 ducados de que recibí de vos luego seis ducados de oro de que me doy por contento y pagado a mi voluntad y cerca del recibo y entrego de ellos renuncio la ejecución como en ella se contiene. Y los otros catorce ducados me los paguéis luego que os entregare hecho el dicho Crucifijo el cual vos daré bueno y bien acabado sin falta ni tacha alguna y si la tuviere que yo sea obligado a vos hacer otro que no la tenga. Y prometo y me obligo de cumplir lo que dicho es, no ir ni venir contra ellos so pena de 5.000 maravedís que me obligo a vos dar y pagar si así no lo cumpliere con más todas las costas que sobre ello hiciéredes y la dicha pena pagada...

          En diez y ocho días del mes de noviembre de mil y quinientos y cincuenta años y no firmaron de sus nombres y fueron presentes Martín Moreno y Diego de Juan en presencia de mi el escribano público y Hernando de Heredia".

(A.P.S. Andrés de Toledo, 1550)


1HERNÁNDEZ DÍAZ, José: Imaginería Hispalense del Bajo Renacimiento. Sevilla, C.S.I.C., 1951, p. 13.

2    Apéndice documental. HERNÁNDEZ DÍAZ: Ob. Cit., p. 45.-LÓPEZ MARTÍNEZ, Celestino: Desde Jerónimo Hernández hasta Martínez Montañés. Sevilla, 1929, p. 47.

3    GIMÉNEZ FERNÁNDEZ: El retablo mayor de la Catedral de Sevilla y sus artistas. T I de los Documentos para la Historia del Arte en Andalucía. Sevilla, 1927, pp. 50-51.

4    ARAUJO GÓMEZ, Fernando: Historia de la escultura en España desde principios del siglo XVI hasta fines del XVIII y causas de su decadencia. Madrid, 1885, p. 112.

5    Sobre la figura de Diego Guillén pueden verse algunas referencias en PALOMERO PÁRAMO, Jesús Miguel: El retablo sevillano del Renacimiento: Análisis y evolución (1560-1629). Sevilla, Diputación Provincial, 1983, pp. 115-118.

6    GIMÉNEZ FERNÁNDEZ, Manuel: Ob. Cit., p. 40.

7    HERNÁNDEZ DÍAZ, José: Arte y artistas del Renacimiento en Sevilla. Tomo VI de Documentos para la Historia del Arte en Andalucía. Sevilla, 1933, p. 45.

8    VILLA NOGALES, Fernando de la y Esteban MIRA CABALLOS: "La antigua capilla del sagrario en la iglesia de San Pedro de Carmona", Archivo Hispalense, T. LXXIV, Nº 226. Sevilla, 1991, p. 178.

9    ARAUJO: Ob. Cit., p. 112.

10    GIMÉNEZ FERNÁNDEZ: Ob. Cit., p. 31.

11    HERNÁNDEZ DÍAZ: Ob. Cit., p. 45.

12    La pintura de las imágenes y el dorado del tabernáculo quedó a cargo de Andrés Morín y Álvaro de Ovalle. VILLA NOGALES, Fernando de la y Esteban MIRA CABALLOS: Documentos inéditos para la historia del arte en la Provincia de Sevilla. Sevilla, 1993, p. 99-101.

13    Ibídem.

14    LÓPEZ MARTÍNEZ: Ob. Cit., pp. 47-48.

15    Ibídem.

16    Hasta donde nosotros hemos podido indagar este documento permanecía inédito, pese a que estaba localizado unos folios detrás de un documento, referente al pintor Hernando de Esturmio, que fue publicado íntegramente por Hernández Díaz. Se trata de un documento muy escueto y de difícil lectura por lo que, o bien, no interesó en su momento, o bien, se les pasó a los investigadores que hace unas décadas se afanaron en rescatar documentación artística del siglo XVI.

17    Véase el apéndice documental.

18    Ibídem.

19    Ibídem.

20    HERNÁNDEZ DÍAZ, José y Antonio SANCHO CORBACHO: Estudio de los edificios religiosos y objetos de culto de la ciudad de Sevilla saqueados y destruidos por los marxistas. Sevilla, 1936, pp. 127 a la 135.

21    DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: Historia de Sevilla. La Sevilla del siglo XVII. Sevilla, 1984, p. 240.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

(Artículo publicado en la Revista del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla)

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HERMANDADES Y COFRADÍAS EN LA ARCHIDIÓCESIS SEVILLANA A TRAVÉS DEL CENSO DE 1771

Autor: Esteban Mira Caballos

(Este artículo fue publicado en la revista Archivo Hispalense)



El siglo XVIII es conocido como "el siglo de las reformas", aunque bien es cierto que se acentuaron especialmente bajo el reinado de Carlos III. En esta centuria se produjo una renovación profunda de la vieja España, que abarcó todos los órdenes de la vida política, social, económica y cultural. Aunque muchas de estas medidas modernizadoras pretendían ser populares se ganaron, contrariamente, la enemistad del pueblo, enquistándose la problemática desde el famoso Motín de Esquilache (1). En este marco reformista hemos de encuadrar el trabajo que aquí presentamos.


1.-PABLO DE OLAVIDE Y LA REFORMA DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR

Como es de sobra conocido Pablo de Olavide y Jáuregui fue un criollo nacido en Lima en 1725. Allí, en su tierra natal, desempeñó el cargo de oidor, puesto que abandonó cuando, en 1746, viajó a España. En estrecha colaboración con el Conde de Aranda planeó y desarrolló todo un programa de reformas en la capital de España hasta su nombramiento, en 1767, como Asistente de Sevilla(2).

Como bien se ha dicho, esta designación de 1767 fue una prueba evidente de la confianza que tanto Aranda como Campomanes tenían depositada en el criollo limeño(3). Éste, como fiel reformista, comenzó un amplio programa de transformaciones en una ciudad especialmente populosa y popular como era la Sevilla del siglo XVIII. En estos momentos la capital del sur contaba con unos 85.014 habitantes, que vivían la decrepitud de la que fuera "puerto y puerta de las Indias"(4). Sevilla se encontraba anclada en el pasado, con una jerarquía eclesiástica muy poderosa que ejercía un gran control sobre la sociedad.

La primera de las grandes reformas fue decretada en 1768, cuando dio a conocer su Plan General de Estudios, que constituyó una auténtica revolución para su época, al primar por primera vez las disciplinas científicas sobre las humanísticas(5). Asimismo llevó a cabo importantes cambios en la administración concejil y, sobre todo, en cuestiones relacionadas con la Iglesia y la religiosidad popular. Posiblemente las medidas más antipopulares que dictó Olavide fueron las referentes a las hermandades y las cofradías de la archidiócesis hispalense.

El control de estas corporaciones religiosas había sido una vieja aspiración de los Austrias que ya en el siglo XVI suprimieron los hospitales adscritos a estos institutos. Sin embargo, sólo en el siglo XVIII se generó el clima reformista adecuado para llevar a efecto una medida tan antisocial. Las reformas se iniciaron en 1768 cuando se dispuso que todas las cofradías se recogiesen en sus templos antes de la caída de la noche(6). Asimismo, el 20 de febrero de 1777 tomó determinadas medidas orientadas a cuidar del comportamiento ejemplar de los hermanos durante los cortejos procesionales(7). Finalmente, en 1780 se propuso solemnizar la fiesta del Corpus Christi, suprimiendo la tradicional tarasca, los cabezudos y otros elementos del Corpus tradicional, que lo dotaban sin duda de un aire muy folclorista(8).

Pues bien, entre estas medidas la más ambiciosa y radical fue, con total seguridad, la que emprendió tras la Orden decretada por el Conde de Aranda en 1770. Efectivamente el 28 de septiembre de 1770 el Conde de Aranda, entonces gobernador del Consejo de Castilla, dispuso que se hiciese una relación completa de las hermandades, cofradías y demás corporaciones religiosas de la archidiócesis sevillana(9). Pretendía de esta forma lograr dos objetivos simultáneos: por un lado, frenar su excesivo número y el despilfarro económico que éstas suponían, y, por el otro, financiar con sus fondos el nuevo hospicio que proyectaba para Sevilla. Así, en una carta del teniente de asistente de Sevilla al Conde de Aranda, fechada el 5 de octubre de 1771, se exponían claramente las principales ideas que las autoridades de la intendencia tenían sobre las hermandades y cofradías. Según se especifica en esta misiva debían desaparecer las siguientes corporaciones: primero, las que no tuviesen aprobación "conforme a las leyes del Reino". Segundo, las que careciesen de rentas, porque llevaban a la ruina a muchas personas. Según se decía, muchas personas preferían la ostentación de sus titulares que "proveer la subsistencia" de sus familias. Tercero, las formadas por menestrales o artesanos por el abuso que supone que cada gremio tenga su hermandad o cofradía. Y cuarto, y último, las que provoquen escándalos públicos, fruto de "una piedad mal entendida, la emulación y el fanatismo"(10).

A su juicio sólo deberían subsistir dos tipos de hermandades y cofradías, a saber: uno, las vinculadas a "hospitales o cárceles" o las dedicadas al "recogimiento de los pobres". Y dos, las cofradías Sacramentales y las de Ánimas porque, a su juicio, contribuían "a mantener el culto divino y la decencia de los templos"(11).

Finalmente recomendaba que los bienes de las cientos de corporaciones que se extinguiesen forzosamente en la diócesis se destinasen a dotar el hospicio, ubicado en la antigua casa del colegio de San Hermenegildo(12).

Se ha escrito con razón que las disposiciones sobre hermandades decretadas por Aranda y ejecutadas por Olavide no fueron causa sino efecto de la decadencia y degradación en que se encontraban sumidas determinadas prácticas religiosas populares(13). Tal disposición no fue acatada por las autoridades locales debido al miedo a que se produjesen motines, por lo que fue necesario repetirla en dos sucesivas sobrecédulas del 30 de abril de 1771 y del 13 de septiembre del mismo año(14).

Por otra parte, queremos decir que, pese a que estas medidas obviamente vinieron impuesta desde Madrid, está claro que Olavide compartía con el Conde de Aranda estos ideales reformistas. Como ha escrito Alberto Gil Novales la reforma de 1770 no fue idea de Olavide pero estaba claramente en su línea de pensamiento(15). También es cierto que el proyecto no era tampoco obra exclusiva de Aranda. De hecho dos años antes, es decir, en 1768, el Obispo de Ciudad Rodrigo, don Cayetano Cuadrillero, suprimió todas las funciones de las hermandades y cofradías de su diócesis, por el despilfarro que practicaban(16). Una parte de la alta jerarquía eclesiástica apoyaba estas medidas contra las hermandades que tradicionalmente habían escapado a su control.

El proyecto de reforma del Asistente fracasó porque jamás comprendió la raigambre de la religiosidad popular y la resistencia al cambio de todo un pueblo. Olavide se adelantó a su tiempo, al introducir ideas afrancesadas que España, y sobre todo Sevilla, no podían asumir en esos momentos. El 14 de noviembre de 1776 fue detenido en Madrid y poco después encarcelado por la Inquisición(17). Sus seguidores sufrieron durante décadas persecuciones no sólo en España sino también en las colonias Hispanoamericanas.


2.-EL DOCUMENTO DE 1771

A principios de octubre de 1771 tenía ya Olavide confeccionada toda la información referente a las corporaciones del arzobispado hispalense. Esta rapidez con la que actuó Olavide nos está indicando claramente que éste debió comenzar a trabajar justo después de la primera orden dada en ese sentido por el Conde de Aranda.

La disposición de 1770 obligaba, pues, a las autoridades a recopilar toda la información posible sobre las hermandades y cofradías españolas y a redactar un memorial y un cuadro final en los que se sintetizasen todos los resultados obtenidos.

Para algunas diócesis españolas se conservan cientos de páginas que constituyen una fuente fundamental para la reconstrucción de la religiosidad popular en el Antiguo Régimen. En el caso del Arzobispado de Sevilla, tan sólo se custodian en los repositorios del Archivo Histórico Nacional dos documentos, a saber: primero, una carta del teniente de asistente de Sevilla, Juan Gutiérrez de Piñeres, al Conde de Aranda, fechada el 5 de octubre de 1771. Y segundo, un extenso cuadro estadístico, elaborado por la intendencia, sintetizando los miles de folios que, en respuesta de un cuestionario previamente remitido por ellos, enviaron las distintas cofradías y hermandades del arzobispado(18).

Hasta donde nosotros sabemos, la historiografía más reciente conocía -con varios errores de consideración- el primer documento, mientras que el interesantísimo cuadro estadístico no era conocido, o al menos no había sido analizado, ni publicado.

En referencia a la carta del teniente de Asistente al Conde de Aranda, diremos que se citaba por la historiografía, como escrita por Olavide y fechada el 10 de octubre de 1771(19). Sin embargo, como ya hemos dicho, la epístola está fechada realmente en Sevilla el día 5 de octubre de 1771, y está rubricada, no por Olavide, sino por su asistente, Juan Gutiérrez de Piñeres(20). Asimismo, la historiografía, citando la mencionada carta, afirmaba que en el Reino de Sevilla había 426 hermandades, 374 cofradías, 50 congregaciones y 21 Órdenes Terceras(21). Esta información debe ser matizada. Efectivamente en la carta se menciona que en los pueblos del arzobispado hispalense había 426 hermandades, 374 cofradías, 50 congregaciones y 21 Órdenes Terceras(22). Sin embargo, se observa en el cuadro estadístico que el asistente cometió un error al sumar las congregaciones de los pueblos del arzobispado con las de la propia capital hispalense, de manera que el número exacto es de tan sólo 24 congregaciones. Además en la misiva figuraban otros datos no menos interesantes, sobre todo que en la ciudad de Sevilla había además otras 186 hermandades, 28 cofradías, 26 congregaciones y 9 Órdenes Terceras(23).

En cuanto al cuadro estadístico debemos decir que presenta una gran variedad informativa, permitiendo establecer numerosos y novedosos análisis. Se sintetizaron los siguientes aspectos: en primer lugar, el número desglosado de hermandades, cofradías, congregaciones y Órdenes Terceras que había en todo el arzobispado hispalense. En segundo lugar, las corporaciones sevillanas, según la autoridad que las aprobó -real, pontificia u ordinaria- así como las que se encontraban sin ningún tipo de documento legal. En tercer lugar, los recursos económicos que disponían, especificando globalmente y por poblaciones, la cantidad que procedía de sus rentas y las que se obtenían a través de limosnas. Y en cuarto, y último, lugar, las festividades que celebraban dichas corporaciones y las que no tenían un "número fijo de fiestas". En el cuadro se incluyen algunos otros aspectos que son respondidos negativamente en todos los casos y que, por tanto, no ofrecen datos de interés.

Antes de entrar de lleno en el estudio del citado cuadro, debemos dejar claras algunas ideas. Para empezar, queremos advertir que las cifras ofrecidas sólo pueden ser consideradas en sus tendencias generales. Son bien conocidas las dudas y desconfianzas que provocan entre los historiadores los censos, cuadros estadísticos y padrones poblacionales de todo el Antiguo Régimen. Incluso en el siglo XVIII, cuando los censos civiles adquieren una mayor magnitud, estos se llevan a cabo "con una sistemática ocultación del número de vecinos o almas, a veces en porcentajes altísimos"(24). El único con una fiabilidad aceptable es el Catastro de Ensenada, concretado con más prudencia y minuciosidad que los anteriores, mientras que los otros tres, llevados acabo en la segunda mitad del siglo

XVIII (Aranda, 1767 8; Floridablanca 1786 7; y Godoy 1796) son, de la misma manera que los anteriores, de muy dudosa credibilidad, especialmente el último del que, como dice Fernández de Pinedo, "prácticamente todo el mundo desconfía"(25).

Así, pues, ante este panorama de desconfianza general de

los datos emanados del poder civil, hemos de considerar la fuente que en estos momentos pretendemos analizar. Además, en este caso, los hermanos conocían con total seguridad las intenciones de las autoridades, dirigidas a fiscalizar y a controlar estas instituciones. Hubo ocultación de hermandades y, por supuesto, encubrimiento de la realidad económica de muchas de ellas.

Pero también detectamos errores graves del copista que sintetizó los datos. Así, Marchena aparece exclusivamente con tres cofradías y con unas rentas de 36.363 reales anuales(26). Pero curiosamente conocemos los datos que remitió a Sevilla el Asistente de Marchena, don Tomás Andrade de Guseme, y figuran 36.330 reales de renta anual y nada menos que cinco cofradías de penitencia y otras 20 hermandades de distinto tipo y advocación(27). Obviamente hay un ligero error en la cifra de las rentas y otro muy grave en el número total de hermandades.

Finalmente hemos de destacar la ausencia de no pocas vicarías, y algunas de ellas, de las más importantes de la provincia. Concretamente notamos la ausencia de nada menos que 14 de ellas, a saber: Écija, Carmona, Jerez, Cantillana, Villamartín, Teba, La Campana, Lebrija, el Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, La Palma, Bornos, Fuentes de Andalucía y Arahal.


3.-LAS ASOCIACIONES RELIGIOSAS EN LA DIÓCESIS HISPALENSE (1771)

A continuación expondremos las cifras aparecidas en la estadística de la intendencia de Sevilla.


CUADRO I

HERMANDADES, COFRADÍAS Y CONGREGACIONES

EN LA DIÓCESIS DE SEVILLA (1771)(28)

LUGAR

POBLACIÓN

ASOCIAC. RELIGIOSAS

SEVILLA

85.014

249

PUEBLOS DE LA DIÓCESIS

244.008

845

TOTALES

329.022

1.094


Ha sido interesante para nosotros comparar estos dos parámetros y establecer así el número de hermandades por habitantes. El resultado es que en la capital había una media de una hermandad o cofradía por cada 341 habitantes, mientras que en el resto del arzobispado la relación era de una cada 288 habitantes. Globalmente podemos afirmar que en el arzobispado hispalense había aproximadamente una corporación religiosa por cada 300 personas. Esta cifra puede verse reducida si, por un lado, excluimos a la población infantil, y por el otro, consideramos que el número de hermandades y cofradías debió ser, como veremos a continuación, muy superior al que aparece en el cuadro I. Por tanto, encontramos una vinculación fuertísima de la población con estos institutos que sin duda proliferaron por doquier en la Sevilla del Antiguo Régimen.

Pero la cifra de 1.094 corporaciones religiosas para el arzobispado hispalense se queda muy corto. Como ya hemos dicho hay pueblos en los que nos consta la ocultación porque sabemos por otras fuentes la existencia de más hermandades y cofradías.

Pero además hay que sumar otras muchas corporaciones pertenecientes a vicarías que, por un motivo u otro, no se incluyeron en el cuadro estadístico del Asistente de Sevilla.

Así en Écija, que en el primer cuarto del siglo XVIII rondaba ya los 30.000 habitantes(29), sabemos de la existencia de un total de 49 corporaciones en el siglo XVIII, aunque aún esa cifra nos parece reducida(30). En Carmona en el siglo XVIII solían hacer estación de penitencia nada menos que 13 cofradías(31), existiendo además unas 50 hermandades y dos congregaciones(32). Muy posiblemente en Jerez debían convivir cerca de 100 corporaciones, a juzgar tanto por su elevada población -8.081 vecinos- como por algunos estudios que hemos podido consultar(33).

En las demás localidades no incluidas en el cuadro estadístico, el número de corporaciones debió ser bastante menor, a tenor de su población. No obstante, algunas villas más o menos modestas como La Campana contaban nada menos que con 14 hermandades y cofradías y una Congregación de la Orden Tercera(34).

Pese a que no disponemos de los datos exactos, otras localidades como Fuentes de Andalucía, Arahal -que en el siglo XVIII tenía unos 1.000 vecinos y al menos cinco cofradías de penitencia- Palma y Lebrija debieron tener todas ellas un número de asociaciones religiosas similar, situado entre 10 y 15. Para intentar llegar a una cifra razonada del número de corporaciones religiosas existentes en el arzobispado aplicaremos el coeficiente establecido de 289 habitantes por cofradía a estas localidades para las que no sabemos su número exacto. Dichas vicarías estaban habitadas por 21.537 vecinos(35), es decir, por unas 86.148 personas(36). Aplicando el citado coeficiente obtendríamos unas 298 corporaciones más.

La suma, pues de todas las hermandades, cofradías y congregaciones del arzobispado sevillano ascenderían a 1.621 a las que habría que incluir un importante número de ellas que fueron ocultadas en las encuestas. Todos los indicios apuntan a que este fraude debió ser muy elevado, rondando a nuestro juicio el 20 o el 25 por ciento. En definitiva, creemos que en el arzobispado hispalense había en 1771 unas 2.000 hermandades y cofradías, bajo decenas de advocaciones diferentes, aunque con un predominio absoluto de las Sacramentales y las de Ánimas.


4.-HERMANDADES, COFRADÍAS Y CONGREGACIONES

El documento que en este trabajo comentamos permite un desglose entre hermandades, cofradías, congregaciones, y Órdenes Terceras. Ante todo hemos de comentar brevemente la polémica cuestión de la terminología. Por cofradía entendemos todas aquellas corporaciones de hermanos que hacen estación pública de penitencia(37). Por tanto, como afirma, Fernández de Paz, las cofradías son todas hermandades, pero no todas las hermandades son cofradías(38).

Las congregaciones proliferaron, en cambio, en el siglo XVIII, la mayor parte de ellas eran rosarianas, y a partir de la fundación de la Orden Tercera Servita en Sevilla, se crearon algunas congregaciones filiales en diversas localidades del arzobispado hispalense: Carmona, Osuna, Puebla de Cazalla, Puebla del Río, Utrera, Écija, etc(39). Lo cierto es que las Congregaciones tuvieron poca importancia en relación a las hermandades y cofradías. Así las Congregaciones sumaban 50 en todo el arzobispado -26 en la capital y 24 en el resto de la diócesis-, mientras que las hermandades y cofradías sumaban varios cientos. Asimismo de la Orden Tercera había unas 30 hermandades en todo el arzobispado -9 en la capital y 21 en el resto de la demarcación eclesiástica- cifras casi insignificantes en relación a las demás corporaciones que aparecen reflejadas en los documentos del Asistente de Sevilla.

CUADRO II

HERMANDADES Y COFRADÍAS EN LA

DIÓCESIS DE SEVILLA

LUGAR

HERMANDADES

COFRADÍAS

SEVILLA

186

28

RESTO DE LA DIÓCESIS

426

374

TOTALES

612

402


En general podemos decir que había un mayor número de hermandades que de cofradías en el arzobispado de Sevilla. Sin embargo, las diferencias eran mucho más acusadas para el caso de Sevilla capital, en la que por cada 7 hermandades había una sola cofradía. En cambio, en el medio rural del arzobispado las cofradías y las hermandades se muestran mucho más igualadas. Posiblemente esto se debía al mayor control que establecía el arzobispado sobre la feligresía de la capital. Como es bien sabido, las autoridades eclesiástica prefirieron siempre las hermandades parroquiales -especialmente las del Santísimo Sacramento y las de Ánimas- a las de penitencia.


5.-LA APROBACIÓN DE LAS REGLAS

Otro de los aspectos que el documento permite analizar es la situación legal de las corporaciones así como la autoridad que aprobó sus estatutos.

CUADRO III


LAS CORPORACIONES SEVILLANAS SEGÚN SU APROBACIÓN (40)


LUGAR

REAL

PONTI-FICIA

ORDINA-RIA

SIN APROBAR

TOTAL

SEVILLA

9

12

186

30

237

DEMÁS LOCALIDADES DEL ARZOB.

1

14

564

289

868

TOTALES

10

26

750

319

1.109


Llama la atención especialmente el alto número de corporaciones sin aprobar, nada menos que 319 frente a 786 que contaban con algún tipo de refrendo, ya civil, ya eclesiástico. Esto nos indica que el 29 por ciento de las hermandades y cofradías de la diócesis sevillana no tenían ningún tipo de documento que legalizase su situación.

Pero es importante destacar que en Sevilla el porcentaje de corporaciones ilegales era tan solo del 13 por ciento, mientras que en el resto del arzobispado llegaban al 33 por ciento. Por tanto, está claro que en la capital era una de cada 10 las que no estaban aprobadas mientras que en el resto de la diócesis era una de cada tres. Indudablemente esto se debe nuevamente al mayor control que ejercían las autoridades eclesiásticas del arzobispado sobre la propia ciudad de Sevilla. Mucho más difícil de controlar eran los alejados núcleos rurales, donde a sus habitantes les resultaba más fácil ocultar su situación ilegal que gestionar su aprobación.

Pero además no debemos olvidar que era mucho más fácil que se ocultasen aquellas corporaciones que no contaban con aprobación. Por ello, muy posiblemente la mayor parte de las corporaciones que se omitieron en la estadística del Asistente debieron ser clandestinas.

Nosotros creemos que existe fundamento más que suficiente para postular que las corporaciones que no contaban con aprobación alguna debieron ser como mínimo la tercera parte del total, porcentaje que en las zonas más alejadas de la capital podía alcanzar cotas superiores al 50 por ciento.

Finalmente queremos llamar la atención sobre el escaso número de hermandades y cofradías que en 1771 habían legalizado su situación ante el Consejo de Castilla. Nuevamente esta tendencia afectó más a las que tenían sede en la capital sevillana que las que residían en el medio rural. Por ello, en Sevilla, entre 1768 y 1793, 16 cofradías de penitencia solicitaron la aprobación Real(41).


6.-INGRESOS DE LAS CORPORACIONES

Si bien hemos planteado la posibilidad de ocultaciones importantes en los aspectos analizados anteriormente, lo cierto es que en lo referente a las cifras económicas debemos extremar nuestra precaución. A continuación, al igual que hicimos en los epígrafes anteriores, comentaremos las cifras económicas a partir de los datos ofrecidos en el cuadro IV:


CUADRO IV

RENTAS Y LIMOSNAS DE LAS HERMANDADES

DEL ARZOBISPADO DE SEVILLA(42)


LUGAR

RENTAS

LIMOSNAS

TOTAL

SEVILLA

297.768

144.755

442.523

PUEBLOS

608.629

18.256

626.885

TOTAL

906.397

163.011

1.069.408


Evidentemente lo primero que debemos explicar es el evidente falseamiento de las cifras, obviamente, a la baja. Por ejemplo, en el caso de la localidad de Morón, se señala que tenía nada menos que 23 corporaciones que extrañamente no disfrutaban de ningún tipo de ingresos(43). Evidentemente el dato no tiene lógica alguna y debe considerarse como un nuevo error del copista.

Asimismo, la cifra de limosnas aparece sumamente disminuida, pues, las rentas procedentes de bienes raíces quintuplicaban a los ingresos por limosnas. Sin embargo, María Luisa Candau Chacón, realizó un muestreo con algunas hermandades y cofradías del arzobispado de Sevilla, y llegó a la conclusión de que las limosnas suponían el 77 por ciento de los ingresos(44). Nosotros por nuestra parte hicimos un estudio de las finanzas en los siglos XVII y XVIII de una de las cofradías más importantes de la Carmona Moderna, la de Jesús Nazareno, y las limosnas suponían el 55,49 por ciento del total del cargo(45).

Además, a las cifras presentadas por el Asistente habría que incluir las cantidades que, bien por error o bien por olvido, no figuran en el cuadro estadístico. Unos ingresos que sólo entre Écija, Jerez y Carmona superarían sin duda los 100.000 reales. Por otro lado, desconocemos la magnitud del fraude, sin atrevernos ni tan siquiera a establecer un porcentaje concreto. No obstante lo que sí parece claro es que los ingresos anuales de todas las cofradías y hermandades del arzobispado debían superar ampliamente los dos millones de reales, es decir, unos 68 millones de maravedís.

CUADRO V

COMPARACIÓN ENTRE SEVILLA

Y EL RESTO DEL ARZOBISPADO

LUGAR

INGRESOS

NÚMERO DE HERMANDADES

SEVILLA

442.523

249

RESTO DEL ARZOBISPADO

626.885

845


Como puede comprobarse en el Cuadro V las cofradías de la capital sevillana disfrutaban de unos ingresos medios anuales de 1.777 reales, mientras que las del resto del arzobispado se debían conformar con tan sólo 742. Esto equivale a decir que los ingresos anuales de las hermandades sevillanas duplicaban sobradamente a los de las demás localidades de su demarcación arzobispal. Así, independientemente de la ocultación de las cifras, podemos aseverar con rotundidad la mayor riqueza media de las corporaciones de la capital con respecto a las de las localidades de su entorno.


7.-CONCLUSIONES

Sintetizando algunas de las ideas fundamentales podemos decir lo siguiente: en primer lugar, que el número de hermandades y cofradías en el arzobispado hispalense en 1771 debía situarse en torno a las 2.000. En segundo lugar, que las hermandades eran mucho más numerosas que las cofradías, circunstancia que era especialmente notable en la capital, donde por cada 7 hermandades había una sola cofradía. En tercer lugar, que la mayor parte de las hermandades y cofradías del arzobispado estaban aprobadas por el ordinario eclesiástico. Sólo unas pocas tenían aprobación Real o pontificia, y un número considerable -prácticamente la tercera parte- tenían una existencia más o menos al margen de la legalidad. Asimismo las corporaciones sin aprobación eran mucho más numerosas en los pueblos de la diócesis que en la propia capital. Y en cuarto, y último lugar, debemos reconocer la dificultad a la hora de cifrar el monto de ingresos de las hermandades sevillanas pero en cualquier caso debieron superar los dos millones de reales anuales. Asimismo las hermandades de la capital duplicaban en ingresos a las de las localidades de su arzobispado.


APÉNDICE I


Carta dirigida por el teniente de asistente de Sevilla al Conde de Aranda


"Excelentísimo Señor: Muy señor mío, en cumplimiento de lo que Vuestra Excelencia se sirvió mandar en su ordenamiento de 28 de septiembre del año próximo pasado, reiterada en 30 de abril y 13 de septiembre del presente pasó a mis manos un estado general en que se manifiestan las hermandades, cofradías, congregaciones y Órdenes Terceras, que por las relaciones que se han recogido resultan hasta ahora haber en esta capital y pueblos de su partido.

En dicho estado se contiene también una razón de las fiestas que anualmente hacen estas hermandades y su importe, con distinción de aquellas que se costean del común de sus individuos, de los priostes, mayordomos o hermanos mayores, de limosnas voluntarias que recogen de las rentas fijas que tienen o de los caudales públicos.

Igualmente explica el estado, cuáles de estas hermandades tienen el Real consentimiento, cuáles solamente la aprobación pontificia, o del ordinario eclesiástico, y cuáles ni uno ni otro.

La multitud de cofradías, hermandades y congregaciones que debían comprenderse en el estado, pues, en esta capital hay 186 hermandades, 28 cofradías, 26 congregaciones y 9 Órdenes Terceras, y en los pueblos de su partido 426 hermandades, 374 cofradías, 50 congregaciones, 21 Órdenes Terceras; y la mucha diversidad de circunstancias que en ellas concurren hace que no se pueda explicar en un compendio tan reducido todas las que me han parecido esenciales y que pueden conducir a los objetos del beneficio común que es la consideración con que se buscan estas noticias. Por eso he dispuesto que además del estado, se forme un extracto que con individualidad explica todo lo que pueda ser conducente a la mejor instrucción y cabal conocimiento del asunto, cuyo extracto que consta de 76 pliegos queda en mi poder y se remitirá siempre que Vuestra Excelencia me lo mande.

Previniéndose en la orden de Vuestra Excelencia del dictamen sobre la moderación, subsistencia o abolición de tales cuerpos, procurando reducirlo a las razones más esenciales y convincentes: voy a ejecutarlo explicando mi modo de pensar.

Por la inspección general que ahora se ha hecho de estas hermandades y cofradías resulta que para su establecimiento no se han observado las disposiciones de las Leyes del Reino, según las cuales para que estos cuerpos tengan estabilidad se necesita que intervenga la autoridad Real y el acceso de los ordinarios diocesanos, pues sólo 9 han obtenido la Real Aprobación y esto no consta fuese con conocimiento de causa, formación y examen de sus reglas, constituciones y ejercicios. Todas las demás se han erigido con sólo la aprobación del ordinario eclesiástico: algunas con la pontificia, pero sin haber obtenido el Regio Exequatur (sic); y el resto sin autoridad alguna.

De este abuso ha dimanado que todas las referidas hermandades, cofradías y congregaciones se hallan en el día únicamente subordinadas a la jurisdicción ordinaria eclesiástica a donde ocurren así para la aprobación de las constituciones como también para todas las dudas que inciden sobre su práctica y observancia en las elecciones de oficiales, recibimiento de hermanos, administración y manejo de las rentas, por cuyo método se sustraen estos cuerpos que en la mayor parte se componen de personas legas de la jurisdicción Real ordinaria y se sujetan a la eclesiástica con manifiesta contravención a las leyes del Reino, y en grave ofensa de la autoridad Real.

Por eso sería mi dictamen que se mandase por punto general cesar toda hermandad, cofradía, congregación, o cuerpo colegiado que no estuviese establecido conforme a las leyes del Reino, y presentare incontinenti documento que lo acreditase.

Que de dichas hermandades, cofradías, congregaciones se manden desde luego extinguir todas aquellas que carecen de rentas y cuyas fiestas y funciones se costean de las limosnas voluntarias que se recogen por medio de las demandas por el común de los hermanos, o por los priostes, mayordomos o hermanos mayores, para evitar el perjuicio que un celo inmoderado y mal entendido ocasiona al público, causando la ruina de muchas familias honradas por el errado concepto de preferir estos gastos que en la mayor parte se ejecutan por emolución y ostentación a las obligaciones esenciales que los padres de familia tienen de proveer la subsistencia de la que está a su cargo; cuyo perjuicio se transciende también al Estado en cuanto se aniquilan por este orden muchos vecinos honrados y contribuyentes.

Que también se extingan aquellas hermandades, cofradías o congregaciones formadas de menestrales en lo que se registra en esta capital un gran abuso pues no hay gremio que no tenga su cofradía o hermandad, sin embargo de ser contrario a las leyes y de los inconvenientes que de esto resultan.

Que por las mismas razones se manden cesar las que se han introducido con advocaciones de algunas imágenes porque regularmente ocasionan perjuicio y escándalo que produce la piedad mal entendida, la emulación y el fanatismo, por cuyos fundamentos la sabia ilustración del Consejo acaba de prohibir la procesión que el día ocho de septiembre de cada año se celebraba a la imagen de la Consolación, sita en el convento de Mínimos, extramuros de la villa de Utrera, mandando recoger las constituciones de las hermandades erectas con este motivo. De suerte que en mi consejo sólo deberán subsistir aquellas hermandades y congregaciones cuyos individuos se empleen en la asistencia de hospitales o cárceles y en el recogimiento de los pobres. También son dignos de recomendación las cofradías que hay en las parroquias de esta capital y pueblos de su partido con las nominaciones del Santísimo Sacramento y Ánimas Benditas por lo que en l día contribuyen a mantener el culto divino y la decencia de los templos que sin estos cuerpos decaería mucho por la gran pobreza a que se han reducido casi todas las fábricas de dichas parroquias cuyas rentas son tan diminutas que por si solas y sin que mediasen la piedad de los fieles que promueven dichas hermandades no alcanzan a los gastos indispensables que les ocurren: por lo que interín que estas fábricas no estén competentemente dotadas para que con sus rentas puedan proveer a la decencia de los templos y mantener el culto divino con el decoro que corresponde hacían falta las hermandades del Santísimo y Ánimas.

Pero éstas y las demás que merezcan la Real aprobación habrán de recurrir al Consejo a solicitarla y recibir el ser y autoridad de que carecen para que con previo examen y conocimiento de causa se les prescriban las reglas, gobierno y subordinación a que deben sujetarse poniéndose todas conforme a las leyes y desterrándose de una vez los abusos que por la omisión de ese esencial requisito se han introducido en estos cuerpos.

Las rentas que gocen las hermandades, cofradías (y) congregaciones que se extingan convendría en mi dictamen se destinasen para fondo del hospicio que en virtud de las órdenes del Consejo se trata de exigir en esta capital y a la piedad de Su Majestad se ha dignado aplicar a este importante objeto la casa del colegio de San Hermenegildo que fue de los regulares de la Compañía, expatriados, con el hospicio de Indias adyacente y la huerta que se halla a su espalda, habiendo oído antes el asistente de acuerdo con el muy reverendo arzobispo y regente, pero hasta ahora no ha podido tener efecto ni establecimiento por falta de rentas. Uno de los fondos que se han propuesto para subvenir a esta falta es el producto de los patronatos y obras pías cuyo destino sea análogo a los fines con que se establecen los hospicios; y para liquidar el cuanto se han pedido las razones de las fundaciones, y se están acabando de formar los planes y resúmenes para solicitar que el consejo selle con su autoridad y aprobación este proyecto. Pero desde luego se conoce que el producto de los patronatos y obras pías que son aplicables al hospicio no alcanzará para dotarlo competentemente. Las rentas de las hermandades, cofradías y congregaciones que se extingan deben tener un destino piadoso; y ninguno puede ser más recomendable que el del hospicio a donde se han de recoger los pobres de esta provincia que tienen derecho de participar en este socorro por lo que si esta idea mía mereciere aprobación superior, la aplicación del hospicio de Sevilla habrá de ser de todas aquellas rentas que pertenezcan a las cofradías que se extingan y estén situadas en ella y pueblos de su provincia.

Sevilla 5 de octubre de 1771. Por ausencia del asistente, Juan Gutiérrez de Piñeres.



APÉNDICE II


HERMANDADES, COFRADÍAS, CONGREGACIONES Y ÓRDENES TERCERAS EXISTENTES EN EL ARZOBISPADO DE SEVILLA (1771)


LOCALIDADES

HERMAN-DADES

COFRADÍAS

CONGRE-GACIÓN

ORDEN

TERCE-RA

TOTAL

SEVILLA

186

28

26

9

249

ALAJAR

2

5

--

--

7

AZNALCOLLAR

7

--

--

--

7

ALANÍS

6

--

--

--

6

ALCALÁ DE GUAD.

3

13

2

2

20

AZNALCÁZAR

7

--

--

--

7

AROCHE

4

2

3

--

9

ALCALÁ DEL RÍO

3

5

3

--

11

ALMADÉN

--

5

--

--

5

ALMONTE

8

--

--

1

9

AGUADULCE

--

--

--

--

0

AYAMONTE

8

--

--

1

9

ALBAIDA

5

--

--

--

5

ALMONAOCER

--

7

--

--

7

BENACAZÓN

1

--

--

--

1

BADOLATOSA

--

5

--

--

5

BORMUJOS

1

--

--

--

1

BOLLUDOS DEL CONDADO

--

8

--

--

8

BOLLULLOS DE LA MITACIÓN

1

--

1

--

--

BENAZUZA

--

--

--

--

0

BONARES

5

--

--

--

5

CORTELAZOR

2

--

--

--

2

CASTILLO DE LAS GUARDAS

4

4

--

--

8

CORTEGANA

1

3

--

--

4

CABEZAS RUBIAS

1

1

--

--

2

CALAÑAS

1

5

--

--

6

CONSTANTINA

6

--

--

--

6

CARTAYA

2

5

--

--

7

CUMBRES DE SAN BARTOLOMÉ

--

1

--

--

1

CASARICHE

3

--

--

--

3

CAÑETE LA REAL

11

--

--

--

11

CHUCENA

2

1

--

--

3

CASTILLEJA DEL CAMPO

2

1

--

--

3

CARRIÓN DE LOS CÉSPEDES

4

--

--

--

4

CASTILLEJA DE GUZMÁN

1

--

--

--

1

CASTILLEJA DE LA

CUESTA

2

--

--

1

3

CAMAS

3

--

--

--

3

CORIA

7

--

--

--

7

CUMBRES MAYORES

5

--

--

--

5

CALA

--

4

--

--

4

CUMBRES DEL MEDIO

--

1

--

--

1

CAZALLA

1

5

--

1

7

CASTILBLANCO

8

2

--

--

10

CAMPOFRÍO

4

6

--

--

10

DOS HERMANAS

8

--

1

--

9

EL CASTAÑO

1

5

--

--

6

EL RONQUILLO

4

--

--

--

4

EL PEDROSO

--

2

--

--

2

EL GARROBO

5

--

--

--

5

EL BERROCAL

--

5

--

--

5

ESTEPA

19

5

--

--

24

ESPARTINAS

3

--

--

--

3

ENCINASOLA

--

6

--

--

6

EL ALMENDRO

--

2

--

--

2

ESCACENA DEL CAMPO

1

9

--

--

10

EL GRANADO

1

3

--

--

4

EL BODONAL

--

7

--

--

7

EL CERRO

--

8

--

--

8

EL CORONIL

7

4

--

1

12

FUENTE HERIDOS

3

3

--

--

6

FREGENAL

4

12

--

--

16

GUILLENA

3

--

1

--

4

GALAROSA

2

3

--

--

5

GIBRALEON

1

5

1

--

7

GILENA

6

2

--

1

9

GINES

3

--

--

--

3

GANDUL

--

--

--

--

0

GELBES

5

--

--

--

5

GERENA

5

1

--

--

6

HINOJOS

2

4

--

--

6

HIGUERA LA REAL

--

8

--

--

8

HUELVA

3

7

--

--

10

HUEVAR

5

--

--

--

5

HELICHE

--

--

--

--

0

HIGUERA DE ARACENA

--

5

--

--

5

HERRERA

--

5

--

--

5

HINOJALES

2

--

--

--

2

JABUGO

1

3

--

--

4

LA ALGABA

10

--

--

--

10

LINARES

--

2

--

--

2

LA RINCONADA

1

--

--

--

1

LA NAVA

3

1

--

--

4

LOS PALACIOS

2

1

--

--

3

LEPE

2

3

--

1

6

LA PALMA

6

--

--

--

6

LOS MOLARES

5

--

--

--

5

LUCENA DEL PUERTO

2

--

--

--

2

LA JARA

1

3

--

--

4

LA REDONDELA

3

1

1

--

5

MIRAXENIL

--

2

--

--

2

MOGUER

3

4

--

--

7

MORÓN

7

7

8

1

23

MAIRENA DEL ALJARAFE

1

2

--

--

3

MAIRENA DEL ALCOR

--

9

--

--

9

MARCHENA

--

3

--

--

3

MANZANILLA

9

--

1

--

10

NIEBLA

3

3

--

--

6

OLBERA

4

4

--

--

8

OSUNA

10

4

4

--

18

OLIVARES

2

2

--

--

4

PUEBLA DE CAZALLA

2

5

--

--

7

PUEBLA DE GUZMÁN

3

--

--

--

3

PRUNA Y ALGAMITAS

8

--

--

--

8

PARADAS

--

13

1

1

15

PALOMARES

4

--

--

--

4

PILAS

2

--

3

1

6

PATERNA DEL CAMPO

11

1

--

--

12

PARMOGO

1

3

3

--

7

PEDRERA

5

--

--

--

5

PUEBLA JUNTO A CORIA

2

--

--

--

2

GUEMA

--

--

--

--

0

ROCIANA

1

6

--

--

7

RODA

4

4

--

--

8

SANTIPONCE

3

--

--

--

3

SALTERAS

8

--

--

--

8

SANTA ANA LA REAL

1

5

--

--

6

SANLÚCAR DE GUADIANA

--

4

--

--

4

SANTA BÁRBARA

2

--

--

--

2

SIERRA DE LAS YEGUAS

--

--

1

--

1

SANTA OLALLA

--

4

--

--

4

SAN JUAN DEL PUERTO

--

4

--

--

4

SAN SILVESTRE DE GUZMÁN

4

--

--

--

4

SAN NICOLÁS DEL PUERTO

1

--

--

--

1

SAN BARTOLOMÉ DE LA TORRE

5

1

--

--

6

TOMARES Y SAN JUAN

2

--

--

--

2

VISO DEL ALCOR

3

3

--

--

6

VILLANUEVA DE LOS CASTILLEJOS

--

5

--

--

5

VILLAFRANCA

1

2

--

--

3

VALENCINA

3

--

--

--

3

VILLANUEVA DE LAS CRUCES

3

--

--

--

3

UMBRETE

4

--

--

--

4

VILLABLANCA

1

5

--

--

6

VILLANUEVA DEL ARISCAL

4

--

--

--

4

VILLARRAZA

5

4

--

--

9

VILLAMANRIQUE

5

--

--

--

5

VILLALBA

4

6

--

--

10

BEAS

1

5

--

--

6

UTRERA

21

5

--

2

28

ZUFRE

4

--

--

--

4

ZAHARA

4

1

--

--

5

PUEBLA DE ALGODONALES

--

5

--

--

5

ZALAMEA LA REAL

3

6

1

--

10

VILLAR

--

4

--

--

4

BUITRÓN

--

1

--

--

1

POZUELO

--

3

--

--

3

RIOTINTO

--

5

--

--

5

TERGADAS

--

4

--

--

4




APÉNDICE III


LAS HERMANDADES Y COFRADÍAS SEGÚN LA AUTORIDAD QUE LAS APROBÓ



LOCALIDADES

REAL

PONTIFI-CIA

ORDINA-RIO

SIN

APROBAR

SEVILLA

9

12

186

30

ALAXAR

--

--

6

1

AZNALCOLLAR

--

--

4

3

ALANÍS

--

--

--

6

ALCALÁ DE GUADA.

--

--

1

19

AZNALCÁZAR

--

--

6

1

AROCHE

--

--

1

8

ALCALÁ DEL RÍO

--

--

6

5

ALMADÉN

--

--

5

--

ALMONTE

--

--

9

--

AGUADULCE

--

--

--

--

AYAMONTE

--

--

11

3

ALBAIDA

--

--

5

--

ALMONASTER

--

--

7

--

BENACAZÓN

--

--

4

--

BADOLATOSA

--

--

4

1

BORMUJOS

--

--

1

--

BOLLULLOS DEL CONDADO

--

--

8

--

BOLLULLOS DE LA MITACIÓN

--

--

5

--

BENAZUZA

--

--

--

--

BONARES

--

--

3

2

CORTELAZOR

--

--

2

--

CASTILLO DE LAS GUARDAS

--

--

7

1

CORTEGANA

--

--

--

4

CABEZAS RUBIAS

--

--

2

--

CALAÑAS

--

1

4

1

CONSTANTINA

--

--

6

--

CARTAYA

--

--

7

--

CUMBRES DE SAN BARTOLOMÉ

--

--

1

--

CASARICHE

--

--

3

--

CAÑETE LA REAL

--

--

11

--

CHUCENA

--

--

3

--

CASTILLEJA DEL CAMPO

--

--

2

1

CARRIÓN DE LOS CÉSPEDES

--

--

4

--

CASTILLEJA DE GUZMÁN

--

--

1

--

CASTILLEJA DE LA CUESTA

--

--

1

2

CAMAS

--

--

1

2

CORIA

--

--

7

--

CUMBRES MAYORES

--

5

--

--

CALA

--

--

2

2

CUMBRES DEL MEDIO

--

--

--

1

CAZALLA

--

--

5

2

CASTILBLANCO

--

--

2

8

CAMPOFRÍO

--

--

2

8

DOS HERMANAS

--

--

9

--

EL CASTAÑO

--

--

6

--

EL RONQUILLO

--

--

4

--

EL PEDROSO

--

--

2

--

EL GARROBO

--

--

2

3

EL BERROCAL

--

--

--

5

ESTEPA

--

--

14

10

ESPARTINAS

--

--

3

--

ENCINASOLA

--

1

3

2

EL ALMENDRO

--

--

--

2

ESCACENA DEL CAMPO

--

--

10

--

EL GRANADO

--

--

3

1

EL BODONAL

--

--

6

1

EL CERRO

--

--

--

8

EL CORONIL

--

--

11

1

FUENTE HERIDOS

--

--

1

5

FREGENAL

--

--

2

14

GUILLENA

--

--

2

2

GALAROZA

--

--

1

4

GIBRALEON

1

--

2

4

GILENA

--

--

--

9

GINES

--

--

3

--

GANDUL

--

--

--

--

GELBES

--

--

5

--

GERENA

--

--

6

--

HINOJOS

--

--

--

6

HIGUERA LA REAL

--

2

6

--

HUELVA

--

--

10

--

HUEVAR

--

--

4

1

HELICHE

--

--

--

--

HIGUERA DE ARACENA

--

--

5

--

HERRERA

--

--

2

3

HINOJALES

--

--

2

--

JABUGO

--

--

7

--

LA ALGABA

--

1

9

--

LINARES(46)

--

--

--

--

LA RINCONADA

--

--

4

--

LA NABA

--

--

--

4

LOS PALACIOS

--

--

--

3

LEPE

--

--

--

6

LA PALMA

--

--

5

1

LOS MOLARES

--

--

1

4

LUCENA DEL PUERTO

--

--

1

1

LA JARA

--

1

3

--

LA REDONDELA

--

--

4

1

MIRAXENIL

--

--

--

2

MOGUER

--

--

7

--

MORÓN

--

--

15

8

MAIRENA DEL ALJARAFE

--

--

2

1

MAIRENA DEL ALCOR

--

--

9

--

MARCHENA

--

--

3

--

MANZANILLA

--

--

7

3

NIEBLA

--

--

3

3

OLBERA

--

1

7

--

OSUNA

--

2

15

1

OLIVARES

--

--

4

--

PUEBLA DE CAZALLA

--

--

6

1

PUEBLA DE GUZMÁN

--

--

1

2

PRUNA Y ALGAMITAS

--

--

8

--

PARADAS

--

--

14

1

PALOMARES

--

--

4

--

PILAS

--

--

2

4

PATERNA DEL CAMPO

--

--

12

--

PAIMOGO

--

--

--

7

PEDRERA

--

--

--

5

PUEBLA JUNTO A CORIA

--

--

1

1

QUEMA

--

--

--

--

ROCIANA

--

--

7

--

RODA

--

--

8

--

SANTIPONCE

--

--

3

--

SALTERAS

--

--

2

6

SANTA ANA LA REAL

--

--

1

5

SANLÚCAR DE GUADIANA

--

--

4

--

SANTA BÁRBARA

--

--

2

--

SIERRA DE LAS YEGUAS

--

--

1

--

SANTA OLALLA

--

--

4

--

SAN JUAN DEL PUERTO

--

--

4

--

SAN SILVESTRE DE GUZMÁN

--

--

4

--

SAN NICOLÁS DEL PUERTO

--

--

1

--

SAN BARTOLOMÉ DE LA TORRE

--

--

1

5

TOMARES Y SAN JUAN

--

--

2

--

VISO DEL ALCOR

--

--

2

4

VILLANUEVA DE LOS CASTILLEJOS

--

--

--

5

VILLAFRANCA

--

--

3

--

VALENCINA

--

--

--

3

VILLANUEVA DE LAS CRUCES

--

--

1

2

UMBRETE

--

--

4

--

VILLABLANCA

--

--

--

6

VILLANUEVA DEL ARISCAL

--

--

2

2

VILLARRAZA

--

--

5

4

VILLAMANRIQUE

--

--

3

2

VILLALBA

--

--

10

--

BEAS

--

--

--

6

UTRERA

--

--

23

5

ZUFRE

--

--

4

--

ZAHARA

--

1

4

--

PUEBLA DE ALGODONALES

--

--

5

--

ZALAMEA LA REAL

--

--

5

5

BILLAR

--

--

4

--

BUITRÓN

--

--

1

--

POZUELO

--

--

2

1

RIOTINTO

--

--

3

2

TERGADAS

--

--

3

1



APÉNDICE IV


RENTAS Y LIMOSNAS DE LAS HERMANDADES Y COFRADÍAS DEL ARZOBISPADO DE SEVILLA (47).


LOCALIDAD

RENTAS

LIMOSN(48)

TOTAL

SEVILLA

297.768

144.755

442.523

ALAXAR

3.716

--

3.716

AZNALCOLLAR

5.715

--

5.715

ALANÍS

--

466

466

ALCALÁ DE GUADAIRA

6.394

--

6.394

AZNALCÁZAR

1.580

--

1.580

AROCHE

7.275

--

7.275

ALCALÁ DEL RÍO

3.043

--

3.043

ALMADÉN

583

--

583

ALMONTE

6.100

--

6.100

AGUADULCE

6.744

--

6.744

AYAMONTE

6.450

--

6.450

ALBAIDA

21.658

--

21.658

ALMONASTER

--

--

--

BENACAZÓN

1.100

--

1.100

BADALATOSA

273

--

273

BORMUJOS

5.928

--

5.928

BOLLULLOS DEL CONDADO

800

1.780

2.580

BOLLULLOS DE LA MITACIÓN

--

--

--

BENAZUZA

2.250

930

3.180

BONARES

380

--

380

CORTELAZOR

4.841

--

4.841

CASTILLO DE LAS GUARDAS

3.907

3.907

7.814

CORTEGANA

1.273

--

1.273

CABEZAS RUBIAS

8.349

--

8.349

CALAÑAS

4.153

--

4.153

CONSTANTINA

4.095

--

4.095

CARTAYA

600

--

600

CUMBRES DE SAN BARTOLOMÉ

3.191

--

3.191

CASARICHE

2.499

--

2.499

CAÑETE LA REAL

1.410

--

1.410

CHUCENA

944

--

944

CASTILLEJA DEL CAMPO

473

--

473

CARRIÓN DE LOS CÉSPEDES

--

--

--

CASTILLEJA DE GUZMÁN

--

500

500

CASTILLEJA DE LA CUESTA

180

1.450

1.630

CAMAS

680

--

680

CORIA

1.700

1.749

3.449

CUMBRES MAYORES

1.286

2.000

3.286

CALA

--

--

--

CUMBRES DEL MEDIO

11.577

--

11.577

CAZALLA

--

--

--

CASTILBLANCO

2.219

--

2.219

CAMPOFRÍO

5.038

--

5.038

DOS HERMANAS

3.344

--

3.344

EL CASTAÑO

545

--

545

EL RONQUILLO

700

--

700

EL PEDROSO

1.016

--

1.016

EL GARROBO

976

1.113

2.089

EL BERROCAL

32.009

--

32.009

ESTEPA

1.200

--

1.200

ESPARTINAS

2.600

--

2.600

ENCINASOLA

175

--

175

EL ALMENDRO

7.000

--

7.000

ESCACENA DEL CAMPO

950

--

950

EL GRANADO

1.422

--

1.422

EL BODONAL

6.629

--

6.629

EL CERRO

3.360

--

3.360

EL CORONIL

1.051

3.300

4.351

FUENTE HERIDOS

9.032

--

9.032

FREGENAL

4.202

--

4.202

GUILLENA

2.576

--

2.576

GALAROZA

8.817

--

8.817

GIBRALEÓN

--

--

--

GILENA

--

--

--

GINES

--

--

--

GANDUL

9.070

--

9.070

GELBES

200

--

200

GERENA

4.170

--

4.170

HINOJOS

2.539

--

2.539

HIGUERA LA REAL

20.790

--

20.790

HUELVA

1.600

--

1.600

HUÉVAR

--

--

--

HELICHE

3.350

--

3.350

HIGUERA DE ARACENA

1.000

--

1.000

HERRERA

1.817

--

1.817

HINOJALES

336

--

336

JABUGO

3.486

--

3.486

LA ALGABA

--

--

--

LINARES

522

--

522

LA RINCONADA

--

--

--

LA NABA

2.600

--

2.600

LOS PALACIOS

1.242

--

1.242

LEPE

3.114

--

3.114

LA PALMA

986

--

986

LOS MOLARES

540

--

540

LUCENA DEL PUERTO

620

--

620

LA JARA

229

--

229

LA REDONDELA

180

--

180

MIRAXENIL

300

--

300

MOGUER

30.430

--

30.430

MORÓN

--

--

--

MAIRENA DEL ALAJARAFE

--

611

611

MAIRENA DEL ALCOR

3.815

--

3.815

MARCHENA

36.363

--

36.363

MANZANILLA

8.642

--

8.642

NIEBLA

887

--

887

OLBERA

3.040

--

3.040

OSUNA

40.238

--

40.238

OLIVARES

2.691

--

2.691

PUEBLA DE CAZALLA

7.679

--

7.679

PUEBLA DE GUZMÁN

130

--

130

PRUNA Y ALGAMITAS

955

--

955

PARADAS

14.700

--

14.700

PALOMARES

1.647

--

1.647

PILAS

840

--

840

PATERNA DEL CAMPO

7.286

--

7.286

PAIMOGO

12.160

--

12.160

PEDRERA

--

--

--

PUEBLA JUNTO A CORIA

2.986

--

2.986

QUEMA

--

450

450

ROCIANA

100

--

100

RODA

788

--

788

SANTIPONCE

1.386

--

1.386

SALTERAS

1.580

--

1.580

SANTA ANA LA REAL

777

--

777

SANLÚCAR DE GUADIANA

952

--

952

SANTA BÁRBARA

231

--

231

SIERRA DE LAS YEGUAS

400

--

400

SANTA OLALLA

891

--

891

SAN JUAN DEL PUERTO

1.747

--

1.747

SAN SILVESTRE DE GUZMÁN

380

--

380

SAN NICOLÁS DEL PUERTO

105

--

105

SAN BARTOLOMÉ DE LA TORRE

2.650

--

2.650

TOMARES Y SAN JUAN

--

--

--

VISO DEL ALCOR

6.018

--

6.018

VILLANUEVA DE LOS CASTILLEJOS

1.757

--

1.757

VILLAFRANCA

1.070

--

1.070

VALENCINA

--

--

--

VILLANUEVA DE LAS CRUCES

300

--

300

UMBRETE

1.987

--

1.987

VILLABLANCA

415

--

415

VILLANUEVA DEL ARISCAL

2.560

--

2.560

VILLARRAZA

4.162

--

4.162

VILLAMANRIQUE

2.837

--

2.837

VILLALBA

7.743

--

7.743

BEAS

6.689

--

6.689

UTRERA

90.056

--

90.056

ZUFRE

1.982

--

1.982

ZAHARA

1.982

--

1.982

PUEBLA DE ALGODONALES

3.159

--

3.159

ZALAMEA LA REAL

3.200

--

3.200

BILLAR

210

--

210

BUITRÓN

50

--

50

POZUELO

139

--

139

RIOTINTO

730

--

730

TERGADAS

408

--

408


NOTAS


1.-Sobre estos aspectos puede verse FERNÁNDEZ DE PINEDO, Emiliano, Alberto GIL NOVALES y Albert DÉROZIER: Centralismo, ilustración y agonía del Antiguo Régimen (1715-1833). Tomo VII de la Historia de España dirigida por Manuel Tuñón de Lara. Madrid, Labor, 1980, pp. 220 y ss.

2.-Existe una amplia bibliografía sobre Pablo de Olavide y su época de entre la que queremos destacar dos obras claves: DEFOURNEAUX, Marcelín: Pablo de Olavide, el afrancesado. México, Editorial Renacimiento, 1965. AGUILAR PIÑAL, Francisco: La Sevilla de Olavide, 1767-1778. Sevilla, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla, 1965.

3.-FERNÁNDEZ DE PINEDO: Ob. Cit., p. 233.

4.-La evolución de la población en Sevilla fue la siguiente: 1588: 120.559; 1655: 53.017; 1705: 73.584; 1750: 64.890; 1791: 85.014. Fuentes: DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: Orto y ocaso de Sevilla. Sevilla, Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1991, págs. 159-160.- "La población en Sevilla a mediados del siglo XVII", Archivo Hispalense, T. LXXII, Nº 221. Sevilla, 1989, pág. 9. AGUILAR PIÑAL, Francisco: Historia de Sevilla, Siglo XVIII. Sevilla, Universidad de Sevilla, 1982, págs. 108-109. Plan y decreto de erección y dotación de curatos del Arzobispado de Sevilla. Sevilla, Imprenta del arzobispado, 1791.

5.-Sobre la reforma de la Universidad, llevada a cabo por Olavide, con el asesoramiento de un grupo de intelectuales, puede verse el completo estudio de AGUILAR PIÑAL, Francisco: La Universidad de Sevilla en el siglo XVIII. Estudio sobre la primera reforma universitaria moderna. Sevilla, 1969.

6.-SÁNCHEZ HERRERO, José: "Crisis y permanencia. Religiosidad de las cofradías de Semana Santa de Sevilla, 1750-1874", en Las cofradías de Sevilla en el Siglo de la Crisis. Sevilla, 1999, p. 48. Evidentemente la tradición de procesionar de noche estaba tan arraigada que muchas continuaron haciéndolo, mostrando las autoridades una gran permisividad. Por ejemplo en La Laguna, se informó que pese a la prohibición, "se ha disimulado sacar procesiones de noche...". HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, Manuel: "Las cofradías de Semana Santa en Canarias durante el siglo XVIII", Actas del III Congreso Internacional de Cofradías de Semana Santa, T. I. Córdoba, 1997, p. 146.

7.-SÁNCHEZ HERRERO: Ob. Cit., p. 49.

8.-IBIDEM, p. 47.

9.-AGUILAR PIÑAL: Historia de Sevilla...Ob. Cit., pág. 301. SÁNCHEZ HERRERO: Ob. Cit., p. 47.

10.-Concretamente hacía alusión a la prohibición cursada por el Consejo de Castilla para que no se realizase la procesión de la Virgen de la Consolación de Utrera el 8 de septiembre. Todas estas ideas están extraídas de una carta transcrita en el apéndice I.

11.-IBIDEM.

12.-IBIDEM.

13.-Sobre esta cuestión puede verse el trabajo de ROMERO MENSAQUE, Carlos José: "Las actitudes religiosas de los cofrades sevillanos en las hermandades de penitencia del siglo XVIII", Actas del III Congreso nacional de cofradías de Semana Santa, T. I. Córdoba, 1997, pág. 179.

14.-IBIDEM.

15.-FERNÁNDEZ DE PINEDO: Ob. Cit., p. 235.

16.-SÁNCHEZ HERRERO: Ob. Cit., p. 47.

17.-FERNÁNDEZ DE PINEDO: Ob. Cit., p. 241.

18.-Archivo Histórico Nacional (AHN), Consejos 7097, Nº 22.

19.-AGUILAR PIÑAL: Historia de Sevilla...Ob. Cit., p. 301. SÁNCHEZ HERRERO: Ob. Cit., p. 48. MARTÍN RIEGO, Manuel: "Sevilla de las Luces", en Historia de la Iglesia en Sevilla. Sevilla, 1992, p. 607.

20.-Véase el apéndice I.

21.-AGUILAR PIÑAL: Historia de Sevilla...Ob. Cit., pág. 301. SÁNCHEZ HERRERO: Ob. Cit., pág. 48. MARTÍN RIEGO, Manuel: "Sevilla de las Luces", en Historia de la Iglesia en Sevilla. Sevilla, 1992, p. 607.

22.-Véase el apéndice I.

23.-IBIDEM.

24.-FERNANDEZ DE PINEDO: Ob. Cit., p 17.

25.-IBIDEM, p. 17.

26.-Véase el apéndice documental.

27.-LÓPEZ FERNÁNDEZ, Rafael: Apuntes históricos de las hermandades de penitencia de Marchena. Sevilla, 1995.

28.-Tan sólo hemos contabilizado los habitantes de aquellas vicarías recogidas en la información de la intendencia. Los datos están extraídos básicamente del Libro de Curatos del Arzobispado de Sevilla. Sevilla, Imprenta del arzobispado, 1791. Para el caso de la capital hemos utilizado además nuestro trabajo: "La población en Sevilla a fines del siglo XVIII", I Jornadas de Demografía Histórica de Andalucía. Cádiz, 1992, inédito.

29.-CANDAU CHACÓN, María Luisa: Iglesia y sociedad en la campiña sevillana: la vicaría de Écija (1697-1723). Sevilla, Diputación Provincial, 1986, p. 87.

30.-MARTÍN RIEGO: Ob. Cit., p. 607.

31.-El Domingo de Ramos: los Servitas (Parroquia de El Salvador) y Dulce Nombre de Jesús (Iglesia de Santo Domingo). El Miércoles Santo: la Oración del Huerto (parroquia de Santiago) y la de los Milagros (convento de San Francisco). El Jueves Santo: la Coronación de Espinas (parroquia de El Salvador), la Veracruz (convento de San Francisco), la Columna (parroquia de Santiago), la Humildad y Paciencia (Santiago). El Viernes Santo: de madrugada Jesús Nazareno (parroquia de San Bartolomé), Expiración (parroquia de San Blas), Angustias (convento de San Francisco), Sentencia (iglesia de San José) y Santo Entierro (iglesia del Carmen). MAZA FERNÁNDEZ, Fernando de la: "La Semana Santa en Carmona a fines del Antiguo Régimen", Boletín del Consejo de Hermandades y Cofradías de Carmona. Carmona, 1993, s/p.

32.-En el listado de hermandades de Carmona figuran además de un sin fin de advocaciones nada menos que 8 hermandades de Ánimas y 10 hermandades Sacramentales, incluida la de Guadajoz. Sobre esta cuestión puede verse LERÍA, Antonio: Cofradías de Carmona. De los orígenes a la Ilustración. Carmona, 1998.

33.-Aunque por desgracia, no tenemos en estos momentos los datos exactos. Sin embargo sirva de ejemplo que en un cuadro confeccionado sobre las cofradías jerezanas con propiedades urbanas figuraban nada menos que 15, a saber: Hermandad de la Santa Caridad, las Hermandades de Ánimas de la Colegial, de San Lucas, de San Miguel, de San Dionisio, de San Juan y de Santiago, la de la Veracruz, las del Santísimo Sacramento de San Marcos, San Dionisio y San Miguel, la hermandad de Pobres, la cofradía del Dolor, la hermandad de Dios de Santiago y la de Redención de Cautivos. LOZANO SALADO, María Dolores: "Cofradías y hermandades propietarias en Jerez a principios del siglo XIX", Gremios, hermandades y cofradías, T. I. San Fernando, 1991, p. 136.

34.-Dichas cofradías eran las siguientes: La Veracruz, Nuestra Señora del Rosario, el Santísimo Sacramento, dos del Dulce Nombre de Jesús -una en Santa María la Blanca y otra en el convento de San Francisco-, el Santo Entierro, las Ánimas, Jesús Nazareno, la Orden Tercera de los Dolores, San Nicolás de Tolentino, San José, San Cristóbal, la Inmaculada Concepción, la de San Lorenzo -ubicada en la ermita del mismo nombre- , y finalmente la de la Caridad. Véase mi libro: La Campana: noticias históricas. Sevilla, 1998, pp. 83 y ss.

35.-El desgloses de los vecinos por vicarías era el siguiente: Vicaría de Cantillana 1.195; Villamartín 590; Teba 2.503; Lebrija 1.720; el Puerto de Santa María 4.500; Sanlúcar de Barrameda 4.094; Rota 1.655; Palma 766; Bornos 1.425; Fuentes 1.500 y Arahal 1.589. Libro de Curatos..., Ob. Cit.

36.-Para transformar los vecinos hemos utilizado en esta ocasión el coeficiente cuatro, pese a que para la capital hispalense otros autores, como Aguilar Piñal, utilizaron el cinco. Véase AGUILAR PIÑAL: Historia de Sevilla...Ob. Cit., p. 108. Él lo justificaba en la leve reducción de la mortalidad que se empieza a experimentar ya desde mediados de la centuria. Para áreas rurales de la Baja Extremadura se han llegado a demostrar coeficientes incluso de tres debido fundamentalmente a la alta mortalidad infantil. Véase, por ejemplo, mi trabajo: "Nuevos aportes a la historia de la demografía extremeña: el censo de Barcarrota de 1538", Revista de Estudios Extremeños T. L. Badajoz, 1994, p. 583.

37.-Sobre esta cuestión terminológica puede verse FERNÁNDEZ DE PAZ, Esther: "Discusiones terminológicas sobre hermandad y cofradía", en Gremios, hermandades y cofradías, T. II. San Fernando, 1991, pp. 161-167.

38.-IBIDEM, p. 161.

39.-YOPAT FERNÁNDEZ, Fernando: "Aproximación histórica al origen de la V.O.T. Servita de Carmona", Boletín del Consejo de hermandades y cofradías de Carmona. Carmona, 1994, s/p.

40.-El número de hermandades y cofradías no aparece bien cuadrado. Cuando se estableció el número total de corporaciones del arzobispado salieron 1.094 en total y analizando las mismas según su aprobación suman 1.109, es decir, 15 más. Se trata de una muestra más de la escasa precisión con la que fue elaborado por el Asistente de Sevilla el cuadro estadístico.

41.-MARTÍN RIEGO: Ob. Cit., p. 607.

42.-En el documento no se especifica la moneda aunque por descarte de las demás suponemos que se trata de reales.

43.-Véase el apéndice IV.

44.-CANDAU CHACÓN, María Luisa: "Hermandades y cofradías en la Sevilla rural del XVIII: el asociacionismo religioso y sus devociones", en Gremios, hermandades y cofradías, T. I.San Fernando, 1991, p. 128.

45.-MIRA CABALLOS, Esteban y Fernando de la VILLA NOGALES: Carmona en la Edad Moderna. Arte y religiosidad, población y emigración a América. Sevilla, Excmo. Ayuntamiento de Carmona- Muñoz Moya Editor, 1999.

46.-En este caso debe haber un error en el cuadro elaborado por la intendencia de Sevilla porque en Linares se señala la existencia de dos cofradía, que sin embargo, no se especifica que forma de aprobación tuvieron.

47.-Estas cifras hay que tomarlas con mucha precaución no sólo porque hubo ocultaciones premeditadas sino porque hay errores de bulto en la misma tabla. En ocasiones, pueblos cuyas hermandades no declaran tener rentas ni limosnas indican posteriormente, en abierta contradicción, que los costes de sus fiestas se pagaban a costa de sus rentas o de las limosnas. Finalmente hay columnas, como la que se intitula "las que se disponen con uno y otro", en las que el copista por error corrió verticalmente los datos un puesto o dos. Así las cifras de cada pueblo hay que buscarlas en los atribuidos al pueblo posterior.

48.-En este epígrafe aparecen las rentas de algunas hermandades en las que se ingresaban rentas y limosnas sin distinción.


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EL HUMILLADERO DE LA CRUZ DEL CAMPO DE SEVILLA

DATOS INÉDITOS SOBRE EL HUMILLADERO DE LA CRUZ DEL CAMPO Y

LA COFRADÍA DE LOS SANTOS ÁNGELES DE SEVILLA

                                                                                                                                                                                  Por Esteban Mira Caballos

(Publicado originalmente en el Boletín del Consejo de Hermandades y cofradías de Sevilla)

1.-INTRODUCCIÓN

Realmente la historia de la Cruz, humilladero y ermita de la Cruz del Campo es muy controvertida. Para los siglos de la fundación, entre el XIII y el XV existen pocas fuentes primarias, por lo que frecuentemente se recurre a las referencias de cronistas e historiadores antiguos. Las confusiones se deben a que no se trata de un sólo edificio sino de un complejo formado por la Cruz, el humilladero -del que se hicieron sucesivas reparaciones que han sido confundidas con la fecha de su construcción-, la ermita y unas casas pensadas para servir de monasterio, como veremos en las páginas siguientes.

El primer historiador que trato con seriedad y profundidad la cuestión fue don José Gestoso en su famosa "Sevilla monumental y artística"1. En esta obra se sintetizaron multitud de opiniones de eruditos, como Justino Matute o Gordillo, sobre la Cruz del Campo. Sin embargo, Gestoso se limita a sintetizar juicios contrarios de estos eruditos pero, al no disponer de fuentes primarias, no optó por la tesis de ningún autor concreto. Posteriormente el archivero y escritor don Joaquín González Moreno ha escrito una monografía sobre esta temática que aporta mucha luz sobre las cuestiones relacionadas con el vía crucis a la Cruz del Campo, pero no en lo referente a la historia del monumento2.

En este artículo aportaremos alguna luz sobre la historia de la ermita y el humilladero de la Cruz del Campo en base a un documento localizado por nosotros en el Archivo de la Real Chancillería de Granada3. Se trata de un pleito incompleto de 37 páginas que enfrentó al Obispo de Marruecos, don Sebastián de Obregón, y los cofrades de los Santos Ángeles, por la capilla y ermita de la Cruz del Campo. Como ya hemos advertido el proceso se encuentra incompleto pues tan sólo aparecen las diligencias iniciales, las cartas de poder respectivas para seguir el proceso en la Chancillería y un interesantísimo interrogatorio sobre cuestiones relacionadas con la Cruz del Campo. El proceso se generó a raíz de la cesión que en 1532 hizo el arzobispo de Sevilla de la ermita y Humilladero de la Cruz del Campo a don Sebastián de Obregón. Los cofrades del hospital de los Santos Ángeles, pese a que se habían trasladado de la Cruz del Campo en la segunda mitad del siglo XV, seguían realizando una función anual en su antiguo templo y recaudando limosnas. Desde 1532 aparecieron algunos inconvenientes con su nuevo propietario, don Sebastián de Obregón, que se intentarán dilucidar primero ante la autoridad eclesiástica y finalmente ante los oidores de la Chancillería de Granada. Sin embargo es probable que los cofrades conservasen algún privilegio más que el mencionado porque quedó claro en el proceso que el Obispo de Marruecos jamás puso impedimentos para la celebración en la capilla de su tradicional fiesta de la Cruz de Mayo4.

 

2.-LA ERECCIÓN DE LA CRUZ Y DEL HUMILLADERO

Como ya hemos afirmado existe una gran confusión sobre la fecha de su construcción porque se confunde la erección de la Cruz con la construcción del Humilladero e incluso con las fechas de las reparaciones posteriores que se hicieron.

De la existencia de la Cruz existen referencias documentales que datan de 13805. Si en el siglo XIV existía lo más probable es que su erección date de la misma época de la Reconquista, ubicándose -según Matute- en el solar de un antiguo edificio musulmán.

El humilladero es sin duda posterior y, a juzgar por su estilo artístico, data del siglo XV. Resulta sumamente problemático elegir una de las dos hipótesis planteadas hasta la fecha, pues ambas son igualmente posibles. Así, por un lado, Gestoso apunta que debieron ser los cofrades de los Santos Ángeles quienes en 1460 lo edificaron6. Por el otro, don Joaquín González Moreno, siguiendo al abad Gordillo, afirma que fue el asistente de Sevilla Diego de Merlo quien lo construyó en 14827. Todas las obras posteriores no son otra cosa que restauraciones de la primitiva estructura mudéjar.

Desde la erección de la Cruz, el lugar se fue convirtiendo paulatinamente en uno de los rincones más venerados de los sevillanos. Por eso desde 1540 se convirtió en la séptima y última estación del vía crucis que desde 1521 salía de la Casa de Pilatos8.

Era el arzobispado de Sevilla quien ostentaba la propiedad del humilladero a diferencia de lo que se ha afirmado9. La institución eclesiástica lo cedió en 1532 al Obispo de Marruecos don Sebastián de Obregón10, quien a su vez lo transfirió, en 1539, al monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos de Sevilla11. Debió ser finalmente tras la exclaustración cuando la propiedad pasó finalmente al ayuntamiento hispalense.

 

3.-LA CAPILLA Y HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES

La capilla y hospital de los Santos Ángeles se fundó posiblemente a finales del siglo XIV. El centro fue instituido

por don Gonzalo de Mena y Roales un dinámico arzobispo de la mitra hispalense que ha pasado a la historia por ser uno de los que auspiciaron la erección del monasterio de Santa María de las Cuevas. En realidad el hospital de los Santos Ángeles no fue más que un pequeño sanatorio donde se albergaban algunos esclavos o libertos convalecientes12.

La capilla era de una sólo nave y cubierta con bóveda de crucería. Allí había dos altares uno de ellos principal, dedicado a la advocación de Nuestra Señora13. En la pregunta segunda del interrogatorio realizado en el proceso de 1536 se definía la capilla de la siguiente forma:

 

Si saben que hace cinco, diez, veinte, treinta y cuarenta años a esta parte y más tiempo que la dicha capilla ha habido y al presente hay altar y altares y campanilla pequeña en la cual capilla y altares por todo el dicho tiempo se ha usado como al presente se usa decir misas así

rezadas como cantadas y con mucha solemnidad y con sermones y también se han dicho y dicen vísperas... como en lugar bendecido14

 

Todos los testigos ratificaron la pregunta. Así, por ejemplo Benito de Salazar, casero de la Cruz del Campo, dijo que efectivamente había altares en donde se decía misa y que además había "una campana pequeña que se tañe a la misa"15.

Asimismo la capilla gozaba de inmunidad como las demás iglesias de la localidad. En este sentido el mismo declarante, Benito de Salazar reveló que en dicho oratorio había habido muchas personas "retraídas" y que habían gozado de "inmunidad eclesiástica como lugar bendito y sagrado y por tal es habido y tenido"16.

Los cofrades tenían licencia para pedir limosnas a aquellos caminantes que pasaban por delante del Humilladero. Pero, es más, Pedro de Quijada, clérigo sacristán de la Catedral Hispalense, manifestó haber visto "que en el lugar del Viso" también se pedían limosnas para la dicha capilla de la Cruz del Campo17. En estos momentos desconocemos los motivos por los que los cofrades tenían autorización para pedir limosnas en un lugar tan concreto como era El Viso.

En las afueras de la capilla y justo delante del humilladero se situaba el cementerio. Este resultaba de suma utilidad ya que al estar en las afueras de la ciudad, allí se enterraban muchos de los que por haber muerto de enfermedades infecciosas no los dejaban sepultar en las iglesias de intramuros. Precisamente en la probanza un testigo, llamado Pedro Marco Viñero, natural de Sevilla en la collación de la Magdalena, declaro lo siguiente:

 

De la tercera pregunta dijo que lo que sabe es que en el año de mil y quinientos y veinte y tres falleció un hijo de este testigo en una su heredad que es allí cerca y porque murió de pestilencia y no lo dejaban meterse en la ciudad que este testigo y otro mozo que es ya fallecido lo enterraron allí al pie de la Cruz como en lugar sagrado y que hallaron allí otro difunto enterrado que parecía que había pocos días que se había enterrado allí y lo demás no lo sabe18.

 

Desconocemos los motivos por los que los cofrades de los Santos Ángeles decidieron en torno al tercer tercio del siglo XV trasladarse a otra capilla y hospital situado en la collación de San Andrés. Obviamente también el oratorio perdió su nombre y fue rebautizado como capilla de "Nuestra Señora de la Cruz". El testigo Juan de Villafranca, sacerdote de la parroquia del Sagrario de Sevilla, atestiguó con una claridad meridiana al decir que conocía la capilla de "Nuestra Señora de los Ángeles que ahora es su advocación la Cruz de Jerusalén"19. Pese a su marcha, los cofrades continuaron celebrando algunas fiestas en dicho templo, como la ya mencionada de la Cruz de Mayo20.

 

IV.-LA DONACIÓN A SEBASTIÁN DE OBREGÓN

El 1 de diciembre de 1532 el Cardenal arzobispo de Sevilla don Alonso Manrique de Lara21, hermano del celebre poeta Jorge Manrique, hizo donación al Obispo de Marruecos, don Sebastián de Obregón de la capilla y humilladero de la Cruz del Campo22. Una simpatía especial sentía el Cardenal por este ex-prior del monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos, pues no en vano era desde 1532 su confesor particular23.

Al día siguiente se notificó oficialmente a fray Sebastián de Obregón la donación, tomando de inmediato posesión del templo de la forma que exponemos a continuación:

 

Se entró en la dicha iglesia y se fue al altar de nuestra Señora y a otro altar que en la dicha iglesia están y estando junto a los dichos altares dijo que tomaba y tomo posesión de la dicha iglesia con todo su término y pertenencias y en señal de posesión puso sus manos en los dichos altares y mudo los candeleros que en ellos estaban y tomo un libro misal y las llaves de la dicha iglesia y tomo una campanilla y se anduvo paseando por la dicha iglesia de una parte a otra y cerró las puertas de ella y echó fuera a las personas que ende estaban y dijo que todo lo hacía e hizo en señal de verdadera posesión que de la dicha iglesia y casa de devoción tomaba y tomo y se apoderó en ella y todo esto pacífica quieta y realmente sin contradicción de persona alguna...24

 

 

El nuevo propietario no perdió el tiempo y tras el ritual de posesión y dominio comenzó su verdadero proyecto que no era otro que el de fundar un nuevo convento benedictino bajo la misma advocación de "la Santa Cruz de Jerusalén". El proceso resulta en este sentido muy revelador pues se aducen datos más que suficientes sobre un episodio totalmente desconocido por la historiografía sevillana. El proyecto lo debía conocer el Cardenal Arzobispo de Sevilla que en el documento de cesión incluyó la posibilidad de construir en su solar lo que creyese oportuno para "el servicio de Dios". En la pregunta sexta de la pesquisa se iba al fondo de la cuestión, al interrogar lo siguiente:

 

Ítem si saben y creen que el dicho señor obispo de Marruecos por la autoridad apostólica y ordinaria ha comenzado a edificar en la dicha capilla y junto a ella un monasterio de la Orden del Señor San Benito la invocación de Santa Cruz en Jerusalén y para así lo edificar demás de la dicha autoridad apostólica y ordinaria obtuvo licencia y facultad del Ilustre cabildo y regimiento de la ciudad de Sevilla por cuya causa el dicho sitio se bendijo todo lo que era fuera de la dicha capilla y digan y declaren todos los testigos que es lo que cerca de esto saben25.

 

Todos los testigos fueron unánimes al afirmar dos cosas: uno que las obras del nuevo monasterio habían comenzado ya. Y dos que el Obispo de Marruecos poseía las licencias oportunas tanto de la autoridad civil como eclesiástica. Nuevamente la declaración del casero de la Cruz del campo, Benito de Salazar, es concluyente pues afirmó que era cierto porque vio al Obispo enseñar las bulas y licencias que tenía para ello.

Desde finales de 1532 la capilla estuvo atendida por frailes benedictinos, sin que llegasen a formar finalmente un monasterio nuevo. En 1539 el Obispo de Marruecos cedió la capilla al convento de Santo Domingo de Silos de Sevilla, que desde entonces hasta la exclaustración se hizo cargo de la capilla y humilladero. El erección de un nuevo convento fue un proyecto ideado por el Obispo Obregón que no se llegó a realizar porque no tenía demasiada lógica fundar otro cenobio benedictino justo al lado del de Santo Domingo de Silos que se encontraba también en los caños de Carmona.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

Notificación de la cesión del humilladero y ermita de la Cruz del Campo a don Sebastián de Obregón y toma de posesión, Sevilla, 2 de diciembre de 1532.

 

In dei nomine amen. Por este publico instrumento a todas las personas que lo vieren y oyeren sea notorio y manifiesto como en dos días del mes de diciembre año del nacimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil y quinientos y treinta y dos años en este dicho día podía ser a hora de las nueve antes de mediodía, estando dentro de la iglesia nombrada de Nuestra Señora de la Cruz que es extramuros de la muy noble y Muy Leal ciudad de Sevilla en presencia de mi el notario publico apostólico y testigos infrascriptos pareció el reverendo padre y señor fray Sebastián de Obregón de la orden de San Benito confesor del ilustrísimo y reverendísimo señor Cardenal don Alonso Manrique arzobispo de Sevilla inquisidor general en estos reinos de España contra la herética probidad e hizo presentación de una carta patente de provisión que de la dicha iglesia le hizo el dicho señor cardenal y sellada con su sello y refrendada de su secretario cuya data de la dicha provisión parece ser a primero día del sobre dicho mes de diciembre del dicho año por la cual carta parece como el dicho señor cardenal proveyó de la dicha iglesia de Nuestra Señora de la Cruz al dicho fray Sebastián de Obregón y le hizo colación y provisión y canónica institución de la dicha iglesia para que la tenga y administre y rija y gobierne y lleve y goce de todas las limosnas y frutos y rentas en cualquier manera pertenecientes a la dicha iglesia y su sitio como cosa anexa y perteneciente a la provisión del dicho señor cardenal arzobispo de Sevilla y para que el dicho fray Sebastián de Obregón haga edificar en ella y junto a ella todo aquello que mas convenga para el servicio de Dios y aumento del culto divino y manda so pena de excomunión que sea puesto en la posesión de la dicha iglesia y en todo lo a ella anexo y concerniente y pueda poner personas eclesiásticas o religiosas para que en su nombre administren y sirvan la dicha iglesia y sucedan en ella de tal manera que siempre vaya en aumento porque Dios Nuestro Señor sea mejor servido según y como se contiene en la dicha provisión la cual así presentada y leída por mi el dicho notario dijo que por virtud de la dicha provisión quería tomar y aprender la tenencia y posesión de la dicha iglesia y casa de devoción con todo lo a ella anexo y concerniente por ante mi el dicho notario para que se le diese por testimonio para guarda y conservación de su derecho y luego incontinente se entro en la dicha iglesia y se fue al altar de nuestra Señora y a otro altar que en la dicha iglesia están y estando junto a los dichos altares dijo que tomaba y tomo posesión de la dicha iglesia con todo su término y pertenencias y en señal de posesión puso sus manos en los dichos altares y mudo los candeleros que en ellos estaban y tomo un libro misal y las llaves de la dicha iglesia y tomo una campanilla y se anduvo paseando por la dicha iglesia de una parte a otra y cerró las puertas de ella y echó fuera a las personas que ende estaban y dijo que todo lo hacía e hizo en señal de verdadera posesión que de la dicha iglesia y casa de devoción tomaba y tomo y se apoderó en ella y todo esto pacífica quieta y realmente sin contradicción de persona alguna que ende estuviese ni pareciese y el dicho señor fray Sebastián de Obregón lo pidió por testimonio y yo el dicho notario le di ende este según y como ante mi pasó en el dicho día mes y año susodicho , estando presentes por testigos los discretos varones fray Bernardino de Fuente el Encina y fray Juan Bautista y fray Tomás de Arenas profesos de la dicha orden de Santo Domingo y Jerónimo de Covarruvias, natural de Covarruvias diócesis de Burgos a ellos llamados y rogados. Y porque yo el bachiller Bartolomé Martínez clérigo presbítero de ella diócesis de Toledo notario apostólico por autoridad apostólica fui presente a lo que dicho es convino con los dichos testigos este instrumento en esta forma para hacer escribir y hacer aquí este mi signo a todo en testimonio de verdad rogado y requerido. Firma Bartolomé Martínez clérigo, apostólico notario.

1    GESTOSO Y PÉREZ, José: Sevilla monumental y artística, T. III. Sevilla, 1892, pp.537-540

2    GONZÁLEZ MORENO, Joaquín: Vía Crucis a la Cruz del Campo. Sevilla, Editorial Castillejo, 1992. También existe un trabajo monográfico sobre la azulejería del vía crucis, redactado por PALOMO GARCÍA, Martín Carlos: "Los azulejos del vía crucis a la Cruz del Campo", Boletín de las cofradías de Sevilla, Nº 470. Sevilla, 1998, pp. 72-81.

3    Pleito entre don Sebastián de Obregón, Obispo de Marruecos y los cofrades de los Santos Ángeles, 1536. Archivo de la Chancillería de Granada (en adelante A.Ch.G.), Cabina 3ª, Legajo 1424, ramo 9.

4    El casero de la capilla, Benito de Salazar declaró que los cofrades pidieron autorización para celebrar su función y que él mismo fue a hablar con el Obispo que sin problema alguno "le dio la licencia". IBIDEM, declaración de Benito de Salazar a la pregunta octava del interrogatorio.

5    GESTOSO: Ob. Cit., p. 540.

6    IBIDEM, p. 540.

7    GONZALEZ MORENO: Ob. Cit., p. 36.

8    GONZÁLEZ MORENO: Ob. Cit., p. 65.

9    Erróneamente se ha afirmado que el templete de la Cruz del Campo perteneció desde sus orígenes al Ayuntamiento. GONZALEZ MORENO: Ob. Cit., p. 37.

10    Véase el apéndice documental.

11    Este monasterio, situado en extramuros junto a la Puerta de Carmona fue fundado en el siglo XIII. Estaba dedicado a la advocación de Santo Domingo de Silos aunque posteriormente cambió el nombre por el de San Benito de la Calzada. Siempre estuvo aquejado de falta de ingresos y su comunidad fue siempre muy reducida. LADERO QUESADA, Miguel Ángel: Historia de Sevilla. La ciudad medieval (1248-1492). Sevilla, Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1989, p. 218 y DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: Historia de Sevilla. Sevilla en el siglo XVII. Sevilla Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1984, p. 237.

12    Incluso después de su traslado a la collación de San Andrés tan sólo tenía capacidad para ocho enfermos. Tras el decreto de reducción de hospitales se integró en el de Amor de Dios, y su casa fue subastada en 750.000 maravedís y adquirida por el convento de Regina Angelorum. Véase en este sentido la obra de CARMONA GARCÍA, Juan Ignacio: El sistema de la hospitalidad publica en la Sevilla del Antiguo Régimen. Sevilla, Excelentísima Diputación Provincial, 1979, pp. 104 y 288.

13    Véase el apéndice documental.

14    Proceso entre don Sebastián de Obregón y los cofrades de los Santos Ángeles, 1536. Pregunta segunda del interrogatorio. A.Ch.G., Cabina 3ª, Legajo 1424, Ramo 9.

15    IBIDEM.

16    IBIDEM, respuesta a la cuarta pregunta del interrogatorio. Además la capilla tenía concedidos muchos perdones y privilegios entre ellos pedir limosna. En este sentido Benito de Salazar declaro a la quinta pregunta lo siguiente: "A la quinta pregunta dijo que este testigo ha oído decir que en la dicha capilla hay muchos perdones concedidos por los santos padres y que de un año a esta parte que este testigo esta halló por casero tiene cargo todos los viernes de componer el dicho altar que esta en la dicha capilla y poner allí las bulas de los perdones y un arqueta en que echan la limosna porque va mucha gente a visitar la dicha capilla y ganar los dichos perdones...". IBIDEM.

17    Declaración de Pedro Quijada a la pregunta quinta del interrogatorio. IBIDEM.

18    IBIDEM.

19    Declaración de Juan de Villafranca a la pregunta segunda del interrogatorio. IBIDEM.

20    El testigo Pedro Marco Viñero declaró que ese día hacían los cofrades su función diciendo "misa cantada y sermón". Declaración de Pedro Marco Viñero a la pregunta octava. IBIDEM.

21    Referencias sobre la vida de don Alonso Manrique de Lara pueden verse en V.V.A.A.: Historia de la Iglesia en Sevilla. Sevilla, Editorial Castillejo, 1992, pp. 352-353.

22    En la cesión se le daba desde luego toda propiedad sin condiciones. En la notificación que hizo el notario apostólico el 2 de diciembre de 1532 se especificaba que la iglesia y humilladero se le entregaba "para que la tenga y administre y rija y gobierne y lleve y goce de todas las limosnas y frutos y rentas en cualquier manera pertenecientes a la dicha iglesia y su sitio como cosa anexa y perteneciente a la provisión del dicho señor cardenal arzobispo de Sevilla y para que el dicho fray Sebastián de Obregón haga edificar en ella y junto a ella todo aquello que mas convenga para el servicio de Dios y aumento del culto divino y manda so pena de excomunión...". Véase el apéndice documental.

23    En el proceso se menciona que en 1532 era Obispo de Marruecos, dato que era conocido por referencias de Matutes. Citado en GESTOSO: Ob. Cit., p. 538.

24    Apéndice documental.

25    IBIDEM.

 

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LA ANTIGUA HERMANDAD DE LA VIRGEN DE LA CABEZA DE SEVILLA

NOTICIAS SOBRE LA ANTIGUA HERMANDAD DE

NUESTRA SEÑORA DE LA CABEZA DE SEVILLA

 

 

Por Esteban Mira Caballos

(Publicado originalmente en el Boletín del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla)

 

1.-INTRODUCCIÓN

En este pequeño trabajo aportaremos algunos datos en torno a esta cofradía sevillana, intitulada históricamente de "Nuestra Señora de la Cabeza"1. Fue fundada como hermandad de Gloria en el tercer tercio del siglo XVI en el histórico convento Casa Grande de Nuestra Señora del Carmen de frailes Carmelitas.

Sin embargo, con el transcurso del tiempo se va a ir fusionando con otras corporaciones, siendo probablemente en el propio siglo XVI cuando se unió con la hermandad penitencial de San Juan Evangelista, al parecer integrada por miembros del gremio de impresores2. En algún momento que por ahora se desconoce del siglo XVII se debió anexar asimismo con la hermandad de los Sagrados Clavos, Siete Palabras y Nuestra Señora de los Remedios3. Esta hermandad se conoce hoy más popularmente como de "las Siete Palabras", haciendo su estación de penitencia en la actualidad el Miércoles Santo.

Entre la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX sufrió ciertos problemas de continuidad como la mayoría de las corporaciones sevillanas, sin que, a juzgar de los grandes especialistas en la materia, se pueda hablar de extinción. De hecho los documentos que presentamos de la primera mitad del XVIII vuelven a confirmar la vitalidad de esta corporación en esos años.

Para finalizar con este repaso introductorio diremos que la antigua Virgen de la Cabeza está atribuida a los escultores Roque Balduque y Juan Giralte4, encontrándose en estos momentos en proceso de restauración5.

 

2.-SU VINCULACIÓN CON EL GREMIO DE PLATEROS

Uno de los aspectos más controvertidos que queremos tratar es la vinculación de este instituto al gremio de plateros. Este hecho es indudable al menos en lo que respecta a principios del siglo XVIII, momento en el que todos los mayordomos y priostes que aparecen citados en las cartas de protocolos que tenemos localizadas ejercían el oficio de plateros. Así, por ejemplo, se menciona a Faustino Gavira, platero sevillano que, a principios del siglo XVIII, era mayordomo de la cofradía, mientras que el también artesano del argento Gregorio José Caro ejercía el cargo de hermano mayor de la corporación6. Varios años después, y concretamente en 1705, aparecía Faustino Gavira simplemente como hermano mientras que el mencionado Gregorio José Caro ostentaba en esta ocasión el cargo de mayordomo mayor7. Asimismo el 21 de mayo de 1707 el platero Francisco del Puerto, mayordomo de la corporación, firmó la última carta de pago al entallador que hizo el paso del Santísimo Cristo titular8. Y nuevamente en 1711 el platero Juan Jiménez se comprometió a entregar unos 76 pesos, dos coronas pequeñas para la Virgen y el Niño y tres potencias a la cofradía por las alhajas que se apropió indebidamente cuando fue mayordomo de ella entre 1704 y 17059. Pero es más, el receptor de dicha cantidad fue el platero Adrián de Fresneda que decía ser "hermano y padre de ánimas de dicha cofradía y hermandad"10. Creemos que los datos presentados pueden servir para plantear al menos como hipótesis la vinculación de los plateros de Sevilla a esta corporación.

Sin embargo es bien sabido que fue la hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración, actualmente llamada -por su ubicación- "El Museo", la que fundó el gremio de plateros en 157511, procesionando estos dentro de sus filas al menos durante todo el siglo XVI12. Desconocemos más circunstancias al respecto, si hubo una ruptura en el siglo XVII o si voluntariamente una parte de los plateros sevillanos se fue adscribiendo a la hermandad de Nuestra Señora de la Cabeza. Lo que si es probable es que, al igual que ocurría con otras hermandades, ésta estuviese abierta a otros individuos de otros oficios similares13. Concretamente sabemos que el 26 de julio de 1699 cinco oficiales de la corporación firmaron un contrato con un entallador sevillano, figurando entre ellos además del platero Fernando Alonso Caballero, tres moledores de tabacos y un fiscal14.

 

3.-CONTRATACIONES DE OBRAS DE ARTE

Finalmente vamos a comentar la actividad artística que promovió la corporación entre finales del siglo XVII y principios del XVIII. Concretamente va a encargar a distintos entalladores los pasos de San Juan Evangelista y del Santísimo Cristo así como las parihuelas de la imagen de Nuestra Señora de la Cabeza. Efectivamente el 26 de julio de 1699 se contrataron los servicios del entallador sevillano Diego de la Rosa para realizar la urna de San Juan Evangelista, las parihuelas y efigie de la Virgen de La Concepción así como "un águila y un dragón"15.

Unos años después, y concretamente en un cabildo celebrado el 22 de abril de 1705, el instituto dio poder a Faustino Gavira y a Gregorio José Caro para que en su nombre firmasen un contrato con un escultor hábil que hiciese el paso del Santísimo Cristo titular16. Y efectivamente al día siguiente se concertaron con el escultor sevillano Pedro Ruiz Paniagua para que labrase dicho paso por una cuantía total de 675 reales de vellón17. En esta ocasión la hermandad eligió a un entallador que, si bien no era una figura de primerísima línea, sí que gozaba de un cierto prestigio en la capital hispalense18. Desconocemos las causas por la que su finalización se demoró hasta mayo de 1707 en que el escultor recibió la última carta de pago19.

Finalmente mencionar de nuevo las dos pequeñas "coronitas imperiales" que el platero Juan Jiménez labró y donó -en compensación por una apropiación indebida- para la Virgen titular y el Niño, así como tres potencias para éste20. La Corona de la Virgen era de plata sobredorada y decorada con 8 perlas, mientras que la del Niño era de latón plateado con 38 esmeraldas21.

Y hasta aquí llega todo lo que de momento podemos contribuir al conocimiento de esta antigua hermandad sobre la que esperamos seguir aportando nuevos datos en trabajos sucesivos.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

Obligación entre Juan Jiménez, platero, con la cofradía de Nuestra Señora de la cabeza. Sevilla, 25-V-1711

 

"Sépase como yo Juan Jiménez, maestro platero, vecino de esta ciudad de Sevilla en la collación de Santa María la Mayor, otorgo que debo y me obligo de pagar a la Cofradía y Hermandad de Nuestra Señora del Carmen, Casa Grande de esta dicha ciudad y a Adrián de Fresneda asimismo, maestro platero, vecino de ella, hermano y padre de ánimas de dicha cofradía y hermandad o a quien por ella lo hubiere de haber, setenta y seis pesos escudos de a diez reales de plata cada uno y cinco reales de plata antigua que son por otros tantos que valían, según pesos y hechuras, diferentes alhajas de plata que entraron en mi poder como mayordomo que fui de dicha cofradía y hermandad en los años de mil setecientos y cuatro y setecientos y cinco las cuales consumí en mi propia validez y provecho, por cuya razón y en caso necesario de dichas alhajas y su valor incluidas sus hechuras me doy por entregado y satisfecho a mi voluntad y renuncio sobre ello las leyes del entrego y prueba del recibo y demás del caso como en ellas se contiene los cuales dichos setenta y seis pesos escudos y cinco reales, por la razón referida prometo y me obligo de que se los pagaré a dicha cofradía y hermandad y al referido padre de ánimas de ella o a quien poder de dicha cofradía hubiere, en esta ciudad, llanamente y sin ningún pleito en dicha moneda de pesos escudos y no en otra alguna, por semanas a dos pesos escudos en cada una que la primera fue el sábado veintitrés que pasó de este presente mes de mayo y año de mil setecientos y once, y así ende ser sucesivas las demás pagas hasta ser cumplida dicha cantidad, una siguiente a otra con las costas de la cobranza porque a cada plazo y paga cumplido que sea consiento se me pueda ejecutar, en virtud de esta escritura y el juramento del dicho Adrián de Fresneda o de quien poder de dicha Cofradía y Hermandad hubiere sin otra prueba ni recaudo aunque de derecho se requiera... Y también me obligo de hacer y entregar por mi cuenta y costa a dicha cofradía y hermandad o a quien su poder tuviere dos coronitas pequeñas imperiales la una para Nuestra Señora de la Cabeza la cual a de ser de plata sobredorada que tenga el mismo tamaño y peso que la que yo consumí y gasté, y además de dicha plata que ha de pesar, ha de tener y yo le he de poner a dicha mi costa ocho perlas gruesas de diferentes tamaños, y la otra corona ha de ser para el Niño que tiene dicha Señora, la cual ha de ser de latón plateado, y con treinta y ocho esmeraldas de valor cada una de dos reales de platas, con sus guarniciones de oro, y también ha de tener tres potencias, cuyas dos coronitas ha de ser a satisfacción de dicha cofradía y hermandad a quien he de hacer su entrego durante el tiempo en que hiciere yo la dicha cantidad... (deteriorado) el último plazo en que lo hiciere y a que así lo haga y cumpla consiento se me pueda apremiar o ejecutar por su valor... Hecha la carta en Sevilla en veinticinco de mayo de mil setecientos y once años y el otorgante que yo el escribano público doy fe conozco lo firmó en este registro..."

( A.P.S., OF.12, Libro 1º de 1711, fol. 82 ).

1    Ante todo queremos agradecer las valiosas sugerencias proporcionadas por Rafael Jiménez Sampedro, Secretario Primero de la Archicofradía de las Siete Palabras y gran estudioso del mundo cofradiero sevillano. Asimismo nuestra gratitud a nuestro amigo Isidro González Suárez por su mediación.

2    CARRERO RODRIGUEZ, Juan: Anales de las cofradías de Sevilla. Sevilla, 1991, p. 578.

3    IBIDEM, p. 238.

4    En la iglesia de San Vicente está esta imagen de Nuestra Señora de la Cabeza que procede del convento del carmen y que en la Guía artística de Sevilla y su provincia se atribuye a los mencionados escultores. MORALES, Alfredo J. y Otros: Guía artística de Sevilla y su provincia. Sevilla, Excma. Diputación Provincial, 1989, p. 164.

5    Información proporcionada por Rafael Jiménez Sampedro.

6    Archivo de Protocolos de Sevilla (en adelante A.P.S.), of. 15, Libro primero de 1701, fol. 1. También en SANZ, María Jesús y María Teresa DABRIO: "Documentos de artistas sevillanos del siglo XVIII", Archivo Hispalense, Nº 171-173. Sevilla, 1973, pp. 356-357.

7    SANCHO CORBACHO, Heliodoro: Arquitectura sevillana del siglo XVIII. Sevilla, T. VII de Documentos para la Historia del Arte en Andalucía, 1934, p. 31.

8    CARO QUESADA, Mª Salud: Noticias de escultura (1700-1720). Sevilla, Ediciones Guadalquivir, 1992, pp. 185-186.

9    Véase el apéndice documental.

10    IBIDEM.

11    Véase por ejemplo PALOMERO PARAMO, Jesús Miguel: La imaginería procesional sevillana: misterios, nazarenos y pasos. Sevilla, Biblioteca de Temas sevillanos, 1981, p. 151 y GUTIERREZ, Federico C.M.F.: Semana Santa en Sevilla. Madrid, 1990 (7ª ed.), p. 83. CARRERO RODRIGUEZ: Ob. Cit., p. 153.

12    MORALES PADRON, Francisco: La ciudad del Quinientos. Sevilla, Universidad de Sevilla, 1977, p. 269.

13    Ya Blanca Morel Peguero, en un magnífico estudio, demostró que existían en Sevilla numerosas hermandades gremiales que estaban abiertas a personas ajenas al oficio que, bien, vivían en el entorno del templo donde estuviese radicada la corporación, o bien, disfrutaban de un status social similar. MOREL PEGUERO, Blanca: Mercaderes y artesanos en la Sevilla del Descubrimiento. Sevilla, Excma. Diputación Provincial, 1986, p. 176.

14    Véase RODA PEÑA, José: "Documentos inéditos sobre pasos procesionales sevillanos del siglo XVII", Boletín de las Cofradías de Sevilla, Nº 461. Sevilla, 1997, p. 57.

15    IBIDEM, p. 57. El 3 de enero de 1701 el ensamblador otorgó una carta de pago ante escribano público.

16    Cabildo de la cofradía de Nuestra Señora de la Cabeza, Sevilla, 22 de abril de 1705. A.P.S. Oficio 21, libro 1º de 1705, fol. 485.

17    SANCHO CORBACHO: Ob. Cit., p. 31.

18    De él sabemos que había nacido en Córdoba en 1633 y que contrató obras como el retablo mayor del convento de clarisas de Estepa o un Sagrario para la iglesia del colegio de las Becas de Sevilla. CARO QUESADA: Ob. Cit., pp. 182-192.

19    IBIDEM.

20    Véase el apéndice documental.

21    IBIDEM.

 

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EL HOSPITAL DEL REY DE SEVILLA: APORTES A SU HISTORIA

 

  Por Esteban Mira Caballos

Los orígenes del desarrollo hospitalario sevillano se remontan a la Baja Edad Media, justo después de la Reconquista de la ciudad por Fernando III. Desde este momento dio comienzo la fundación de pequeños hospicios y recinto asistenciales, figurando entre los primeros, el Hospital Real, objeto de este artículo.

Pese a que el Hospital Real de Sevilla tuvo una vigencia en la ciudad de más de cinco siglos, era muy poco lo que conocíamos de él. Prácticamente la única información de que disponíamos eran los escuetos datos proporcionados por Juan Ignacio Carmona en su ya clásica monografía sobre la hospitalidad pública en la Sevilla del Antiguo Régimen (1). Poco más que teníamos constatada su existencia desde la Baja Edad Media hasta finales de la Edad Moderna, además de su dedicación a los lisiados de guerra, para los que se afirmaba, contaba con 12 camas y una renta anual de 12.000 reales de vellón(2). Posteriormente, Hermosilla Molina ha referido algunos datos novedosos referentes tanto a su erección como a su desaparición a finales del siglo XVIII(3).

Nosotros en este trabajo daremos a conocer informaciones procedentes de un grueso legajo, conservado en el Archivo General de Simancas, donde se recoge la visita que hizo el licenciado Juan Sarmiento de Valladares al Hospital Real de Sevilla así como el proceso que por este motivo se generó(4). Las irregularidades cometidas entre los muros del hospicio eran manifiestas: carestías de los lisiados del asilo, arbitrariedad en la concesión de las raciones vacantes, alcances económicos de sus mayordomos, etc. Las quejas de los escuderos agraviados, así como el enfrentamiento entre el capellán y el mayordomo generaron una visita y un proceso posterior contra los cofrades que a la sazón eran los administradores del hospicio.

 

 

1.-LA FUNDACIÓN DEL HOSPITAL Y LA REFORMA DE 1500

Al parecer, ya durante la Reconquista existió un pequeño hospital establecido por San Fernando, para socorrer a los enfermos y a los heridos de guerra(5). Sin embargo la fundación y dotación del hospital "del Rey" de Sevilla, también llamado de los "Escuderos del Rey", ocurrió muy probablemente en el tercer cuarto del siglo XIII, siendo rey de Castilla Alfonso X el sabio. En el interrogatorio, llevado a cabo a partir del 31 de octubre de 1589, durante la visita efectuada por Juan Sarmiento de Valladares, hay unanimidad entre los preguntados. Algunos respondieron vagamente, afirmando que lo fundaron los Reyes de Castilla y lo reformaron los Reyes Católicos. En cambio, otros testigos se mostraron mucho más precisos, al decir que fue fundado por el Rey Sabio. Por ejemplo, el escudero Hernando Mosquera aseguró "que había oído decir que lo fundó el rey don Alfonso el sabio y que después lo reformó el rey don Fernando"(6). Dado que Fernando III murió en 1252 es seguro que su fundación se realizó entre 1253 y 1284, fecha esta última en la que falleció Alfonso X. Por tanto, con toda probabilidad podemos afirmar que el Hospital Real de Sevilla se fundó en el tercer cuarto del siglo XIII.

Por desgracia desconocemos las ordenanzas fundacionales del mencionado hospicio, lo que nos ha privado de una gran parte de la información necesaria para reconstruir su historia hasta 1500. En el expediente que ahora estudiamos sí que se reproducen, en cambio, las ordenanzas de 1500, ofreciéndonos una información sumamente reveladora(7). No en vano, y a la luz de este último documento, quedan claras algunas cuestiones, a saber:

Primero, que en 1500 no se produjo una transformación del hospicio sino que tan sólo se regularizaron algunas normas cuyo cumplimiento se había relajado con el tiempo.

Y segundo, que su destino fue desde un primer momento acoger a personas que hubiesen sido heridas en algún servicio al Rey y que, como consecuencia de ello, hubiesen quedado en una situación de indigencia. El dato es importante porque hasta la fecha se creía que originariamente había sido fundado como asilo de pobres peregrinos pasando a ser, después de la reforma de los Reyes Católicos, asilo de pobres(8). Todo parece indicar que desde un primer momento el objetivo del hospital fue mantener a 13 pobres que hubiesen servido al Rey y que hubiesen sufrido alguna mutilación que les impidiese mantenerse. Concretamente en las Ordenanzas, expedidas en Granada el 27 de agosto de 1500, los propios Reyes Católicos afirman claramente que el hospital lo dotaron sus antecesores pero que, como no especificaba algunas cuestiones relacionadas con el mantenimiento de los 13 escuderos, a ellos, como descendientes y herederos, les correspondía su interpretación(9).

Lo que ocurría es que el hospital tenía 20 camas y destinaba siete de ellas a los pobres peregrinos. Las ordenanzas de 1500 perpetuaron esta tradición al permitir que, una vez cubiertos los gastos de los 13 escuderos pobres, pudiesen destinar el dinero sobrante a socorrer a peregrinos, como habían hecho desde tiempo inmemorial:

 

Vos los dichos cofrades por vos y vuestros antecesores de tiempo inmemorial a esta parte acostumbrasteis y acostumbráis tener en el dicho hospital más de veinte camas para acoger continuamente en ellas los pobres peregrinos que allí vienen y para reparar al dicho hospital y hacer algunas memorias y otras obras caritativas y piadosas, permitimos y concedemos pues todo ello tiende en servicio de Dios que cumplidos todos los cargos y gastos de los dichos trece pobres y de las otras personas según de suso está ordenado (roto) que sobrare lo podáis convertir (roto) contribuir en las dichas obras (roto) y reparo del dicho hospital según y como hasta aquí lo solíais hacer (roto) más piadosa y provechosa (roto) diere sobre lo cual os (roto) conciencias(10).

 

Por tanto, el hospital tenía como objetivo socorrer a trece escuderos pobres y ocasionalmente, dar cobijo a los peregrinos que temporalmente acudiesen en busca de ayuda. No obstante, difícilmente pudo desempeñar esta misión de acogida de peregrinos ya que su dotación económica fue siempre muy limitada. Hasta tal punto era sí que pese a las 13 plazas que se debían destinar a los escuderos pobres, durante gran parte del siglo XVI al menos, solo se proveyeron 12 raciones porque, según los administradores, no había fondos suficientes para mantener a los 13 escuderos, como estipulaban las Ordenanzas(11). Como ya hemos dicho, en dichas ordenanzas lo que se intentó fue regularizar algunas cuestiones que con el tiempo se habían ido relajando. Este documento es importante asimismo porque nos indica perfectamente la situación del hospicio al menos a lo largo de todo el siglo XVI.

A continuación pasaremos a resumir lo esencial de estas Ordenanzas de 1500. Como ya hemos afirmado, el hospicio se destinaba a acoger a 13 pobres "de las personas que de nuestro servicio o de los Reyes nuestros descendientes que por tiempo fueren recibieron o recibieren mutilación o debilitación de sus miembros del tal suerte que sean inútiles para se poder sustentar y mantener por su sudor y trabajo..."(12). En el caso de que sobrasen algunas de estas 13 plazas, éstas se podían asignar a cualquier otro pobre, aunque no fuese mutilado de guerra. Asimismo, en las Ordenanzas quedaba regulada la forma de elección de los escuderos. Cada vez que vacase una ración los administradores debían colocar edictos en la puerta del hospital y en otros lugares concurridos como "la Iglesia Mayor" y las plazas principales. Una vez presentada la lista de aspirantes, los cofrades votarían a la persona más idónea (13).

También se especificaban en las Ordenanzas las raciones de comida que recibirían los pobres diariamente(14) así como, la ropa y el calzado que se les debía entregar(15). Igualmente, se regula el comportamiento de los escuderos, cuya vida en el recinto debía ser honesta, acudiendo diariamente a la misa que los dos capellanes rezarían en el oratorio.

Por otro lado, el hospital contaría con el servicio de un físico y de un boticario que atenderían a los escuderos, con un salario cada uno de 1.000 maravedís anuales.

La dotación económica del hospital se estimaba en 116.216 maravedís anuales, procedentes de dos tipos de ingresos: 96.850 de renta, situada en la "renta de la alcabala del trigo", y el resto procedente del alquiler de ciertos bienes inmuebles que la institución poseía. A esta cantidad había que unir el valor de 1.000 varas de sayal que debía entregar anualmente el concejo de Sevilla.

El hospicio quedaba supeditado a las visita periódica del prior del monasterio de San Pablo, el alcaide de los alcázares de Sevilla y su teniente(16). No obstante, al parecer también el concejo de Sevilla tenía derecho a visitar el recinto junto al prior de San Pablo y al alcaide. De hecho, escuderos como Gonzalo de Mesa, mencionaron una visita realizada por un regidor del concejo de la ciudad de Sevilla, en compañía del alcaide de los alcázares y del prior del monasterio de San Pablo(17).

Respecto a su ubicación sabemos que al menos en el siglo XVI se encontraba en el centro de la ciudad, entre el Alcázar Real y la Catedral(18), lugar en el que, al parecer, se mantuvo hasta su desaparición en el siglo XVIII. Por una respuesta del escudero Juan Peinado a la pregunta séptima del interrogatorio sabemos que el inmueble era de dos plantas. Concretamente declaró este mismo testigo que el mayordomo daba "un aposento en verano abajo y otro de invierno arriba"(19).

 

2.-ORGANIZACIÓN INTERNA

Como era usual entonces, desde su fundación el hospital estuvo administrado por una cofradía. Los hermanos se reunían en Pascua para elegir, exclusivamente entre los cofrades, al mayordomo, al prioste y a los demás oficiales de la corporación.

El mayordomo era el máximo responsable del hospital y se elegía siempre de entre los hermanos del instituto. Todos los demás asalariados del hospital no tenían más vinculación con la cofradía que el pertinente contrato. Con respecto a la elección del mayordomo, Pedro de Villalobos, que fue escribano del hospital entre 1585 y 1587, declaró lo siguiente:

 

Que como lo manda el privilegio del dicho hospital y cada un año, el segundo día de Pascua de Navidad, los dichos cofrades se juntan a cabildo en el dicho hospital y por sus votos nombran un mayordomo y un prioste y dos contadores y un escribano para el gobierno de ella y para tomar cuentas a los oficiales que salen en la dicha elección del año antes(20).

 

Las Ordenanzas de los Reyes Católicos dejaban bien claro que la elección de mayordomo sería anual, especificando además su función que no era otra que "coger y administrar fielmente la dicha renta y de la aprovechar cuanto en él fuere para utilidad del dicho hospital"(21). Las Ordenanzas no señalaban, en cambio, si existía la posibilidad de reelegir por varios años consecutivos al mismo mayordomo, lo que provocó que se dieran de hecho dichas reelecciones. Por las declaraciones de los testigos presentados en el interrogatorio sabemos que el mayordomo Diego de Hérver fue reelegido dos años seguidos, mientras que Juan de Guarnizo lo fue consecutivamente cuatro años(22). Sin embargo, esta fue una de las cuestiones que el visitador Juan Sarmiento de Valladares reformó en los mandatos que dejó el 19 de enero de 1590:

 

Ítem que la elección de mayordomo se haga en cada un año y no se reelija el que hubiere sido mayordomo para el año siguiente antes luego que cumpla su año se haga nueva elección y se le tome cuenta dentro de seis días y se cobre el alcance y se entregue en poder del tesorero (23).

 

 

Otro de los cargos destacados y asalariados dentro del hospicio era el de capellán. Las Ordenanzas establecían la existencia de dos capellanes que dirían misa todos los días, cobrando cada uno por sus servicios 3.000 maravedís anuales(24). Además de dar misa, el capellán estaba obligado a comer con los pobres, a confortarlos espiritualmente y a administrarles el sacramento de la extremaunción, llegado el caso. Excepcionalmente los escuderos se quejaron que, cuando fue capellán un tal Cristóbal Sánchez, "pasaban 40 y hasta 50 días sin decir misa"(25). Sin embargo, se trató de una excepción porque, salvo en esa ocasión, todos los testigos recordaban haberse celebrado misa a diario en la capilla.

Pese a todo, las relaciones entre el mayordomo y el capellán fueron difíciles en los años precedentes a la visita de 1589. El mayordomo, Juan Guarnizo, se enfrentó directamente con el capellán Hernando Alonso Núñez, al cual terminó expulsando del hospicio. Al parecer, el capellán era un hombre "grave" que rehusaba el trato con los escuderos y que se vio rechazado tanto por estos como por el resto del personal administrativo del hospicio. La mayor parte de los testigos presentados en el interrogatorio vertieron sobre él duras críticas. Por ejemplo, Juan Peinado, declaró que decía misa todos los días pero que, incumpliendo las Ordenanzas, no comía con los pobres, ni asistía por la noche a rezar con ellos y que "a veces jugaba al ajedrez"(26). Otro de los testigos declaró "que nunca comía con los pobres en el refectorio, ni trataba, ni conversaba con ellos ni les doctrinaba; antes los trataba mal de palabra"(27). Al parecer Juan Guarnizo le compelió a que cumpliese las Ordenanzas y éste se agravió diciendo "que era persona grave y que no se igualaría con ellos"(28). La situación se saldó con su sustitución por otro capellán, el licenciado Aguilar, del que decían los escuderos que se portaba mejor con ellos, comía en el refectorio y "echaba la bendición a la mesa"(29).

Pero, la cosa no quedó ahí, el capellán ejerció sus influencias y muy posiblemente fue una de las causas fundamentales de la visita y reforma que se emprendió en 1589. El mismo capellán declaró que, dado que el mayordomo no residía en el hospital, en su ausencia, era importante que el capellán fuese "la cabeza... para que los pobres y (el) casero (le) tengan respeto y le obedezcan"(30). Precisamente, en los mandatos de visita, dictados por Juan Sarmiento, se hacía alusión en lugar preferente, a los "desórdenes" que había habido con el capellán, dando legalidad a la propuesta del mencionado clérigo. Más exactamente dispuso "que de aquí adelante, los pobres y los caseros y los demás ministros, por ausencia del mayordomo, respeten y tengan por cabeza al capellán que es o fuere del dicho hospital y cumplan lo que les ordenare y mandare(31).

Otro de los oficios relevantes en la gestión del hospital era sin duda el de escribano que, como es obvio, se encargaba de llevar los libros de cuentas y de redactar los inventarios. Poseía una de las tres llaves del arca donde se custodiaban lo archivos del centro.

Entre el personal no administrativo estaba el despensero, el casero y las amas. Estas últimas se encargaban de la asistencia a los pobres, así como de la limpieza del hospicio y la lavandería. El clérigo Núñez propuso que éstas fuesen viejas porque con motivo de haber habido hasta entonces algunas "mozas" era causa entre los escuderos "de pecados y de privación de raciones y castigos..."(32). En los mandatos de visita de 1590 el licenciado Valladares se limitó a pedir a las autoridades del hospital que los caseros y las amas fuesen personas honradas "y de buena vida y costumbres"(33).

El médico y el boticario eran dos empleos que no podían faltar, aunque se tratase más de un asilo de impedidos que de un hospital como lo entendemos hoy. Sin embargo la actividad médica en el centro era extremadamente precaria, y de hecho, los recursos que se destinaban para tal fin eran muy escasos. De hecho en 1561 se pagaba al doctor Alemán, médico del hospital 2.000 maravedís anuales, y al barbero 1.000(34). Desde 1572 el médico -llamado entonces doctor Andino- cobraba 1.000 maravedís anuales más, es decir, 3.000, mientras que el barbero había pasado de 1.000 a 1.500 (35). Estas mismas cantidades se mantuvieron al menos hasta 1586. Pero analicemos un dato, en 1583, el médico del hospital del Amor de Dios de Sevilla cobraba 22.500 maravedís anuales, mientras que el barbero percibía 4.500(36). Evidentemente, el sueldo del personal sanitario del hospicio era tan reducido -inferior incluso al del despensero- que nos está indicando claramente que su trabajo no era ni muchísimo menos exclusivo. Sencillamente, acudía al hospicio tan sólo cuando eran solicitados sus servicios, compaginando esta ocupación con otras, bien, en otros recintos hospitalarios, o bien, de forma autónoma. Es evidente que la infraestructura sanitaria del Hospital del Rey era muy precaria, tanto, que el antiguo capellán, Hernando Alonso Núñez, declaró que eran tan mal atendidos los escuderos "que algunos se van a otros hospitales y allí mueren" (37). Hernando Mosquera, uno de los escuderos, fue todavía más allá, al afirmar que sólo los curaban "de la botica" quince días "y si la enfermedad es larga no los curan"(38).

Otro de los oficios que de forma intermitente tuvo el hospital fue el de portero, cuyo cometido obviamente era abrir y cerrar las puertas del edificio, así como la vigilancia del acceso. Normalmente el centro permanecía abierto desde las 6 de la mañana hasta las 18 horas. Al parecer, según declaró un testigo, entre 1578 y 1579 fue portero del hospicio un tal Juan de Balderas el cual pasó con posterioridad a desempeñar el mismo puesto en el hospital del Cardenal (39). Sin embargo, todo parece indicar que debido a las carencias del centro se decidió suprimir esta plaza, pasando a desempeñar sus funciones el propio despensero. De hecho, el despensero Juan Francés, respondió a una de las preguntas del interrogatorio "que este testigo tiene las llaves de las puertas y tiene cargo de abrir y cerrar... que cierra al anochecer y abre por la mañana, cuando va a comprar de comer" (40). Pero como el hecho de que no hubiese vigilancia permanente en la entrada era causa de que se refugiasen delincuentes en el recinto, hubo de darse una solución alternativa. Entre los mandatos de visita dejados por Juan Sarmiento de Valladares, en 1590, figuraba que se alternasen los escuderos en la portería, de forma que se evitase la recepción de "retraídos" en el edificio (41). Al parecer la alternancia se haría por semanas, sin embargo, uno de los escuderos, Hernando de Mosquera, no tardó en presentar un recurso para evitar dicho servicio, alegando que era "inútil para ello por ser cojo y manco y paralítico de todo el lado derecho y tanto que aún el pan para comer no lo puedo cortar, ni menos puedo hablar..." (42).

 

 

3.-LA ECONOMÍA DEL HOSPICIO: RENTAS Y SALARIOS

La renta del Hospital del Rey fue siempre escasa para mantener incluso al corto número de 13 escuderos que dictaban las Ordenanzas. Hasta tal punto era así que, como ya hemos afirmado, durante gran parte del siglo XVI se decidió acoger tan sólo a 12 escuderos, con el objeto de atenderles mejor. En las ordenanzas de 1500 se mencionaban los siguientes ingresos:

 

Y para cumplir y pagar y hacer todas las cosas susodichas y cada una de ellas dotamos y dejamos al dicho hospital para siempre jamás noventa y seis mil ochocientos y cincuenta maravedís situados en la renta de la alcabala del trigo (roto) y harina y semillas y cuartillo (roto)... afuera de sus alquileres que son ahora dos mil y novecientos y ochenta y seis maravedís y los alquileres de otras ciertas casas que tiene el dicho hospital en la dicha ciudad que son ahora seis mil y novecientos y ochenta maravedís que son por todos ciento y diez y seis mil y doscientos y diez y seis maravedís(43).

 

 

Por tanto, está claro que en 1500 sus ingresos se limitaban a 96.850 maravedís dejados por el Rey sobre las alcabalas, a los que había que sumar la renta de los alquileres de ciertas casas que habían sido donadas por algunos escuderos. Esta renta se veía incrementada con "cierta cantidad de sayal -1.000 varas- que pagaba el cabildo de Sevilla". Posiblemente el valor de este sayal no debió superar los 10.000 maravedís por lo que la renta total del hospital debió ser de unos 126.216 maravedís(44).

Como es lógico, esta renta fue aumentando con el paso del tiempo, de forma que en 1589 todos los testigos presentados en el interrogatorio coincidieron al afirmar que la renta total del hospicio ascendía a unos 1.000 ducados, es decir, unos 374.000 maravedís (45). La renta aumentó muy ligeramente en las décadas sucesivas, pues, en 1669, se estimaban sus ingresos en 12.000 reales, es decir, unos 408.000 maravedís(46).

En cuanto a los salarios que se pagaban, disponemos de los datos comprendidos entre 1561 y 1585.

 

 

 

CUADRO I

SALARIOS PAGADOS EN EL HOSPITAL

DEL REY (1561-1586)(47)

 

OFICIOS

1561

1571

1581

1586

MAYORDOMO

9.000

15.000

20.000

20.000

CAPELLÁN

6.000

8.000

10.000

12.000

DESPENSERO Y CASERA

4.313

7.626

9.000

9.000

AMA

8.160 (48)

4.080

4.896

4.896

DOCTOR

2.000

2.000

3.000

3.000

ESCRIBANO

1.000

2.000

2.000

2.000

BARBERO

1.000

1.500

3.000

3.000

TOTAL

31.474

40.206

51.896

53.896

 

 

Por los salarios y el personal empleado en el hospital del Rey nos podemos hacer una idea de la modestia de este hospicio, pese a su fundación Real. Por ejemplo, en 1583 los salarios que pagaba el hospital del Amor de Dios ascendían a 194.858 (49), es decir, una cifra casi tres veces superior al coste de los empleados del Hospital del Rey. Aún así, es cierto que había algunos oficios muy bien remunerados. De hecho, el capellán cobraba en 1586 12.000 maravedís anuales, mientras que los de los hospitales del Amor de Dios y de las Bubas percibían tan solo 7.500 y 6.000 maravedís respectivamente. También cobraban importantes honorarios el mayordomo y el matrimonio formado por el despensero y la casera. Concretamente, estos últimos, se embolsaban la respetable cantidad de 9.000 maravedís anuales. Frente a ellos, llama la atención el escaso salario del médico que en 1586 cobraba el mismo sueldo que el barbero, lo que nos vuelve a indicar la escasa importancia que en estos hospicios o asilos tenía la medicina.

El resto del gasto se dedicaba fundamentalmente a la compra de alimentos para los escuderos, reservando una cantidad muy pequeña para su vestuario y su calzado. Normalmente se compraban 37 arrobas de aceite para todo el año, que en 1582 costaron 13.960 maravedís, trigo para todo el año, así como carne, pescado, habas, y otras legumbres.

Comúnmente no se les proporcionaba ropa a los escuderos porque, según decían los administradores, no había rentas suficientes para ello. En este sentido declararon los mismos lisiados en el interrogatorio que alguna vez se le pagó algún colchón y que para vestirse debían vender algunas raciones de su alimentación. Tan sólo el día de Todos los Santos se les daba 16 reales para el calzado(50).

 

4.-LA REFORMA DE 1590

Cuando en 1589 el licenciado Juan Sarmiento de Valladares comenzó la visita al hospicio, éste era un completo desastre, agudizado todo por sus pobres rentas. Las rivalidades y enemistades dentro del hospicio eran grandes. Primero entre el tesorero y el mayordomo, cuya enemistad redundaba de lleno en la alimentación del hospital. Al parecer, el enfrentamiento llegó a tal extremo que éste no daba a tiempo el dinero al mayordomo para que comprase los alimentos cuando los precios estaban más asequibles. El perjuicio para el hospicio era muy grande ya que el mayordomo se veía obligado a comprar los alimentos poco a poco, conforme se consumían, y a precios desorbitados. En este sentido, el despensero Juan Francés, declaro que por el enfrentamiento entre el tesorero y el mayordomo "no se compra el pan y el aceite y el carbón a su tiempo y que se compra por menudo conforme se va comiendo y el culpable es el tesorero porque aunque el mayordomo Juan de Guarnizo le pide el dinero (éste) no se lo da..."(51).

Asimismo había, como ya hemos afirmado, una gran enemistad entre el capellán, por un lado, y el mayordomo y el despensero por el otro, que se traducía en reproches mutuos. Según el propio capellán el mayordomo Guarnizo les dijo a los escuderos "que no le obedeciesen en nada", faltándole el respeto continuamente el despensero Juan Francés. El capellán acusaba precisamente al mayordomo Juan Guarnizo de que el despensero Juan Francés le hubiese perdido el respeto "digno de su oficio y le dio voces...con palabras descomedidas y de mal tino"(52).

El ambiente era tan negativo dentro del hospital que incluso se llegaba a las agresiones físicas. Juan Peinado describió uno de los enfrentamientos entre el despensero Juan Francés y uno de los escuderos con las siguientes palabras:

 

 

Y que después de ser admitido dio una caída en esta manera que un día estaba el dicho Pero Gómez y Juan de Vega, escudero, murmurando de Alonso Francés, casero, y de su mujer y el dicho Alonso Francés lo entendió según oyó decir este testigo y que el dicho Alonso Francés le había dicho que se entrase en su aposento que para que estaba murmurando de nadie y fue público que el dicho Alonso Francés, casero, dio un rempujón(sic) de que había caído en el suelo y este testigo a la sazón estaba abajo en el patio y oyó dar gritos al dicho Pero Gómez, diciendo: ¡ay, que me ha muerto!, y este testigo subió arriba y le habían levantado y desde entonces anda cojo con dos muletas y esto responde a la pregunta (53).

 

Se trata, sin duda, de un caso anecdótico pero que muestra el enrarecido ambiente que se vivía entre los muros del hospicio. Por otro lado, el visitador detectó un fraude manifiesto en la elección de escuderos hasta el punto que dispuso eximir de sus raciones a nada menos que tres de los 12 escuderos, a saber: a Pedro López, Hernando de Dueñas y Pedro Gómez, por "haber sido recibidos contra las Ordenanzas"(54). Los testigos declararon que los tres eran útiles para trabajar, que no tenían Cédula Real y que, incluso, Pedro Gómez era carpintero mientras que Pedro López trabajaba de sastre dentro del hospital y tenía una casa "de por vida" que le rentaba 70 ducados(55). Es más, sorprende que no fuera suspendido de su ración el escudero Juan de Soto que no residía en el hospital sino en su casa, a donde se le llevaba la comida(56). Los casos que mencionan los testigos referentes a escuderos elegidos sin Cédula Real y con capacidad para vivir por si solos son numerosos, prefiriéndose estos a otros con Cédula de Su Majestad(57).

Por si estas irregularidades fueran pocas, la gestión de los mayordomos fue tan pésima que llevó al hospicio a situaciones verdaderamente difíciles para los escuderos. Los testigos declararon que como los mayordomos no se encargaban de cobrar las rentas hubo meses en los que no se les pudo dar sus raciones alimenticias. Concretamente decían que, cuando Diego de Hérver fue mayordomo, estuvieron cinco meses sin comer, mientras que con Francisco de Torres "en siete meses no les dieron de comer, ni otra cosa ninguna, a causa de lo cual pasaron mucha necesidad"(58). Con respecto al vestido, declararon los testigos que el último año que se les dieron unas camisas fue en 1577 y que, desde entonces, nunca se les había entregado más que 16 maravedís para calzado cada año(59). Por este motivo los escuderos se veían obligados a cobrar parte de su ración alimenticia en metálico para poder vestirse porque, según declaró el escudero Juan de Vega, "de otra manera andarían desnudos"(60).

La ración alimenticia diaria era la siguiente: dos cuartillos de vino, dos libras de pan, media libra de carne -o en su defecto pescado- y tres manzanas de fruta. Asimismo, se le entregaba a cada escudero dos cuartillos de aceite al mes(61). El almuerzo lo realizaban todos juntos en el refectorio mientras que la cena la tomaban en sus habitaciones.

Debido a toda esta problemática en 1590 el licenciado Juan Sarmiento de Valladares dictó sus mandatos de visita que si bien no reformaron esencialmente el hospital al menos sí que se mejoraba su ordenamiento interno. Regularizó la alimentación y el vestido de los escuderos para que vistiesen con dignidad, se le dio más poder al capellán y se intentó velar por las normas morales dentro del recinto. Aun así, de poco debió servir esta reforma de 1590 porque no se subsanó la causa real de los males que no era otra que sus escasas rentas económicas.

 

5.-SU DESAPARICIÓN

La documentación de que disponemos para reconstruir la historia de este hospicio en los siglos XVII y XVIII se limita a algunas referencias muy esporádicas. En cualquier caso todo parece indicar que durante toda la Edad Moderna se mantuvo más o menos con la misma precariedad que había padecido durante el siglo XVI.

Aguilar Piñal lo documentaba entre los hospitales existentes en el siglo XVIII(62), prolongando su existencia hasta 1794(63). Efectivamente en este año el edificio del viejo Hospital del Rey se adjudicó al Hospital de los Inocentes(64), acabando de esta forma más de cinco siglos de historia de un hospicio fundado en el tercer cuarto del siglo XIII nada menos que por Alfonso X "el Sabio".

 

NOTAS

 

1.-CARMONA GARCÍA, Juan Ignacio: El sistema de la hospitalidad pública en la Sevilla del Antiguo Régimen. Sevilla, Excma. Diputación Provincial, 1979, págs. 75 y 322.

2.-Ibídem.

3.-HERMOSILLA MOLINA, Antonio: "Los hospitales reales", en Los hospitales de Sevilla. Sevilla, Real Academia Sevillana de Buenas Letras, 1989, Págs. 35-52.

4.-Expediente sobre el hospital real de Sevilla, 1589-1590. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

5.-HERMOSILLA MOLINA: Ob. Cit., pág. 40.

6.-Respuesta de Hernando de Mosquera a la primera pregunta del interrogatorio. AGS, Consejo Real 517, N. 1. Respuestas muy similares dieron el despensero Juan Francés y el también escudero Juan de Vega.

7.-Se reproducen en el apéndice I.

8.-HERMOSILLA MOLINA: Ob. Cit., pág. 41.

9.-Ver el apéndice I.

10.-Ibídem.

11.-Por ejemplo, el escudero Gonzalo de Mesa declaró en 1589 que "de veinte y dos años a esta parte siempre ha oído que hay doce pobres y no trece". Interrogatorio sobre el hospital del Rey, 1589. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

12.-Véase el apéndice I.

13.-Ibídem.

14.-"Ítem mandamos que los dichos trece pobres coman todos los días de el dicho hospital un cahiz de trigo para cada uno de los dichos pobres por un año entero y una libra de carne mitad de vaca y mitad de carnero para cada día la cual sea de diez y seis onzas el valor de ello para pescado el día que no fuere de carne y tres cuartillos de vino y para las otras cosas necesarias al mantenimiento se les de lo que por vos los dichos cofrades juntamente con el dicho mayordomo o limosnero fuere ordenado y determinado". Ibídem.

15.-"Ítem, mandamos que cada año se de vestir a los dichos pobres de esta manera que se de a cada uno de ellos una loba de hasta seis varas de paño de cien maravedís la vara y un sayo de (roto) y un jubón (roto) negro y un par de (roto) y un par de calzas (roto) de el dicho paño y (roto)". Ibídem.

16.-Ibídem.

17.-Declaración del testigo Gonzalo de Mesa a la pregunta 18 del interrogatorio. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

18.-HERMOSILLA MOLINA: Ob. Cit., p. 42.

19.-Declaración de Juan peinado a la pregunta séptima del interrogatorio, 1589. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

20.-Respuesta de Pedro de Villalobos a la pregunta segunda del interrogatorio. Ibídem.

21.-Véase el apéndice I.

22.-Declaración de Juan Peinado, escudero, y de Juan Francés, despensero del hospital, a la segunda pregunta del interrogatorio. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

23.-Véase el apéndice III.

24.-Véase el apéndice I.

25.-Declaración de Juan de Balderas, portero que fue del hospital, a la pregunta sexta. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

26.-Declaración de Juan Peinado a la pregunta decimosegunda. Ibídem.

27.-Declaración del escudero Pedro Guerrero a la pregunta decimosegunda. Ibídem.

28.-Declaración del escribano Pedro de Villalobos a la pregunta decimosegunda. Ibídem.

29.-Declaración de Pedro Guerrero a la pregunta decimosegunda. Ibídem.

30.-Declaración del licenciado Hernando Alonso Núñez, clérigo presbítero, capellán que fue del hospital, a la pregunta decimonovena. Ibídem.

31.-Véase el apéndice III.

32.-Declaración del licenciado Hernando Alonso Núñez a la pregunta decimonovena. Ibídem.

33.-Véase el apéndice III.

34.-Traslado de las cuentas desde 1561 a 1586. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

35.-Ibídem.

36.-CARMONA GARCÍA: Ob. Cit., págs. 482-483.

37.-Declaración de Hernando Alonso Núñez a la pregunta novena. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

38.-Declaración de Hernando Mosquera a la pregunta novena. Ibídem.

39.-Declaración del escribano Pedro de Villalobos a la pregunta decimoséptima. Ibídem.

40.-Declaración de Juan Francés a la pregunta decimoséptima del interrogatorio. Ibídem.

41.-Véase el apéndice III.

42.-Carta de Hernando Mosquera al mayordomo del hospital, Sevilla, 24 de enero de 1590. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

43.-Véase el apéndice I.

44.-Buscando los precios del sayal en torno a 1500 lo más parecido que hemos encontrado es el valor del lienzo en aquella época, en Castilla la Nueva. Mientras el sayal era una tela de lana basta el lienzo era un género mucho más fino normalmente de algodón, aunque también podía ser de lino o cáñamo. El precio del lienzo en Castilla la Nueva en 1502 era de 19,6 maravedís la vara. HAMILTON, Earl J.: El tesoro americano y la revolución de los precios en España, 1501-1650. Barcelona, Ariel, 1983, pág. 338. El sayal, aunque utilizaba más materia prima, debía ser mucho más barato, posiblemente la mitad.

45.-La declaración de Juan de Sanabria fue la más detallada de todas, informándonos de la ubicación de algunos de los bienes inmuebles de la institución:"...Tiene por bienes y renta un juro que le dieron los dichos reyes que lo fundaron de setenta y tantos mil maravedís en cada un año sobre las rentas de esta ciudad y este juro está declarado en el privilegio de la institución del dicho hospital que ha visto este testigo y más tiene ciertos pares de casas que están dentro del compás que dicen del dicho hospital donde están los sombreros y otras casas pared y media que las solía tener de por vida el racionero Estanquero difunto y otros dos pares de casas, unas en la rabeta en una calleja a la plazuela de los Comitres y otras a la Feria, collación de Omnium Sanctorum y otro juro que paga Sevilla que no se acuerda de que cantidad es más de que lo paga por razón de otras casas que la dicha ciudad tomó al dicho hospital para labrar la puerta nueva que se labra en la Puerta de Triana y que no sabe si tiene otra renta". Respuesta de Juan de Sanabria, escudero del hospital, a la primera pregunta del interrogatorio. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

46.-HERMOSILLA MOLINA: Ob. Cit., Pág. 41.

47.-Las cifras están expresadas en maravedís.

48.-Este año estuvieron contratadas dos "amas".

49.-CARMONA GARCÍA: Ob. Cit., págs. 482-483.

50.-Véase, por ejemplo la declaración del escudero Hernando Mosquera a la quinta pregunta del interrogatorio. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

51.-Declaración de Juan Francés a la pregunta décima. Ibídem.

52.-Declaración del clérigo Hernando Alonso Núñez a la pregunta decimoséptima.

53.-Respuesta de Juan Peinado a la pregunta quinta. Ibídem.

54.-Véase el apéndice III. Los escuderos eran en 1590 los siguientes: Gonzalo de Mesa, Hernando de Mosquera, Juan de Vega, Juan Peinado, Juan de Soto, Hernando de Dueñas, Pedro de Guerrero, Juan de Sanabria, Diego del Pozo, Hernando de Flores, Pedro Gómez y Pedro López.

55.-Véase las declaraciones de Juan peinado y de Juan de Vega a la pregunta quinta. AGS, Consejo Real 517, N. 1.

56.-Véase por ejemplo la declaración del capellán Hernando Alonso a la primera pregunta del interrogatorio. Ibídem.

57.-Por ejemplo los testigos citan el caso de un tornero "desnarigado" por los turcos mientras servía en las galeras de Su Majestad, que pese a tener Cédula Real no se le dio cobijo en el asilo. Ibídem.

58.-Véase por ejemplo la declaración de Hernando Mosquera a la pregunta cuarta. Ibídem.

59.-Declaración de Gonzalo de Mesa a la pregunta decimosegunda del interrogatorio. Ibídem.

60.-Declaración de Juan de Vega a la pregunta novena. Ibídem.

61.-Declaración de Juan de Balderas a la pregunta octava. Ibídem.

62.-AGUILAR PIÑAL, Francisco: Historia de Sevilla. Siglo XVIII. Sevilla, Universidad de Sevilla, 1982, pág. 292.

63.-HERMOSILLA MOLINA: Ob. Cit., pág. 42.

64.-Ibídem.

 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

APÉNDICE I

 

Traslado de las ordenanzas dadas por los Reyes Católicos al Hospital Real de Sevilla, Granada, 27 de agosto de 1500.

 

"Este traslado bien y fielmente sacado de ciertas ordenanzas que el Hospital Real de esta ciudad tiene hechas por los señores Reyes Católicos, don Fernando y doña Isabel, que santa gloria hayan, escritas en pergamino, firmado de Sus Majestades y refrendado de Miguel Pérez de Almazán, su secretario, su tenor del cual es el siguiente:

Don Fernando y doña Isabel por la gracia de Dios, Rey y Reina de Castilla, de León, de Aragón, de Sicilia, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorcas (sic), de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, y de las islas de Canarias, condes de Barcelona, y señores de Vizcaya, y de Molina, duques de Athenes y de Neopatria, condes de Rosellón, y de Cerdaña, Marqués de Oristán, y de Goçiano a vos los cofrades de el nuestro Hospital del Rey de la Muy Noble ciudad de Sevilla, salud y gracia sepáis que por la visita (roto) de gloriosa memorial, fundadores y dotadores de el dicho hospital y que según se colige de algunas escrituras que en la dicha visitación se hallaron era que en el dicho hospital estuviesen continuamente trece pobres a quien se diesen ciertos maravedís para vestir y calzar y como quiera que por ellas no se declara si los dichos pobres han de ser alimentados de las rentas del dicho hospital o no, pero porque a nos como Rey y Reina y señores pertenece la interpretación y declaración de la voluntad de los dichos nuestros antecesores y como a patrones que somos del dicho hospital conviene mandar o reformar y dar orden y forma como sal (roto).

Ordenamos que en la capilla del dicho hospital cada día se diga una misa rezada por uno de dos capellanes que por vos los dichos cofrades fueren elegidos, los cuales ambos hayan de salario seis mil maravedís en cada un año, a cada uno tres mil maravedís. Y los dichos capellanes sean obligados por si o por otro, siendo ellos legítimamente impedidos, de administrar los Santos Sacramentos a los dichos pobres y a otras personas del dicho hospital cuando fuere necesario los cuales capellanes queremos y es nuestra merced y voluntad que se puedan poner y quitar por sola voluntad de los dichos cofrades.

Ítem, ordenamos y mandamos que de aquí adelante perpetuamente hayan de estar y estén en el dicho hospital presentes (roto) trece hombres (roto) voluntad que los dichos trece pobres hayan de ser y sean de las personas que en nuestro servicio o de los Reyes nuestros descendientes que por tiempo fueren recibieron o recibieren mutilación o debilitación en sus miembros de tal suerte que sean inútiles para se poder sustentar y mantener por su sudor y trabajo y en defecto de los tales pobres se reciban en el dicho hospital los cofrades de vuestra cofradía que vinieren en tanta pobreza y necesidad que no se puedan sustentar y mantener de su trabajo. Y no se hallando personas pobres entre vos los dichos cofrades así calificados permitimos que en defecto de ellos sean recibidos otros pobres así necesitados.

Ítem, (roto) la elección y nombramiento de los dichos trece pobres y los otros oficiales personas necesarias para el servicio del dicho hospital en la elección y nombramiento de los cuales mando que se tenga la forma siguiente: que cada y cuando ocurriere vacación de los dichos trece pobres o de cualquiera de ellos los dichos cofrades que a la sazón se hallaren en la dicha ciudad se ayunten (sic) en el dicho hospital dentro de tercero día y, así ayuntados, pongáis y hagáis poner cartas de edicto so un tenor de las cuales, la una, sea puesta fija en la puerta de el dicho hospital, y, la otra, en una de las plazas más principales, o en la Iglesia Mayor de esta ciudad de Sevilla, puestas y fijas (roto) de veinte días para (roto) venir a noticia de los (roto) pobres de la dicha ciudad de Sevilla y su tierra (roto) vos sobre la persona o personas que debieren ser nombradas continuando la plática y comunicación de ella por dos tratados y ayuntamientos, dentro de seis días primeros siguientes elijáis y nombréis la persona o personas que, según Dios y vuestras conciencias, os parecieren ser más conformes a lo por nos ordenado y establecido, la cual haciéndose según dicho es por vos los dichos cofrades o la mayor parte de los que presente vos halláredes, mandamos que la persona así por vos elegida goce desde (roto) dentro de los términos sobredichos que aquellos pasados perdáis y hayáis perdido por aquella vez el derecho de elegir y nombrar y se devuelva y por la presente lo devolvemos al prior del monasterio de San Pablo y al nuestro alcaide del alcázar de la dicha ciudad o su lugarteniente, a los cuales mandamos y encargamos que dentro de seis días ambos a dos hagan la dicha elección conforme a las ordenanzas sobredichas.

Ítem, mandamos que a cada uno de los dichos trece pobres de el dicho nuestro hospital se le de una cama aparte sobre si para su habitación y una cama en que duerma en que haya dos colchones (roto) y una manta (roto) un par de almohadas (roto).

Ítem, mandamos que los dichos trece pobres coman todos los días de el dicho hospital un cahiz de trigo para cada uno de los dichos pobres por un año entero y una libra de carne, mitad de vaca y mitad de carnero, para cada día, la cual sea de diez y seis onzas el valor de ello, para pescado el día que no fuere de carne y tres cuartillos de vino y para las otras cosas necesarias al mantenimiento se les de lo que por vos los dichos cofrades juntamente con el dicho mayordomo o limosnero fuere ordenado y determinado.

Ítem, mandamos que cada año se dé (de) vestir a los dichos pobres de esta manera: que se de a cada uno de ellos una loba de hasta seis varas de paño, de cien maravedís la vara, y un sayo de (roto), y un jubón (roto) negro, y un par de (roto), y un par de calzas (roto) de el dicho paño y (roto).

Ítem, ordenamos y mandamos que los dichos pobres y las otras personas del dicho hospital oigan cada día misa en la dicha capilla, cesante justo impedimento, y que vivan honesta y quietamente y se traten y honren los unos a los otros y cesen entre ellos discordias y todas otras cosas de mal ejemplo. Y si en esto o en semejantes cosas excedieren sean punidos y castigados por el dicho mayordomo o limosnero según su justo arbitrio y la calidad de la culpa. Y mandamos a los dichos pobres y a las otras personas del dicho hospital que obedezcan y cumplan las penas y penitencias que por ello les fueren impuestas, pero sin que tales personas hicieren al hospital grave delito, mandamos que, punidos por la justicia, (roto).

Ítem, mandamos que los hermanos y cofrades elijáis (roto) buena persona (roto) para gastar y distribuirlas en la manera susodicha y la persona que así por nos fuere elegida mandamos que de fianzas llanas y abonadas y jure en forma de coger y administrar fielmente la dicha renta y de la aprovechar cuanto en él fuere para utilidad del dicho hospital y dar buena cuenta de ella leal y verdadera en fin de cada año y pagar lo que por la dicha cuenta se le alcanzare, al cual mandamos que por su trabajo se le den en cada año nueve mil maravedís de salario.

Ítem, mandamos y encargamos al dicho limosnero que así nombramos que tenga cargo de comprar en tiempos convenibles del año (roto) las cosas y bastimentos que fueren menester de se comprar (roto) para el mantenimiento de los dichos pobres y personas de él (roto).

Ítem, (roto) y mandamos (roto) y administrarlos y lavar la ropa de ellos y barrer y limpiar el dicho hospital, cerrar y abrir las puertas de él en los tiempos necesarios, y servir (a) los pobres en su enfermedad y sanidad, y hacer las otras cosas convenientes al servicio del dicho hospital, a los cuales mandamos que por su trabajo se les de comer, y beber, y vestir y calzar a los dichos hospitaleros y hospitaleras según y como a cada uno de los dichos pobres y más quinientos maravedís a cada uno cada año, y a la dicha mujer de servicio, en compensación de lo que se le había de dar de vestir, se le den dos mil maravedís de soldada en cada un año.

Ítem, mandamos que el dicho hospital tenga un físico y un boti(cario) y que al dicho físico se le de del hospital mil maravedís cada año y tenga cargo de curar las personas (roto) y las medicinas (roto) el hospital que están en él edificadas de la puerta de medio a dentro oír que así conviene a la honestidad de la dicha casa y de los pobres que en ella estuvieren.

Ítem, mandamos que ahora y de aquí adelante se guarde a las personas que vinieren a morar en las casas del dicho hospital de la puerta de en medio a fuera la franqueza y libertad que hasta aquí se van guardando a las personas que han vivido y morado en las dichas casas.

Y para cumplir y pagar y hacer todas las cosas susodichas y cada una de ellas dotamos y dejamos al dicho hospital para siempre jamás noventa y seis mil ochocientos y cincuenta maravedís situados en la renta de la alcabala del trigo (roto) y harina y semillas y cuartillo (roto) vendieren fuera de la al(roto) dicha ciudad y en la impo(roto) pescado fresco (roto)... medio afuera de sus alquileres que son ahora dos mil y novecientos y ochenta y seis maravedís y los alquileres de otras ciertas casas que tiene el dicho hospital en la dicha ciudad que son ahora seis mil y novecientos y ochenta maravedís que son por todos ciento y diez y seis mil y doscientos y diez y seis maravedís y mil varas de saya.

Y por esta nuestra carta o por su traslado signado de escribano público mandamos al concejo, asistente, alcaldes, alguacil mayor, veinticuatros caballeros, jurados, escuderos, oficiales y hombres buenos de la dicha ciudad de Sevilla y a los arrendadores, fieles y cogedores y otras cualesquieras personas que tienen o tuvieren cargo de recaudar y recibir y cobrar nuestras rentas de la dicha ciudad donde (roto) los dichos maravedís y saya (roto) y hagan recudir con los (roto) seis mil y doscientos y (roto) y mil varas de sayal... (roto) a estas nuestras ordenanzas o a quien su poder para ello hubiere a los plazos y tiempos, según y en la manera que son obligados a los pagar por virtud de los privilegios y costumbre que el dicho hospital tiene y que en ello ni parte de ello embargo ni contrario alguno no vos pongan ni consientan poner so pena de lo pagar con otro tanto en pena e intereses para el dicho hospital y allende de aquello no se pagando los dichos maravedís y sayas o su valor a los plazos y tiempos acostumbrados, mandamos que sin dilación alguna por vigor de esta nuestra carta o de su traslado signado como dicho es se haga ejecución por los dichos maravedís y sayal en las personas y bienes de los arrendadores y fieles y cogedores (roto) donde los dichos maravedís (roto) están situados y se vendan en pública almoneda y rematen... (roto).

Y porque así entendemos que cumple a servicio de Dios nuestro Señor y al bien del dicho hospital revocamos, cesamos, y anulamos y damos por ningunas y de ningún valor y efecto cualesquieras cartas de mercedes y expectativas que hasta aquí hayan sido dadas así por nos como por los reyes donde nos venimos a cualesquieras personas de cualquier estado o condición que sean de cualesquieras naciones y limosnas que en el dicho hospital se solían y acostumbraban dar y mandamos a vos los dichos cofrades y limosnero que por virtud de ellas ni de alguna de ellas no acudáis y hagáis acudir a algunas de las dichas personas que tuvieren las tales cartas (roto) mercedes con las raciones (roto) en ellas y en cada (roto) contenidas ni con cos... (roto).

Otrosí, por cuanto por la (roto) parece que el dicho (roto) y novecientos y sesenta y seis maravedís cada uno, según de suso se contiene de los cuales dichos maravedís de los alquileres de las dichas casas y de las limosnas que las personas devotas dan al dicho hospital vos los dichos cofrades por vos y vuestros antecesores de tiempo inmemorial a esta parte acostumbrasteis y acostumbráis tener en el dicho hospital más de veinte camas para acoger continuamente en ellas los pobres peregrinos que allí vienen y para reparar al dicho hospital y hacer algunas memorias y otras obras caritativas y piadosas, permitimos y concedemos pues todo ello tiende en servicio de Dios que cumplidos todos los cargos y gastos de los dichos trece pobres y de las otras personas según de suso está ordenado (roto) que sobrare lo podáis convertir (roto) contribuir en las dichas obras (roto) y reparo del dicho hospital según y como hasta aquí lo solíais hacer (roto) más piadosa y provechosa (roto) diere sobre lo cual os (roto) conciencias.

Se haga inventario de todos los bienes de el dicho hospital y toméis cuenta de las rentas de los mayordomos o limosnero que hubiere tenido cargo de ellas y averigüéis y fenezcáis la dicha cuenta y si algo se le alcanzare compeláis a ello a sus fiadores a lo pagar con efecto y lo convirtáis y distribuyáis en aquellas cosas que fueren necesarias y provechosas al dicho hospital.

Otrosí exhortamos y encargamos al dicho prior del dicho monasterio de San Pablo y mandamos al dicho alcaide de los alcázares de la dicha ciudad y a su lugarteniente que por servicio de Dios y nuestro vayan en fin de cada año al dicho hospital y le visiten, tomando las cuentas de las personas y bienes de él, inquiriendo cómo fueron elegidos los pobres que a la sazón estuvieren en el dicho hospital y si fue hecha la elección de ellos conforme a estas ordenanzas y como son (roto) y si se han guardado y guardan (roto) ordenanzas y si hallaren (roto) en parte no fueron (roto) enmienden y reformen (roto) para lo cual les damos poder cumplido con todas sus incidencias y dependencias anexidades y conexidades y mandamos a vos los dichos cofrades y las otras personas a quien este negocio atañe y atañer puede que libremente les permitas y permitan ir a visitar cada año el dicho hospital y tomar las dichas cuentas y hacer las otras cosas a la visitación en reformación del dicho hospital útiles y provechosas.

Porque vos mandamos a todos y a cada uno de vos que veáis los dichos capítulos y ordenanzas que de suso en esta nuestra carta se contienen y de aquí adelante las guardéis y cumpláis y ejecutéis y hagáis guardar y cumplir y ejecutar en todo y por todo según con en ellas se contiene y contra el tenor y forma de estas ordenanzas no vayáis ni paséis ni consintáis ir ni pasar y los unos ni los otros no hagáis ni hagan ende al en tiempo alguno ni por alguna manera so pena de diez mil maravedís para la nuestra cámara a cada uno que lo contrario hiciere y demás mandamientos (roto) y esta nuestra carta... (roto) so la dicha pena so la cual mandamos a cualquier escribano público que para esta fuere llamado que de ende al que vos la mostrare escribano signado con su signo porque nos sepamos en como se cumple nuestro mandado. Dada en la muy nombrada y gran ciudad de Granada, a veinte y siete días del mes de agosto año del nacimiento de nuestro salvador Jesucristo de mil y quinientos años. Yo el Rey, yo la Reina. Yo Miguel Pérez de Almazán, secretario del Rey y de la Reina nuestros señores, lo hice escribir por su mandado, Francisco Díaz, canciller, registrada, Alonso Pérez y al fin del dicho privilegio están siete firmas que por no poderse leer algunas de ellas no se sacaron.

Hecho y sacado y corregido y concertado fue este traslado de las dichas ordenanzas originales, en la ciudad de Sevilla a diez y ocho días del mes de agosto de mil y quinientos y ochenta y nueve años,. y fueron testigos a lo ver, corregir y concertar Juan de Villabona Çubiaurre y Alonso López de Paredes, vecinos de Sevilla".

(AGS, Consejo Real 517, N. 1)

 

APÉNDICE II:

 

Real Cédula enviada a Juan Sarmiento, San Lorenzo, 13 de octubre de 1589.

 

"Licenciado Juan Sarmiento de Valladares, del nuestro consejo y nuestro asistente de la ciudad de Sevilla, ya sabéis como habiendo yo sido informado que algunos soldados estropeados a quien habíamos hecho merced de mandar dar raciones en el

Hospital Real de esa ciudad habían vuelto aquí, agraviándose de que el prioste y cofrades de él no les cumplían las cédulas nuestras que para ello llevaban y daban las dichas raciones a las personas que querían por una Real Cédula firmada de mi mano fecha en San Lorenzo a diez y siete de junio de este presente año os mandamos nos enviaseis relación de la fundación del dicho hospital y de la renta que tiene y qué origen y fundamento tuvieron las raciones que se dan en él y cuántas son y lo que vale cada una y quién las manda dar y a qué personas y si nos pertenece la presentación y nombramiento de ellas o a quien y lo que cerca de esto disponen las constituciones del dicho hospital y si en él se han acostumbrado las dichas raciones a los que por nos y los Reyes mis predecesores han sido proveídas de ellas y de qué tiempo a esta parte se ha dejado de hacer y por qué causa y si cerca de ello convenía dar alguna orden y en qué forma para que las dichas nuestras cédulas se cumpliesen. En cumplimiento de la cual nos enviasteis la dicha relación en consulta de veinte y cinco de agosto de este dicho año juntamente con un traslado de ciertas ordenanzas que los Católicos Reyes don Fernando y doña Isabel, mis bisabuelos y señores que santa gloria hayan, mandaron hacer el año pasado de mil y quinientos para el buen gobierno del dicho hospital, habiéndolo hecho primero visitar, y ciertas cédulas reales originales de presentaciones que nos y los Reyes nuestros predecesores hemos hecho de las dichas raciones. Todo lo cual, visto por algunos del nuestro Consejo, habemos (sic) acordado de mandar visitar el dicho hospital, y confiando de vuestra persona que haréis la visita de él como más convenga (al servicio de Dios y) nuestro y bien de los pobres, os la habíamos querido encargar y cometer (roto). Cometemos y os mandamos que luego que esta nuestra cédula recibiéredes (roto) así en lo que toca a las rentas y hacienda de él como las personas (roto) y otros oficiales que han sido y son y de los pobres que en él estén (roto) cuentas de las dichas rentas de los años que pareciere a las personas (roto) a darlas y haciendo cobrar los alcances...(parte en mal estado e ilegible).

Fecha en San Lorenzo, a trece de octubre de mil y quinientos y ochenta y nueve años. Yo el Rey, por mandado del Rey Nuestro Señor, Juan Vázquez".

(AGS, Consejo Real 517, N. 1).

 

 

APÉNDICE III

 

Mandatos que proveyó Juan Sarmiento de Valladares tras la visita realizada al Hospital Real, Sevilla, 19 de enero de 1590.

 

"En la ciudad de Sevilla, diez y nueve días del mes de enero de mil y quinientos y noventa años, el señor Juan Sarmiento de Valladares, del Consejo del Rey Nuestro Señor, habiendo visto la visita que ha tomado por comisión de Su Majestad del Hospital Real de esta ciudad y de sus bienes y rentas y de lo que para el buen gobierno del dicho hospital mandaba y mando que de aquí adelante se guarden los capítulos siguientes:

Primeramente, que el mayordomo y cofrades tengan particular cuidado de nombrar por capellán una persona de buena vida y costumbres para que diga misa y administre los sacramentos a los pobres y esté y resida con ellos como lo disponen las ordenanzas del dicho hospital y porque hasta ahora (ha) habido algunos desórdenes en el dicho hospital por no haber tenido los pobres, caseros y despensero el respeto que se debía al capellán, en especial no residiendo como no reside el dicho mayordomo en el hospital, mandaba y mando que de aquí adelante los pobres y los caseros y los demás ministros, por ausencia del mayordomo, respeten y tengan por cabeza al capellán que es o fuere del dicho hospital y cumplan lo que les ordenare y mandare por la orden que le dieren al dicho capellán el mayordomo y cofrades que será la que convendrá al servicio de Dios Nuestro Señor y Su Majestad.

Ítem, que de aquí adelante no se admitan ni reciban en el dicho hospital ningún retraído por ninguna causa que sea y que el mayordomo y cofrades tengan cuidado de poner a uno de los dichos escuderos por portero para que no dejen entrar ninguna persona, para que cesen los inconvenientes que hasta aquí (ha) habido. Y este oficio de portero se reparta por meses, dándose orden de las horas en que se han de abrir las puertas de invierno y de verano.

Ítem, que el mayordomo y cofrades en la elección de los pobres guarden la ordenanza sin exceder de ella, con apercibimiento que se les hace que se procederá contra ellos conforme a derecho de más de que la elección que de otra manera se hiciere será en si ninguna y se expelerán los que contra ella fueren admitidos, teniendo consideración a que no se reciba ninguno que sea casado y prefiriendo siempre a los que tuvieren cédulas de Su Majestad para ser admitidos. Y porque en esta visita se han expelido de las raciones Pedro López y Pedro Gómez y Hernando de Dueñas por haber sido recibidos contra las ordenanzas, mandaba y mando que luego provean estas raciones en personas que tengan cédulas de Su Majestad y las calidades contenidas en la dicha ordenanza.

Ítem, que la elección de mayordomo se haga en cada un año y no se reelija el que hubiere sido mayordomo para el año siguiente, antes luego que cumpla su año, se haga nueva elección y se le tome cuenta dentro de seis días y se cobre el alcance y se entregue en poder del tesorero.

Ítem, que el mayordomo y cofrades procuren de que los pobres tengan camas y anden vestidos como lo dispone la ordenanza, dando orden de que se enmiende el descuido que hasta ahora ha habido en esto.

Y porque de haberse dado a los pobres escuderos la ración de vino en junto en una o dos datas han resultado muchos inconvenientes. Mandaba y mando al mayordomo y cofrades que de aquí adelante den a los dichos pobres en cada un día su ración de vino y para esto podrán tener en el dicho hospital el vino en junto, comprado en tiempos convenientes, de manera que los pobres sean sustentados y vivan con la decencia que conviene y lo disponen las ordenanzas.

Y porque en las cuentas que Su Merced ha tomado a los mayordomos que han sido del dicho hospital se ha hallado haber cobrado y pagado más salarios de los que disponen las ordenanzas del dicho hospital y por ello Su Merced les ha condenado a que lo restituyan al dicho hospital, mandaba y mando al mayordomo y cofrades que, de aquí adelante, no den ni paguen ningún salario a ninguna persona más de lo contenido en la ordenanza sin licencia de Su Majestad, con apercibimiento que lo que de otra manera libraren y pagaren se cobrara de sus bienes. (Sobrescrito: con que esto no se entienda con los salarios que Su Merced ha pagado en cuenta por las sentencias de esta visita).

Ítem, que de aquí adelante haya mucha moderación en el gasto de las coladas y que la mujer que ha de asistir conforme a la ordenanza en el dicho hospital, para servir y lavar la ropa a los pobres a quien se da ración y salario se concierte lo que se le ha de dar en cada un año para leña, jabón y lejías con que no exceda de cien reales en cada un año. Y tengan, asimismo, particular cuidado de que se modere el gasto de aceite, pues, con esta cantidad se puede suficientemente pasar así para el gasto de los pobres como para el de las lámparas, y la misma moderación habrá en el gasto de la leña, y que el capellán que es o fuere mire mucho como persona que ha de residir en el dicho hospital de que los caseros no excedan en estas cosas. Y pareciendo al mayordomo y cofrades, se le podrá dar al dicho capellán, como a persona de más confianza, la llave de la leña y la orden de lo que hubiere de hacer en las demás cosas del gasto del dicho hospital.

Ítem, que de aquí adelante, el mayordomo y cofrades, hagan provisión de trigo a tiempos convenientes y lo encierren en los graneros del dicho hospital y busquen panadera que amase el pan para los pobres, la que más libras y mejor pan diere, sin que en ningún tiempo el dicho trigo se encierre en casa del mayordomo, ni ninguno de los cofrades, ni se amase en ellas.

Ítem, que de aquí adelante las casas que se hubieren de dar en arrendamiento de por vidas, antes que se rematen, el mayordomo y tesorero del dicho hospital den cuenta al regente de esta ciudad y al prior de San Pablo y alcaide de los alcázares como visitadores o a los dos de ellos para que se sepa lo que dan de renta y la calidad de la casa y lo propio hagan cuando se hubiere de alargar alguna vida o hacer alguna moderación o reducción para que los dichos visitadores provean lo que más convenga al bien del dicho hospital con que las dichas casas no se puedan dar de por vida ni por arrendamiento a ningún cofrade ni hijo ni hermano ni criado suyo porque cese cualquier inconveniente que de ello pudiera resultar.

Ítem, que de aquí adelante el tesorero del dicho hospital, como persona a cuyo cargo está la cobranza de sus rentas, beneficie y cobre las gallinas que tiene de renta en cada un año y tome testimonio del precio a como se han pagado las que se dan al hospital de Santa Marta por el deán y cabildo de la Santa Iglesia de esta ciudad y a aquel precio se le cargue, y no menos, y si nos mostrare testimonios los diputados que les tomaren las cuentas se las carguen al precio que valieren comúnmente en la calle de la Caza de esta ciudad, sin tener consideración a la postura.

Ítem, que de aquí adelante el mayordomo y cofrades no consientan ni permitan que el despensero del dicho hospital venda carne, ni tenga despensa pública, más que tan solamente tenga la carne que hubiere menester para las raciones del dicho hospital.

Ítem, que el mayordomo y cofrades, dentro de treinta días primeros siguientes, hagan un cajón grande con tres llaves para archivo de los papeles, escrituras, libros y privilegios y otros papeles del dicho hospital, y se haga inventario de ellos y las dichas llaves se repartan y las tengan: una el mayordomo, y otra el escribano, y la otra el capellán del dicho hospital, teniendo particular cuidado de que los papeles que se fueren sacando para algunos negocios particulares se ponga por memorial quien los sacó y para qué efecto, procurando se vuelvan al archivo con la mayor brevedad que ser pueda.

Ítem, que dentro de los dichos treinta días se haga inventario de todos los bienes de este dicho hospital así de los juros como de las casas que tiene, declarando quién las posee y lo que ganan de renta y por qué vidas o años están arrendadas, lo mismo de los bienes muebles y aderezo de capilla, y se pondrá en un libro dentro del dicho archivo.

Ítem, que el mayordomo y cofrades tengan particular cuidado de que los caseros y ama de servicio que se recibieren en el dicho hospital sea gente honrada y de buena vida y costumbre y de quien se tenga buena opinión para que con caridad acudan al negocio y servicio de los pobres.

Ítem, que no consientan en el dicho hospital ningún juego de naipes ni bolos, antes procuren que se viva con mucha decencia y honestidad.

Todos los cuales dichos capítulos guarden y cumplan el mayordomo y cofrades, tesorero y los escuderos pobres y los demás oficiales y ministros a quien tocan so pena de veinte mil maravedís para el sustento de los pobres y de suspensión de sus oficios y a los dichos escuderos pobres de privación de sus raciones y que estos mandatos se pongan en una tabla en parte pública dentro del dicho hospital y cuando se admitiere cualquier cofrade o escudero u otro ministro se le lea para que no pretenda ignorancia y así lo proveyó y mandó y firmó. Licenciado Juan Sarmiento Valladares.

(AGS, CONSEJO REAL 517, N 1)

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EL PADRÓN DE VECINOS DE SEVILLA Y SU TIERRA DE 1571

  Esteban Mira Caballos

1.-INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas los estudios sobre la demografía se están intensificando en la Península. Y en este sentido la circunscripción hispalense no ha sido una excepción. Actualmente contamos con trabajos que nos aclaran mucho la evolución de la población sevillana, entre ellos los clásicos trabajos de Antonio Collantes de Terán1, y del recordado Antonio Domínguez Ortiz2 o los más recientes de Manuel Álvarez, Manuel Ariza y Josefa Mendoza3.

No son demasiados los padrones completos que tenemos de la capital hispalense en la Baja Edad Media. Del siglo XIV disponemos tan solo de uno completo, fechado en 1384, mientras que de la siguiente centuria está estudiado otro 1405. Ya en el siglo XVI sí que contamos con más fuentes, a saber: un padrón bastante completo de 1533, estudiado por Collantes de Terán4, otro civil de 1561 analizado por Jean Sentaurens5, y finalmente, el famoso de Tomás González de 1588, estudiado y reproducido por Domínguez Ortiz6. Por lo demás disponíamos de otros datos más concretos en distintos padrones eclesiásticos (1565 y 1597) y fiscales (1597)7.

El padrón de 1571 que ahora analizamos tiene tanta más importancia cuanto que no disponemos de datos completos por collaciones entre 1561 y 1588. Es decir, teníamos un vacío de nada menos que 27 años, por lo que este padrón, pese a sus carencias y limitaciones, viene a ocupar un vacío importante. Y aunque era conocido por una parte de la historiografía local sevillana, hasta donde nosotros sabemos, no se había publicado ni era manejado usualmente por los estudiosos.

 

2.-EL PADRÓN DE 1571

Como es bien sabido, entre el 14 de diciembre de 1568 y abril de 1570 se produjo la rebelión de los moriscos granadinos. Una sedición muy peligrosa que pudo ser sofocada con cierta facilidad gracias a dos elementos: uno, a que no se extendió al resto de la Península, y dos, a que, pese a lo que los propios moriscos pudieron pensar, el apoyo que recibieron del exterior –de los turcos y de los berberiscos- Fue muy escaso. Tras sofocar la rebelión, la Corona decreto la deportación de estos moriscos granadinos y su dispersión por distintos puntos de la Península. Éste éxodo se produjo entre junio de 1569 y finales de 1574, afectando, según cálculos recientes, a unas 80.000 personas8.

El padrón realizado respondía a una Real Cédula enviada por Felipe II al asistente de Sevilla, el 11 de diciembre de 1570, en la que pedía una relación detallada del número de vecinos para, de acuerdo con estos datos, proceder a hacer el repartimiento de moriscos en ese reino.

Como ya hemos afirmado, no es rico en datos pues se limita a consignar el número de parroquias que hay en cada localidad del arzobispado hispalense así como el número de vecinos. Ni desglosa el número de casas, ni el de personas, ni por supuesto –ya que es un padrón civil- el número de almas de comunión. Asimismo, si bien en los pueblos del arzobispado viene el número de moriscos asignados a cada collación, en el caso de Sevilla capital no se ofrece este dato. Pese a ello, su interés es evidente por dos cuestiones: primero, porque, como ya hemos afirmado, cubre un vacío de más de dos décadas en las que no había ningún padrón completo por collaciones, y segundo, porque abarca gran parte del entonces extenso arzobispado hispalense.

A continuación presentamos los datos del padrón para Sevilla de forma comparativa, junto a los de 1533, 1561 y 1588. Creemos que más que una valoración de las cifras concretas de 1571 es más interesante hacer valoraciones en relación a su evolución con los padrones anteriores y posteriores.

 

 

CUADRO I

DATOS COMPARATIVOS DE LOS VECINOS DE SEVILLA

EN LOS PADRONES DE 1533, 1561,1571 Y 1588

 

COLLACIONES

1533

1561

1571

1588

El Salvador

878

1.574

1.436

1.866

Sagrario

1.479

2.658

5.212

3.182

San Vicente

539

1.323

1.249

2.770

La Magdalena

504

1.520

1.120

1.360

Santa Catalina

370

706

671

843

San Lorenzo

447

1.050

632

1.215

San Marcos

193

502

630

497

San Bernardo

--

--

596

400

San Juan

288

518

520

633

San Román

170

493

487

502

San Isidoro

220

355

441

468

San Gil

251

643

416

1.030

San Julián

132

348

393

471

Santa Lucía

156

409

391

657

Santiago

156

353

376

315

San Pedro

176

408

358

243

San Andrés

158

337

327

366

San Ildefonso

187

315

323

251

San Martín

237

618

321

599

Santa Marina

192

358

320

599

San Esteban

157

295

274

282

San Miguel

96

241

250

278

San Nicolás

156

237

224

280

Santa Cruz

187

270

210

378

Santa Mª la Blanca

141

108

170

137

San Bartolomé

144

333

164

408

San Roque

--

--

--

922

San Telmo

--

213

--

--

TOTALES

9.161

19.214

21.004

25.986

 

 

Antes de entrar en el comentario comparado de los datos queremos valorar en particular el padrón de 1571: por supuesto, como ocurre en casi todos los censos y padrones realizados en la Edad Moderna, no están contabilizados los transeúntes, los mendigos, los clérigos, ni los nobles. Teniendo en cuenta que faltan, por error, los datos referentes a San Roque las cifras cuadran bien con las que ofreció en 1565 el Padrón del Arzobispado que estimaba la población sevillana 21.803 vecinos9. En los seis años que transcurrieron entre 1565 y 1571 todo parece indicar que la población permaneció más o menos estable, con un ligero descenso.

A la hora de traducir estos vecinos en habitantes, hemos de adoptar un coeficiente multiplicador. Y en este sentido, hay un dato que nos puede ayudar a encontrar el adecuado. El Padrón de 1588, estudiado por Domínguez Ortiz, presenta los vecinos y las personas, resultando un coeficiente de 4,63. Es decir, multiplicando el número de vecinos por este coeficiente da el número de personas que indica el padrón. Por ello, pensamos que las circunstancias no habían cambiado sustancialmente por lo que hemos optado por utilizar ese coeficiente que nos parece razonadamente fiable. Y la población resultante sería de 97.248 personas, que unida a la población flotante daría una cifra con total seguridad superior a los 100.000 habitantes.

Como puede observarse Sevilla, convertida en “puerto y puerta de las Indias”, experimentó un gran auge económico que se plasmó en un crecimiento poblacional también muy considerable. Sintetizando los datos que disponemos de todo el siglo XVI ya en personas tendríamos lo siguiente:

TABLA II

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN EN

SEVILLA EN EL SIGLO XVI

 

AÑOS

HABITANTES

% DE INCREMENTO

GLOBAL

% DE INCREMENTO

ANUAL

1533

55.000

--

--

1561

88.386

37,77

1,34

1565

100.293

11,87

2,96

1571

97.248

-3,13

-0,5

1588

120.519

19,30

1,13

1597

121.505

0,81

0,09

 

La evolución fue claramente ascendente al pasar de los 55.000 habitantes que había en 1533 a cerca de 100.000 en 1571 y a más de 120.000 en 1588. Por tanto, en líneas generales no cabe duda del enorme incremento de la población sevillana a lo largo del quinientos.

La población en 1533 estaba muy diezmada debido a diversas calamidades que había padecido la ciudad: el terremoto de 1505, las malas cosechas, las hambrunas, y las epidemias, como la ocurrida entre 1520 y 1524. En el segundo tercio del siglo XVI el crecimiento se afianzó hasta el punto de que en 38 años se duplicó sobradamente la población. Entre 1561 y 1565 la población continuó a un ritmo de crecimiento muy acelerado, más del doble anual que en el período precedente. Sin embargo, como deja entrever este censo de 1571, entre 1565 y 1571 hubo un ligerísimo retroceso del crecimiento. El descenso medio en esos seis años fue del 0,5 por ciento anual. Mero fenómeno coyuntural porque, entre 1571 y 1588, el crecimiento fue de nuevo muy considerable, para estancarse finalmente en la última década del siglo XVI.

Sea como fuere, lo cierto es que Sevilla en 1565 alcanzó los 100.000 habitantes, y salvo un pequeño retroceso en los años inmediatamente posteriores, se mantuvo el resto del siglo por encima de esa cifra. No cabe duda, pues, de que Sevilla era ya en el segundo tercio del siglo XVI una de las ciudades más populosas del mundo, y la más grande de España, pues incluso Madrid estuvo durante todo el quinientos por debajo de los 100.000 habitantes10.

Las collaciones más pobladas eran las del centro, es decir, el Sagrario, El Salvador, La Magdalena, San Vicente y Omnium Sanctorum, además de la de Santa Ana. Todas ellas estaban pobladas por nobles, mercaderes y artesanos. Eran el centro de la vida económica y religiosa de la ciudad11. Santa Ana constituía una verdadera ciudad al otro lado del río y gozaba de una gran actividad económica, agrícola, artesana, portuaria, industrial y mercantil12.

Comparando el censo de 1571 con el de 1533 podemos decir que todas las collaciones habían ganado población, muchas de las cuales duplicándola e incluso triplicándola. Tan solo dos collaciones, Santa María la Blanca y San Bartolomé se mantienen en cifras poblacionales similares, evidenciando su estancamiento a lo largo del quinientos. Tampoco San Salvador, San Lorenzo, San Martín, Santa Marina, San Esteban, San Nicolás y Santa Cruz crecen excesivamente y ninguna de ellas llega a duplicar su población.

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

APÉNDICE I:

 

Carta del teniente de asistente de Sevilla donde se inserta una Real Cédula de Felipe II para que realice el padrón de vecinos.

 

“Los días pasados respondí a Vuestra Majestad a la que recibí de 26 de mayo y, con ella, envié el traslado de la cédula de Su Majestad para descarga de la culpa que se me imputaba. Y si hubo hierro en trocarse las cédulas no lo tuve yo. Ahora satisfago a la que Vuestra Majestad últimamente envió con las diligencias que Vuestra Majestad verá a quien suplico me la haga en súplica licencia la tardanza de ésta, pues, por haber estado mal dispuesto y por la dificultad con que se ha podido averiguar lo que se me manda se ha diferido hasta ahora. Yo confío que Vuestra Majestad, como en causa de su servicio, me haga la merced que pido. Sevilla, 18 de junio de 1571. Besa las manos de Vuestra Majestad su servidor. El licenciado Valera. El teniente de asistente de Sevilla, 18 de junio de 1571. Dirigida al señor Juan Vázquez de Salazar, secretario de Su Majestad.

El licenciado Andrés de Valera teniente de asistente en la ciudad de Sevilla y su tierra digo que V.M. dio una su Real Cédula sobre lo tocante a los moriscos que fueron traídos del reino de Granada a esta dicha ciudad, su tenor de la cual es ésta que se sigue:

El Rey, Conde de Pliego, pariente nuestro asistente de la ciudad de Sevilla ya sabéis o debéis saber el estado en que están las cosas del reino de Granada y como para la quietud y pacificación de él hemos mandado sacar todos los moriscos del dicho reino y porque para excusar los inconvenientes que de estar juntos ha habido y podrían suceder y para que se puedan mejor doctrinar y ser cristianos ha parecido que se repartan y pongan en las ciudades, villas y lugares de estos nuestros reinos por menudo y apartados y divididos de manera que siendo posible no haya más de uno o dos en cada parroquia de cada pueblo o los que pareciere según la disposición y comodidad que hubiese en él y para hacerse el repartimiento como conviene queremos tener de vos relación particular de los pueblos que hay en la tierra y jurisdicción de esa ciudad y su corregimiento así realengos y eximidos como abadengos y de señorío y de los vecinos que cada uno tiene y también de las parroquias que hay en esa ciudad y en los dichos lugares y los parroquianos que tiene cada parroquia y la comodidad, oficios y artificios que hay en ellos que puedan ganar de comer y vivir sustentarse y que forma parece allá que podría haber para ello y para que no se ausenten ni vayan a vivir a otra parte sin expresa licencia nuestra os mandamos que dentro de quince días después que esta nuestra carta recibiéredes nos enviéis la dicha relación muy distinta y particular de manera que se pueda bien entender para que vista mandemos proveer lo que convenga que en ello nos serviréis de Madrid, a once de diciembre de mil y quinientos y setenta años o el Rey, por mi mandado Juan Vázquez”.

(AGS, Consejo de Castilla 2159)

 

 

APÉNDICE II

 

Lugares sujetos a la jurisdicción de Sevilla y las iglesias que tiene cada uno y los vecinos parroquianos de ellas son los siguientes:

 

LOCALIDAD

PARROQUIAS

VECINOS

Nº DE MORISCOS

ASIGNADOS

La Rinconada

1

139

6

Alcalá del Río

1

548

20

Burguillos

1

100

12

Castilblanco

1

402

10

El Almacén

1

319

15

Santa Olalla

1

334

15

Cala

1

182

10

El Real

1

125

6

Misales

1

125

6

Cumbres Mayores

1

357

18

Cumbres de En medio

1

41

2

Cumbres de San Bartolomé

1

300

25

El Bodonal

1

360

25

La Marutera

1

14

0

Fregenal

3

1.900

40

Encinasola

1

512

20

La Higuera, cerca de

Fregenal

1

515

20

Aroche

1

625

24

El Cerro

1

300

25

Cortesana

1

352

25

La Nava

1

85

4

Galaroza

1

237

12

Aracena

4

2.138

60

Zufre

1

348

25

La Higuera de Aracena

1

140

6

El Castillo de las Guardas

1

412

20

El Garrobo

1

106

6

El Pedroso

1

433

18

Cazalla

2

1.600

45

Alanís

1

596

24

Constantina

3

1.192

40

La Puebla de los Infantes

1

471

18

Alcalá de Guadaira

4

1.228

40

Dos Hermanas

1

291

14

Utrera

2

3.060

100

Villamartín

1

635

25

Las Cabezas

1

163

8

Lebrija

1

1.100

40

Villafranca

1

276

10

Camas

1

52

2

Guillena

1

220

10

Gerena

1

310

15

Aznalcóllar

1

280

14

Salteras

1

348

15

Valencina

1

129

6

Espartinas

1

122

6

Sanlúcar la mayor

3

--

0

Tomares

1

148

8

Bormujos

1

51

2

Bollillos

1

196

10

Huévar

1

112

15

Escacena

1

238

18

Paterna

1

313

18

Manzanilla

1

525

20

Hinojos

1

206

10

Castilleja del Campo

1

190

13

Pilas

1

130

6

Aznalcázar

1

563

24

Coria

1

217

10

La Puebla de Coria

1

180

10

TOTALES

9.764

 

41

 

 

APÉNDICE III

 

Lugares eximidos de la jurisdicción que solían ser de Sevilla y ahora son de señorío:

 

LOCALIDAD

PROPIETARIO

PARROQUIAS

VECINOS

MORISCOS

ASIGNADOS

Castilleja de

La Cuesta

Conde de Olivares

1

70

5

Villanueva del

Campo

Marqués don Fadrique

De Rivera

1

225

4

San Nicolás del

Puerto

Don Fadrique de

Rivera

1

93

4

 

 

APÉNDICE IV

 

Lugares y señoríos que son fuera de la jurisdicción de Sevilla son los siguientes:

 

 

LOCALIDAD

PROPIETARIO

IGLESIAS

VECINOS

MORISCOS

La Algaba

Marqués de la Algaba

1

168

Ilegible

Gines

Don Manrique de Zúñiga

1

68

4

Mures

Del mismo

1

78

4

Gatos

Del mismo

1

30

2

Olivares

Del Conde de Olivares

1

118

8

Heliche

Del mismo

1

60

5

Castilleja de Guzmán

Del mismo

1

78

5

Villanueva del Ariscal

Del mismo

1

110

8

Los Molares

Del Duque de Alcalá

1

123

--

Gandul

Del Condestable

1

124

--

Los Palacios

Duque de Arcos?

1

174

--

Mairena

Del dicho

1

251

--

Guadajoz

Del dicho

1

272

 

Paradas

Del dicho

1

80

--

La Puebla de Cazalla

Del mismo

1

611

 

Alcalá de Juan Dorta

Don Pedro López Portocarrero

1

110

 

Chucena

Del mismo

1

150

 

La Palma

De Pedro del Alcázar

1

345

 

Gelo Torregrosa

De Pedro Luis Torregrosa

1

20

 

El Viso

Del Conde de Cautelar

1

76

 

Benacazón

Del Rey

1

172

 

Niebla

Duque de Medina

1

950

 

La puebla de Guzmán

Del mismo

1

433

 

Villarrasa

Del mismo

1

350

 

Paimogo

Del mismo

1

150

 

San Juan del Puerto

Del mismo

1

360

 

Santa Bárbara

Del mismo

1

69

 

El Almendro

Del mismo

1

65

 

Sanlúcar de Ordiana

Del mismo

1

120

 

Huelva

Del mismo

1

182

 

Almonte

Del mismo

1

350

 

Aljaraque

Del mismo

1

110

 

Calañas

Del mismo

1

115

 

Beas

Del duque de Medina

1

200

 

Cabezas Rubias

Del mismo

1

82

 

Trigueros

Del mismo

1

104

 

El Alonso

Del mismo

1

142

 

Valverde del Camino

Del mismo

1

245

 

Lucena

Del mismo

1

220

 

Bonares

Del mismo

1

150

 

Rociana

Del mismo

1

141

 

Bollillos

Del mismo

1

193

 

Villalba

Del Conde de Miranda

1

441

 

Palos

Del mismo

1

150

 

Gibraleón

Del Duque de Béjar

1

748

 

Las Castillejas

Del mismo

1

179

 

San Miguel cerca de Buey

Del mismo

1

71

 

Moguer

Del Marqués de Villanueva

1

339

 

 

 

 

 

 

 

 

APÉNDICE V

 

Lugares de encomienda que sean cerca de Sevilla

 

 

-Carrión de los Bajos: encomienda de Calatrava 80 vecinos

 

-Peñaflor: encomienda de San Juan 60

 

-Tocina: encomienda de San Juan 220

 

-Lora: encomienda de San Juan 112.

 

APÉNDICE VI

 

Lugares abadengos así del arzobispo como de la iglesia mayor de Sevilla.

 

Almonáster 212; Zalamea 375; Brenes 186; Cantillana 543; Villaverde 129; Umbrete 80; Rianzuela 141; Albarda (de la iglesia Mayor; las demás del arzobispo de Sevilla) 70.

 

Los cuales dichos pueblos y parroquias soy informado que hay oficiales de oficios mecánicos de sastres, herreros, esparteros, carpinteros, albañiles, zapateros, curtidores y gente de l campo que trabajan en labrar las heredades de panes y viñas y olivares y huertas en que los dichos moriscos se podrían ocupar y trabajar por la orden que v.m. mas fuere servido y los moriscos que están en esta ciudad y su tierra de los que han quedado vivos que la mayor parte eran muy enfermos y pobres que la mayor parte de ellos andan a pedir por amor de Dios de puerta en puerta sin poder servir ni trabajar por su flaqueza y enfermedad…

1 COLLANTES DE TERÁN, Antonio: Sevilla en la Baja Edad Media. La ciudad y sus hombres. Sevilla, Excmo. Ayuntamiento, 1984.

2 DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: “La población de Sevilla en el siglo XVI”, en Los hospitales de Sevilla. Sevilla, Real Academia de Buenas Letras, 1989. También Los extranjeros en la vida española durante el siglo XVII y otros artículos. Sevilla, Diputación Provincial, 1996, págs. 245-261.

3 ÁLVAREZ, Manuel, Manuel ARIZA y Josefa MENDOZA: Un padrón de Sevilla del siglo XIV. Estudio filológico y edición. Sevilla, Excmo. Ayuntamiento, 2001.

4 COLLANTES DE TERÁN: Ob. Cit., pág. 24 y ss.

5 El original se conserva en el Archivo General de Simancas, Hacienda 170. Fue objeto de una tesis doctoral que permanece inédita pero sus datos más relevantes fueron dados a conocer en un artículo de SENTAURENS, Jean: “Seville dans la deuxième moitié du XVI siècle. Le recensemente de 1561”, en Bulletin Hispanique, T. 77. El citado censo lo reproduce completo Domínguez Ortiz, de donde hemos tomado los datos. DOMÍNGUEZ ORTIZ: La población de Sevilla…Ob. Cit., pág. 27.

6 DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: Orto y ocaso de Sevilla. Sevilla, Universidad de Sevilla, 1991, págs. 159-160.

7 MORALES PADRÓN, Francisco: La Ciudad del Quinientos. Sevilla, Universidad de Sevilla, 1983, pág. 61.

8 DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio y Bernard VICENT: Historia de los moriscos. Madrid, Alianza Universidad, 1997, págs. 55-56. Henry Lapeyre en cambio disminuía la cifra de los deportados a 54.356, siendo asentados unos 45.450. Cit. en CARANDE, Ramón: Estudios de Historia. Barcelona, Crítica, 1989, pág. 385.

9 DOMÍNGUEZ ORTIZ: Orto y Ocaso…, pág. 72.

10 DOMÍNGUEZ ORTIZ: Orto y ocaso…, pág. 73.

11 MORALES PADRÓN: Ob. Cit., págs. 61-62.

12 Ibídem, PÁG. 62.

 

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LAS RELACIONES ENTRE LA HERMANDAD DE JESÚS NAZARENO DE SEVILLA Y SU FILIAL DE CARMONA

 

Por Esteban Mira Caballos

y Francisco García Ba

 

La existencia y el conocimiento de las relaciones de confraternidad y filiación entre hermandades bien merece un estudio en profundidad que contemple su diversidad y las diferencias sustanciales entre las distintas clases de vínculos. De este modo, es fácil discernir que las relaciones de filiación entre las hermandades de Jesús Nazareno de la diócesis de Sevilla respecto de la del Silencio son completamente diferentes, por ejemplo, a las que existen entre las hermandades del Rocío de los distintos lugares de España y la matriz de Almonte, y del mismo modo no guardan relación con los vínculos de confraternidad de las hermandades de la Vera Cruz, que traen su común origen en la difusión de esta devoción por las comunidades franciscanas. Las líneas que siguen no pretenden ser sino una aproximación al estudio de las primeras a través de un caso paradigmático, el de la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona.

Realmente la hermandad de Jesús Nazareno de Sevilla, conocida popularmente como "El Silencio", es la única corporación de penitencia de Sevilla que tiene, desde su fundación en el siglo XVI, auténticas filiales en todo el arzobispado de Sevilla.

No en vano es sabido que todas las hermandades que surgieron en el último tercio del siglo XVI y principios de la siguiente centuria lo hicieron con reglas similares a las aprobadas por la hermandad sevillana en 1578. Una de las primeras sería la Hermandad de Jesús Nazareno de Utrera cuyas reglas, prácticamente copiadas de las del Silencio de Sevilla, fueron aprobadas por el provisor del arzobispado de Sevilla, don Iñigo de Leziñana, el 31 de mayo de 15861. Tras ella aprobarían sus reglas los institutos de Écija, Lebrija, Marchena, Sanlúcar La Mayor y cómo no Carmona, cuyas reglas fueron refrendadas en 15972.

Tras el Breve del Papa León XII expedido en 16 de julio de 1824 por el que se hacía a la cofradía sevillana Archicofradía se establecieron filiaciones con casi todas las hermandades de Jesús Nazareno de la provincia de Sevilla. Concretamente conocemos las filiaciones en estos años de las hermandades homónimas de Marchena (1824), Fuentes de Andalucía (1824), Alcalá de Guadaíra (1834), Constantina (1979), teniendo referencias más imprecisas de la adscripción de otras corporaciones como las de Arahal, Las Cabezas de San Juan, Pedrera o La Puebla de Cazalla. Por tanto, lo que queda bien claro tras este breve recorrido es que el hermanamiento histórico entre las hermandades de Carmona y Sevilla no es desde luego algo excepcional. Por supuesto ni fue la única filiación ni tan siquiera la primera. Lo que sí hace de la hermandad carmonense una excepción es que es la única de todas las fundadas en el siglo XVI -incluida la propia cofradía matriz- que ha conservado su archivo casi intacto, conservando, por tanto, algunas pruebas documentales de dicha relación a lo largo de sus cuatro siglos de existencia.

 

1.-LAS RELACIONES DURANTE EL S. XVII

 

La vinculación entre la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona y su homónima de Sevilla, conocida popularmente como "El Silencio", se remonta a los tiempos de su fundación, a juzgar por el mimetismo que siempre intentó seguir con respecto a su matriz sevillana.

Así, la hermandad el 3 de julio de 1597 aprobó, ante el provisor Luis de Melgarejo, unas reglas que resultan ser casi idénticas a las redactadas por Mateo Alemán para la homónima cofradía sevillana. Incluso actualmente se baraja la posibilidad de que la cofradía carmonense se fundase unas décadas antes en el hospital de San Antonio Abad, situado en la ermita de Nuestra Señora del Real de Carmona, lo cual supondría un paralelismo más con la sevillana que, como es bien sabido, se estableció desde 1582 en el monasterio del mismo nombre de Sevilla3.

A principios del siglo XVII ambas corporaciones debieron suscribir un documento que regulaba de forma legal sus intensas relaciones. Así, cuando en 1816 se renovó la unión entre ambos institutos el cabildo de la hermandad carmonense afirmó lo siguiente:

 

Han corrido más de dos siglos desde que estos dos cuerpos suscribieron esta unión que tan útil fue para el fomento de la piedad y porque el tiempo todo lo consume me ha parecido estaría bien renovar estos primitivos derechos en los términos indicados...4

 

El texto es sumamente indicativo pues demuestra claramente que la vinculación no sólo era afectiva sino que existía, como ya hemos afirmado, un documento o capitulación refrendada por ambas partes. Por desgracia en la hermandad de Jesús Nazareno no se ha conservado el documento de principios del XVII aunque sí el del siglo XIX. No obstante, su contenido debió ser similar al que muestra el documento decimonónico que, como bien se especifica, no hizo más que revitalizar unos vínculos ya existentes. Con respecto a su fecha sabemos, por una referencia copiada por don Antonio Martín de la Torre y custodiada en el Archivo de la archicofradía sevillana, que debió ser en 16045. Al parecer en este año se personaron en Sevilla el licenciado Lucas Martín, presbítero, Gregorio Pacheco y Domingo López de Albareda, vecinos todos ellos de Carmona, para firmar el susodicho documento. En él se acordó regirse por las mismas reglas, utilizar la misma advocación de "Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén...", usar la misma insignia y procesionar de la misma forma con túnicas moradas y capirotes bajos6.

Evidentemente después de esta filiación cuando la hermandad hispalense quiso difundir el Misterio de la Concepción Inmaculada de María lo primero que hizo fue dirigirse a los hermanos de la cofradía carmonense. Así, en 1617 se personó en Carmona el hermano mayor de la cofradía de la capital hispalense, Tomás Pérez, en compañía de un joven predicador, "para organizar cultos y transmitir a los cofrades de esta villa sus firmes sentimientos marianos en defensa del Misterio de la Concepción sin mancha de la Madre de Dios"7. La devoción fue muy bien aceptada por la corporación carmonense que, no en vano, en el retablo mayor que contrató el 8 de octubre de 1625 especificó que en el segundo cuerpo de la calle principal, justo encima de la imagen de su titular, fuese una hornacina con la imagen de la Inmaculada Concepción8.

Del éxito de esta advocación en las hermandades filiales daba buena cuenta el propio Tomás Pérez en una carta escrita poco después a fray Francisco de la Prusa y de la Mota, Comendador Mayor de la Orden de San Antonio Abad, y que decía como sigue:

 

Pero tiene para esta Santa Hermandad un verdadero aprecio nuestras hijas las de Alcalá

de Guadaíra y Carmona a donde me trasladé con el nuevo predicador quedando todos los fieles que en los templos llenos había admirados de la palabra del joven religioso la facilidad con que pintaba los pasajes del Misterio y cómo interpretó nuestro sentir de los cabildos llegando muchas devotas y hombres fuertes a llorar pues el orador es joven y se arrebata en la predicación y convencen al más incrédulo...9

 

 

Como ha escrito Eduardo Ybarra, la adhesión a esta advocación fue tan firme que desde entonces hasta nuestros días la cofradía carmonense ha venido "dando testimonio a través de los siglos de su fidelidad a sus orígenes devocionales a Jesús Nazareno y a la Virgen Inmaculada"10.

 

2.-LAS RELACIONES EN EL SIGLO DE LAS LUCES

 

En el siglo XVIII las relaciones entre ambas corporaciones continuaron siendo notables a juzgar por las referencias documentales que han llegado a nuestros días. En este periodo los contactos entre ambas corporaciones fueron muy frecuentes, como lo demuestran las cartas enviadas por el hermano mayor de la archicofradía sevillana al correspondiente de Carmona, don Bartolomé de Mesa Ginete. Concretamente, en el archivo de la hermandad carmonense se conservan tres cartas fechadas entre 1761 y 1764, dos de ellas de puño y letra de Antonio de Mena Fariñas, y una tercera de José de Morales, en que se dan respuestas a interrogantes planteadas en otras misivas de su filial. En todos estos documentos se menciona a la hermandad carmonense con el cariñoso apelativo de "amada hija".

En ellas se intercambian todo tipo de confidencias, algunas de ellas muy curiosas. Así, por ejemplo, Alonso de Mena informó que la rica arca de los principales que, según los hermanos de Carmona, poseía la corporación sevillana, no era más que un pequeño cofre donde se depositaban las limosnas de los cofrades, que eran lo suficientemente abundantes como para hacer todos los años la estación de penitencia y las demás fiestas de la corporación11. También se preguntaban frecuentemente por cuestiones relacionadas con la competencia de algunos cargos como el mayordomo y el prioste que no en pocas ocasiones debieron tener pequeñas disputas. Concretamente en la ya mencionada carta del 22 de julio de 1764 la corporación sevillana afirmaba lo siguiente:

 

Las llaves del almacén están a cargo del mayordomo porque recibe por inventario todos los bienes de la hermandad pero lo regular es usarlas el prioste que corre con el aseo y culto de la capilla...12

 

 

Unos meses después, en una carta dirigida por don José de Morales a don Bartolomé de Mesa Ginete, se describía el orden de la procesión sevillana de Semana Santa así como las calles por las que discurrió. Asimismo se hace referencia a la reforma que habían introducido en su regla para adaptar la que tenían desde hacía 196 años13.

Igualmente, con motivo de la renovación del voto Inmaculista de la hermandad sevillana, se remitió a la hermandad de Carmona -a la que nuevamente se cita con el cariñoso apelativo de "su amada hija"- una carta junto a 18 ejemplares impresos de las funciones que con este motivo "había hecho la Ilustrísima hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la ciudad de Sevilla". La carta estaba firmada en Sevilla, el 14 de marzo de 1762, por Alonso de Mena Fariñas e iba dirigida a los señores hermano mayor y oficiales de la corporación carmonense. En ella se pedían disculpas por el envío de tan corto número de ejemplares pues, "aunque la impresión fue muy copiosa, ha sido mayor el deseo de las gentes de esta basta población y de la corte para consumirla..."14. Tan sólo siete días después daba cuenta la hermandad en cabildo celebrado ante escribano público de la recepción de la carta y de los mencionados 18 ejemplares15.

Pero, es más, unas décadas después y concretamente en 1785, cuando la cofradía sevillana aprobó sus nuevas reglas, la corporación carmonense solicitó una copia de sus nuevos estatutos, sin duda, con vistas a utilizarlos nuevamente como modelo antes de redactar los suyos propios16. En el Archivo de la archicofradía sevillana encontramos una referencia a esta petición, pues el 3 de julio de 1785, se presentó en el cabildo una carta de la cofradía carmonense, fechada el 4 de abril del mismo año, en que pedían "como hija que es de ésta... una copia auténtica de los estatutos que esta hermandad tiene..."17. Prosigue la carta que habiendo sido estudiada tal petición en cabildo se acordó concederla de conformidad.

 

 

3.-LAS RELACIONES EN LA EDAD CONTEMPORANEA

 

En los siglos XIX y XX se ha producido un resurgir del vínculo entre la archicofradía de la capital hispalense y sus filiales de la que, por supuesto, no ha estado ajena la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona. Para empezar mencionaremos un cabildo celebrado por la corporación carmonense el 3 de junio de 1816 en el cual se renovaron los vínculos entre ambas cofradías, que al parecer "se habían enfriado" en alguna medida con el paso del tiempo. En este cabildo se acordó solicitar a la cofradía sevillana lo siguiente, a saber:

Primero, que a todos los miembros de "esta ilustre hermandad se nos considere como miembros de aquella". Segundo, se preste el libro de sus "pruebas y celos piadosos". Tercero, que se deje el reglamento de su procesión de penitencia. Cuarto, que se envíe por medio de correspondencia todos los acuerdos importantes que tomasen para poder además participar en las fiestas y solemnidades que celebren. Y quinto y último, que rueguen a sus hermanos que se "alisten" también en la cofradía carmonense de forma que los hermanos de la hermandad matriz lo sean de la filial carmonense y viceversa18.

Se trata, sin duda, de un documento de gran importancia que vuelve a incidir en la existencia de auténticas hermandades filiales antes de la concesión del título de Archicofradía a la corporación hispalense. Es más, podemos decir que cuando el Papa León XII concedió el título de Archicofradía, además del de Primitiva y Pontificia, con facultad para agregar hermandades de la misma advocación, esto era ya una realidad consumada desde la propia centuria decimosexta. Por tanto, el breve papal no hizo otra cosa que legalizar un hecho consumado. En cualquier caso, gracias al breve concedido por León XII el 16 de julio de 1824 la corporación carmonense goza de las mismas prerrogativas y gracias que la archicofradía sevillana19.

En las últimas décadas las relaciones entre estas dos corporaciones han sido -si cabe- más intensas. Para empezar, las nuevas reglas de la archicofradía sevillana -aprobadas el 8 de diciembre de 1972- fueron solicitadas por la filial carmonense para tomarlas como modelo a la hora de redactar las suyas propias. Efectivamente, en el Archivo de la archicofradía sevillana se conserva una carta firmada por el secretario de la cofradía carmonense, y fechada curiosamente el mismo día en que fueron aprobadas -el 8 de diciembre de 1972-, para que remitiesen las reglas a fin de elaborar los nuevos estatutos de la hermandad filial20. Se trata realmente de una constante en la historia de la corporación carmonense, es decir, el copiar fielmente las reglas de su hermandad matriz para de esta forma seguir más lealmente sus directrices.

Pero, es más, en esta década de los setenta las relaciones llegaron hasta tal punto que se acordó el envío de representaciones de ambas corporaciones para desfilar en sus respectivas procesiones. La iniciativa partió de la filial carmonense que en un cabildo celebrado el 1 de marzo de 1970 acordó "por unanimidad y entusiasmo invitar a nuestra hermandad matriz, la cofradía de Nazarenos de Sevilla", a que enviasen una representación para procesionar en Carmona el Viernes Santo21. El instituto sevillano respondió con una carta, firmada en Sevilla el 21 de marzo de 1970, en la que daba cuenta del acuerdo que se había tomado en cabildo. Concretamente se "acordó aceptar y ratificar la invitación" que había hecho el hermano mayor del instituto hispalense para que seis hermanos "vestidos de sus túnicas propias" con varas y una insignia acudiesen a hacer estación de penitencia a Sevilla "ocupando sitio de honor en el cortejo procesional". Asimismo se comprometían a enviar idéntica representación a la ciudad de Carmona para desfilar junto a su filial22.

Efectivamente los seis cofrades carmonenses se desplazaron hasta Sevilla para procesionar en la madrugada del Jueves Santo junto a la hermandad matriz, sin embargo, las lluvias hicieron que la cofradía no procesionase ese año. Asimismo, la hermandad sevillana pidió disculpas, en una carta fechada el 19 de marzo de 1970, por no haber enviado su representación, al estar lloviendo en las horas inmediatas a la marcha de los nazarenos a la ciudad de Carmona23. Pese al mal tiempo la hermandad carmonense sí realizó su estación de penitencia el Viernes Santo de 1970.

En las reglas de la archicofradía sevillana, aprobadas el 8 de diciembre de 1972, se introdujo una regla, concretamente la número 17, en la que se legalizaba la posibilidad de que las hermandades filiales pudiesen enviar un máximo de cinco hermanos con varas y su estandarte a procesionar la madrugada del Jueves Santo con la cofradía matriz. Curiosamente el número de seis acordado en 1970 con la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona se vio razonablemente reducido a cinco.

En los años siguientes no hay constancia de que los cofrades de ambas enviasen representaciones a sus respectivas procesiones. Tan sólo sabemos que en 1984 sí acudió una representación de cinco hermanos de Carmona que efectivamente desfiló, con su bandera morada, el Jueves Santo, justo delante del estandarte de la hermandad sevillana.

Para finalizar con este breve estudio de las relaciones entre la hermandad de Nazarenos de Sevilla y su filial carmonense citaremos una carta firmada por el secretario de la archicofradía sevillana, Manuel Palomino González y fechada el 22 de noviembre de 1986. En ella se manifiesta la adhesión de la hermandad sevillana a la Coronación Canónica de la Virgen de Gracia, Patrona de Carmona, donde -cito textualmente- "radica nuestra PRIMERA hermandad filial"24. Sin duda, el reconocimiento de la hermandad carmonense como primera filial creemos que está más que justificado, pues, si bien es probable que no fuese la primera filial físicamente hablando, sí que ha sido, desde luego, la que más intensas y permanentes relaciones ha tenido con su matriz, la archicofradía de Nazarenos de Sevilla.

1    CABRERA RODRIGUEZ, Antonio y otros: Jesús Nazareno de Utrera. Utrera, Diputación Provincial de Sevilla, 1997, p. 30. También en V.V.A.A.: Los Nazarenos de Sevilla, T. III. Sevilla, Ediciones Tartessos, 1997, pp. 295 y 298.

2    Estas se conservan tanto en el Archivo del Arzobispado de Sevilla como en el Archivo de la propia corporación. A.H.J.N.C., Leg. 1. Actualmente existe un proyecto de la hermandad para publicarlas.

3    MIRA CABALLOS, Esteban: "La fundación de la hermandad de Jesús Nazareno a la luz de un nuevo documento histórico", Boletín de la Hermandad de Jesús Nazareno de Carmona, Nº 11. Carmona, 1997, pp. 12-18.

4    Cabildo de la hermandad de Jesús Nazareno, Carmona, 3 de junio de 1816. Archivo de la Hermandad de Jesús Nazareno de Carmona (en adelante A.H.J.N.C.), Lib. 2.

5    Copia de D. Antonio Martín de la Torre de una antigua carta de filiación de 1604. Archivo de la hermandad de Jesús Nazareno de Sevilla (En adelante A.H.J.N.S.), leg. 29. Citado también en MARTIN MACIAS, Antonio: Francisco de Ocampo, maestro escultor (1579-1639). Sevilla, 1983, p. 115.

6    IBIDEM.

7    GARCIA DE LA CONCHA DELGADO, Federico: "Imágenes titulares de las hermandades de Jesús Nazareno de los Alcores (Sevilla)", Actas del Congreso Internacional Cristóbal de Santa Catalina y las cofradías de Jesús Nazareno, T. II. Córdoba, 1991, p. 717. A este respecto puede verse también DELGADO ROIG, Juan: La tradición concepcionista de la Cofradía Primitiva de Nazarenos del Silencio. Sevilla, 1962, pp. 11-12.

8    En el mismo concierto se obligó Fernando de Luque a "dar un cuadro de pintura que sea a la medida de esta caja, que sea de la Limpia Concepción de Nuestra Señora que se pueda quitar y poner..." .

9    Carta de Tomás Pérez a fray Francisco de la Prusa y de la Mota, S/F. A.H.J.N.S., Leg. 3, Carp. 3.

10    YBARRA HIDALGO, Eduardo: Los Nazarenos y la Inmaculada", Boletín de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Nº 8. Carmona, 1995, pp. 30-31.

11    Textualmente decía así: "Sobre las preguntas que V.M. me hace debo decir que acá no hay más arca de principales que la piedad de los devotos cofrades, arca que se abre con la llave maestra de la Cruz, pero tan abundante que jamás se ha dejado de hacer nuestra estación de Semana Santa si no es por impedirlo algún temporal, ni las demás fiestas anuales; erigimos una gran capilla que se halla ricamente adornada y estofada; tenemos todas las insignias, urnas de las imágenes y nuevas alhajas de plata y cuando lo pide la ocasión como ahora encontramos entre nosotros mismos para hacer una función que pasa de 10.000 reales". Carta de Alonso de Mena Fariñas a Bartolomé de Mesa Ginete, Sevilla, 22 de julio de 1764. A.H.J.N.C., Leg. 26.

12    IBIDEM.

13    Carta de don José de Morales a Bartolomé de Mesa Ginete, Sevilla, 10 de diciembre de 1764. A.H.J.N.C., Leg. 26.

14    Carta de Alonso de Mena Fariñas al hermano mayor y oficiales de la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona, Sevilla, 14 de marzo de 1762. A.H.J.N.C., Leg. 26.

15    Cabildo de la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona, 21 de marzo de 1762. Archivo de Protocolos de Carmona, Escribanía de Agustín López, 1762, ff. 114-115v.

16    GARCIA DE LA CONCHA: Ob. Cit., T. II, p. 717.

17    Cabildo del 3 de julio de 1785. A.H.J.N.S., Libro de Acuerdos Nº 2 (1784-1801).

18    Cabildo del 3 de junio de 1816. A.H.J.N.C., Lib. 2.

19    Así consta en la introducción a las reglas de la hermandad carmonense aprobadas el 26 de enero de 1986.

20    Carta del secretario de la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona, Antonio Ordóñez Ruiz, a la hermandad de Jesús Nazareno de Sevilla, Carmona, 8 de diciembre de 1971. A.H.J.N.S., Libro de actas 5.

21    Cabildo de oficiales del 1 de marzo de 1970. A.H.J.N.C., Libro 6, p. 466.

22    Carta de Antonio Martín, secretario de la hermandad del Silencio de Sevilla a la hermandad de Jesús Nazareno de Carmona, Sevilla, 21 de marzo de 1970. A.H.J.N.C., Libro 6, pp. 470-472.

23    Carta del secretario de la archicofradía sevillana, Antonio Martín, a la cofradía de Nazarenos de Carmona, Sevilla, 29 de marzo de 1970. A.H.J.N.C., Libro de actas Nº 6, pp. 472 y ss.

24    "Peticiones que constan en el expediente de la Coronación Canónica de la Santísima Virgen de Gracia", en Carmona y su Virgen de Gracia. Carmona, 1989, s/f.

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INDIOS AMERICANOS EN SEVILLA (S. XVI)

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INDIOS AMERICANOS EN

SEVILLA (1492-1542)

 

                                                                                                                              Por Esteban Mira Caballos

 

1.-INTRODUCCION

En los últimos años nos hemos venimos dedicando al análisis de los aborígenes americanos que, de forma casi siempre forzada, arribaron a la Península tras el Descubrimiento de América. Precisamente en un congreso celebrado en 1993 por la Asociación de Historiadores Latinoamericanistas de Europa en la ciudad alemana de Leipzig demostramos que tan sólo en el periodo comprendido entre 1492 y 1550 se embarcaron para la Península cerca de 2.000 indígenas1.

En otros estudios posteriores desarrollamos tanto la legislación promulgada al respecto que permitió la trata de estos indios con destino a los mercados esclavistas peninsulares, como su devenir por el solar peninsular2.

Introduciéndonos de lleno en el tema podemos decir que, tras unos inicios dubitativos, en 1503 se autorizó su embarque rumbo al Reino de Castilla con la única condición de que fuese voluntariamente aceptada por los propios indígenas3. Esta autorización supuso la reanudación -desde entonces regulada legalmente- de la trata de indígenas americanos ya que difícilmente se podía probar la negativa de los indios a obedecer a sus "dueños" en su deseo de llevarlos rumbo a Castilla. Por este motivo, La Corona terminó por prohibir desde 1512 la traída de estos desdichados indios4. Sin embargo el hecho de que la Real Cédula de 1512 se repita sin cesar en los años sucesivos, y concretamente en 1528, 1531, 1533, 1536, 1543, 1548 y 1549, nos está indicando claramente que no se cumplía5.

En cualquier caso a partir de la promulgación de las Leyes Nuevas, ocurrida como es de sobra conocido en 1542, la legislación se tornó mucho más severa por lo que los indios dejaron de entrar en la Península por el puerto de Sevilla para hacerlo a través de Lisboa. Es cierto que, a partir de mediados de siglo, los indios arribados a las costas españolas eran en su mayoría procedentes del Brasil, donde los portugueses no habían prohibido su trata, sin embargo, no es menos cierto también que lusos y españoles comercializaban sin problemas no pocos indios de la América Española, haciéndolos pasar fácilmente por oriundos del Brasil.

En medio de esta vorágine que supuso el Descubrimiento del Nuevo Mundo con la emigración masiva de población española al otro lado del océano y de miles de indios con destino a la Península, Sevilla, puerto y puerta de las Indias, no podía quedar al margen. Pese a que queda aún mucho por investigar las cifras que vamos encontrando nos indican una presencia mínima de estos indios, que apenas si suponían el 1 o el 1,5 por ciento de la mano de obra esclava. No debemos olvidar que aunque actualmente tenemos registrada la entrada de varios miles de indios en España lo cierto es que en relación a la población española, o incluso a la población negra, apenas si tienen importancia cuantitativa. No obstante, se trata de un minoría étnica, que precisamente por su situación marginal, ha sido injustamente olvidada por la historiografía moderna y contemporánea. Por este motivo nos sentimos obligados a rescatar su memoria del olvido, pues, no cabe duda que constituye una página olvidada de nuestra historia.

Sin embargo queremos advertir la dificultad con la que nos encontramos a la hora de identificar a los indios ya que, cuando en la documentación se refleja la condición de esclavitud de una persona no siempre aparece especificada su etnia. Con frecuencia suele reflejarse, además de su condición de esclavo, el color de la piel. Sin embargo resulta muy difícil identificar a que raza o etnia corresponden las distintas descripciones que se ofrecen cuando se refieren al color de la piel. Por ejemplo, para nosotros el tono amembrillado no está nada claro si hace referencia a mulatos con varios cruces o, en determinados casos, a indígenas americanos. Nosotros sospechamos que al menos en algunas ocasiones en que se menciona en la documentación el color amembrillado se hace referencia, bien a indios, o bien, a mestizos. Sin duda, aclarar este aspecto sería fundamental, pues, por ejemplo, Fernando Cortés encontró que un 16% los esclavos de la Extremadura Meridional en el siglo XVII eran de color "membrillo cocho"6. Evidentemente de confirmarse que dentro de esta etiqueta podrían incluirse los indígenas americano revolucionaría las cifras de que disponemos para analizar a esta minoría social.

 

2.-LA MIGRACION FORZADA DE INDIOS A SEVILLA

En las líneas que vienen a continuación retomaremos el tema de los indios traídos a Castilla de manera más o menos ilegal para abastecer los mercados esclavistas castellanos.

Más concretamente en un una Real Cédula, fechada en 1534 y dirigida a los oficiales de la Casa de la Contratación se denunciaba el gran número de indios esclavos que había ilícitamente en Sevilla. Dado el interés del documento lo reproducimos parcialmente en las líneas que vienen a continuación:

 

Por parte de Juan de Cárdenas me ha sido hecha relación en este Consejo que en Sevilla hay muchos indios naturales de la Nueva España y de otras partes de las Indias los cuales siendo libres los tienen por cautivos y siervos. Que no se vendan ni hierren porque sabemos que los que los traen los hierran en el rostro o les echan argollas de hierro a la garganta con letras de sus propios nombres en que dicen ser sus esclavos...7

 

 

Una vez llegados a Sevilla lo primero que se solía hacer era bautizarlos, cambiándoles su nombre indígena por el de su amo o propietario. A continuación, en caso de que no fuese esclavo se solía herrar ya que, ninguna persona quería invertir dinero en una mano de obra que no ofrecía garantías de su situación servil. Así, por ejemplo, en el pleito por la libertad de los indios del regidor carmonense, Juan Cansino Aragonés, los testigos declararon que, después de comprarlos en Sevilla, herró a uno de ellos en la cara para poderlo vender, "porque de otra forma nadie lo quería comprar"8. Para señalarlo como esclavo no tuvo más que ordenárselo a "uno que vive junto a la carnicería" lo cual efectuó sin demora porque el mencionado Juan Cansino no sólo era regidor, sino que pertenecía a una de las familias más influyentes de la localidad, llegada tras la Reconquista9.

Una vez herrados se procedía a sacar partido del negocio bien a través de su venta como esclavos, o bien, sirviéndose de ellos directamente, utilizándolos como pajes en el caso de ser varones o públicamente como concubinas en el caso de ser mujeres, lo cual conllevaba, como es sabido, un gran prestigio social10. En relación a esta última circunstancia, es decir, al concubinato con las indígenas antillanas, contamos con una Real Cédula, fechada en 1536, en la que esta situación queda perfectamente demostrada:

 

Soy informado que algunos marineros y pasajeros y otras personas que vienen de Indias traen consigo algunas mujeres indias por esclavas y otras libres con las cuales, en ofensa de nuestra conciencia, y no miran en su instrucción en la fe y tienen acceso carnal y las retienen en sus casas continuando su pecado, por ello, mando que cuando vengan navíos os informéis si van o vienen algunas mujeres indias libres o esclavas y ved si tienen acceso carnal. Si son esclavas que las vendan en pública almoneda en unos días y si fueran indias libres sacarlas de su poder y ponerlas en poder de mujeres honestas...11

 

Existieron dos grandes mercados de indios por antonomasia en donde los castellanos compraban y vendían a sus indios: en primer lugar, el sevillano, lo cual era lógico si tenemos en cuenta que era el puerto de destino de los navíos del Nuevo Mundo. De hecho, en la década de los cuarenta debió haber en Sevilla más de 200 indios, la mayoría de ellos adquiridos en la propia capital Hispalense12.

Sin embargo, a partir de la década de los treinta, la legislación contra la introducción de aborígenes en la Península se tornó tan severa que el mercado de esclavos indios se desplazó a la capital del vecino reino portugués, es decir, a Lisboa. A la capital lusa, pues, comenzaron a arribar navíos cargados de aborígenes procedentes tanto de Brasil -donde estaba permitido cautivarlos- como de las propias Indias Españolas13.

Estos indígenas, de rasgos tan característicos, debieron causar admiración entre la población española que observaba absorta a los indianos acompañados por sus séquitos de esclavos indios. Concretamente, Andrés Navajero, en la tercera década del siglo XVI, una de las cosas que más le llamó la atención en Sevilla fue la presencia de ciertos indios, a los que pudo ver jugando "a la pelota". Es probablemente la descripción más antigua que se conoce de indios en Castilla, por lo que la transcribimos en las líneas siguientes: