Facebook Twitter Google +1     Admin
20150401190916-monumento-a-nicolas-de-ovando-503899.jpg

        En 1501 se tomaron dos decisiones muy relevantes: una, el nombramiento de Nicolás de Ovando como gobernador de las Indias, y otra, la designación de Gonzalo Gómez de Cervantes, como máxima autoridad de los asuntos indianos, mientras durase la estancia de Juan Rodríguez de Fonseca, entonces obispo de Córdoba, en Flandes, que se prolongaría finalmente hasta 1504. Como es bien sabido, dicho prelado había estado a cargo de los asuntos indianos desde mayo de 1493 pero, en 1501, dejó provisionalmente su puesto a Gómez de Cervantes, Comendador de la Orden de Calatrava, corregidor y justicia mayor de la ciudad de Jerez de la Frontera quien, además, estaba emparentado con el prelado, por lo que gozaba de su total confianza1. Era hijo de Juan de Ayala, alguacil mayor de Toledo, y de María de Cervantes, hermana del cardenal arzobispo Juan de Cervantes. No sólo era una persona del entorno fonsequista sino también un reconocido servidor de la Corona, pues había ayudado a afianzar de forma decisiva la reforma isabelina de los concejos. El 12 de julio de 1501, se le encomendó el apresto y supervisión de la gran flota ovandina, siendo su actividad frenética hasta el despacho de la escuadra en febrero de 15022. Bien es cierto, que su autoridad se extendía a la supervisión de cuantas expediciones partiesen para las Indias, como la de Alonso de Ojeda en 1501 o la del propio Cristóbal Colón en 15023.

         Es posible que parte del trigo para la elaboración del bizcocho de la flota, saliese de la comarca jerezana, al igual que había ocurrido en el segundo viaje de Colón y en otras armadas aprestadas en aquellos tiempos4. Según Giménez Fernández, era una persona honrada pero inepta lo que le convirtió en un títere del converso Gimeno de Briviesca5. Sin embargo, no he encontrado ni un solo indicio que me lleve a esa conclusión y, en cambio, sí que parece obvio que se convirtió en el primer factor encargado de apoyar la navegación ultramarina, algo así como el primer funcionario del comercio indiano, antes incluso del surgimiento del superministerio de la Casa de la Contratación6. De hecho, Diego Ortiz de Zúñiga justificó la creación de esta última institución en el hecho de que el aumento grande de las cosas de las Indias había provocado que fuese inasumible por una sola persona7. Su sede en Sevilla, estuvo bien meditada, primero, por la excelente protección que este puerto interior brindaba frente a los corsarios y, segundo, por su larga tradición mercantil8.

         Lo cierto es que se delegaron en él los siguientes cometidos, a saber: en primer lugar, el apresto de la armada, contratando fletes con armadores y maestres. En segundo lugar, la supervisión, autorización y asiento de todos los pasajeros en un libro9. Y en tercer lugar, la recluta de oficiales para la construcción de las fortalezas así como la adquisición de artillería y pertrechos tanto para la armada como para las construcciones defensivas de la isla10. Gómez de Cervantes, que vivió a caballo entre Sevilla y Jerez, se desposó con Francisca de Las Casas, procreando siete hijos, cinco mujeres y dos hombres: Juana de Cervantes, monja en el convento de Santa Clara de Sevilla, Beatriz de Cervantes, Aldonza de Cervantes, Catalina de Cervantes, Francisca de Casaus, Francisco de Cervantes y Juan de Cervantes11.

         El corregidor de Jerez estuvo asistido en todo momento por otros fonsequistas, a saber: el ya citado Gimeno de Briviesca, el doctor Sancho de Matienzo y el escribano real Gaspar de Gricio. El primero, era contador de los gastos de armada y tenía, además, facultad para nombrar un delegado en Cádiz. Asimismo, poseía el título de alférez mayor, siendo miembro del Consejo y asistente de Sevilla. Según Manuel Giménez Fernández, había cometido cohechos de forma reiterada desde 149312. En 1501, recibió la orden de entender en el apresto de los navíos, pero siempre bajo las órdenes del corregidor de Jerez13. Incluso, adelantó dineros propios que después le devolvió el tesorero Alonso de Morales. Por éste y otros méritos, en 1503, fue designado contador de la Casa de la Contratación, con un sueldo inicial de 68.000 maravedís anuales, ampliado al año siguiente hasta los 80.00014. El segundo, fue el tesorero de origen burgalés –de Villasana de Mena- que confeccionó el libro de armada en el que se enumeraba minuciosamente todo lo gastado en su apresto, así como el listado de embarcados. Finalmente, a partir de 1503 fue designado tesorero de la Casa de la Contratación, con unas atribuciones que más o menos desempeñaba antes de la constitución de la misma. Y el tercero, era secretario real para los asuntos indianos y poco después escribano mayor de las rentas reales de Indias, cargo que continuaron ostentando sus descendientes. Todos los despachos relativos a las Indias debían pasar por sus manos hasta su fallecimiento, en 1507, momento en el que fue sustituido en el cargo por Lope de Conchillos15.

         Otras personas colaboraron también en su despacho, como el alguacil de la Corte, Andrés Ruberto, que ayudo a agilizar los problemas de última hora al menos desde principios de 150216. También Juan de Silva, conde de Cifuentes y asistente de Sevilla, que se encargó de buscar el numerario que faltaban para terminar de ultimarla. Con el dinero en la mano pudo formalizar, el 1 de octubre de 1501, un nuevo contrato de mejora con los maestres con los que se había establecido inicialmente el flete17. No obstante, para el asistente de Sevilla, como para las demás autoridades, la flota de Ovando era una cuestión más de las que debía ocuparse, pues debía atender a otros asuntos, incluso de mayor relevancia, como la rebelión de los mudéjares en la Alpujarra granadina18.

         Como veremos en las líneas siguientes, la Corona se empeñó en preparar la flota minuciosamente, procurando la mayor celeridad posible. En esos momentos los problemas eran muchos: primero, porque desde 1501 se encadenaron una serie de malas cosechas que provocaron una larga hambruna en Castilla que se prolongó hasta 150819. Pese a la carestía de grano, la escuadra pudo ser bien aprovisionada de alimentos. Y segundo, porque los costes de su despacho, pese a ser una empresa mixta, superaban en esos momentos la capacidad económica de la Corona. De ahí que el 31 de octubre de 1501, como ya hemos afirmado, encargase al conde de Cifuentes que buscase 130.000 maravedís prestados que se necesitaban para acabar de pertrecharla20.

         El control de los emigrantes, que desde 1503 estuvo en manos de la Casa de la Contratación, recayó en los oficiales encargados de su gestión, es decir, en Gómez de Cervantes, Gimeno de Briviesca y el conde de Cifuentes21. También el propio Ovando debió tener alguna responsabilidad en la selección del pasaje, pues recibió instrucciones para que no consintiese el embarque de herejes, conversos y judíos ya que podrían dificultar la evangelización de los naturales22. Pero eso era solo teoría porque, en la práctica, todos ellos pasaron sin demasiada dificultad, primero, porque algunos de los que debían controlarlos como, Gimeno de Briviesca, tenían orígenes conversos. Y segundo, porque la vigilancia no fue exhaustiva y se admitió prácticamente a todo aquel que manifestó su voluntad de embarcar. De hecho, entre los pasajeros figuran miembros de conocidas familias de conversos, como Rodrigo de Alcázar, Juan de Esquivel o los hermanos Bernardino, Antonio y Cristóbal de Santa Clara, así como numerosos extranjeros. Y es que en las nuevas colonias existían más posibilidades de escapar a las miradas censoras de la Inquisición, aunque décadas después se implantase en las Indias el Santo Tribunal.

         A finales de 1501, los Reyes se encontraban realmente impacientes por despachar la flota cuanto antes. Y tenían razones para estarlo, pues habían llegado preocupantes noticias sobre los progresos y descubrimientos que estaban haciendo los portugueses. Mientras Vasco de Gama hacía varios años que había alcanzado la India, Pedro Alvares Cabral había recorrido, en abril de 1500, una parte de la costa brasileña, que llamó terra da Vera Cruz23. Y para colmo Américo Vespucio, financiado por la corona lusa, había zarpado a mediados del mayo de 1501, para seguir navegando la costa de Brasil hacia el sur, buscando un estrecho que le permitiese llegar a las Molucas24. Y aunque a su regreso ya había zarpado Ovando, las noticias parecían inquietantes. Urgía a los Reyes Católicos acelerar los planes expansivos de la corona de Castilla. Por ello, se volvió a apremiar tanto a Gómez de Cervantes como al propio Ovando para que agilizasen su despacho. La Corona habría querido que ésta zarpase antes de finalizar 1501, pero la mayor parte de los expedicionarios decidieron que no saldrían hasta los últimos días de enero o principios de febrero. El 15 de enero de 1502 estaba toda la flota agrupada en el puerto de Sanlúcar de Barrameda, dispuesta para el desatraque25. El propio gobernador, el 27 de enero de ese año, otorgó su testamento a bordo de la capitana Santa María de la Antigua, señal inequívoca de que estaba todo preparado y de que la partida era inminente26. Sin embargo, todavía tardarían dos semanas en levantar anclas, a pesar de que la Corona continuaban insistiendo en el perjuicio que se causaba en las mercancías perecederas, compeliendo al gobernador a zarpar con las naves que estuviesen aparejadas, sin esperar al resto, al tiempo que disponía multas de 10.000 maravedís a todos los que se mostrasen remisos al embarque27. Por ese motivo, Nicolás de Ovando salió con el grueso de la flota a primera hora de la mañana del 13 de febrero de 150228, mientras que siete días después, exactamente el 20 de febrero, zarparon los barcos donde viajaban Luis de Arriaga y sus supuestas familias de labradores29.

         La escuadra debió ser despedida en el puerto de Sanlúcar con música y festejos, como se acostumbraba a hacer con motivo de estas efemérides. Y es que difícilmente pudo pasar desapercibida una armada como ésta, en una Sevilla que, pese a ser la cabecera del comercio ultramarino, apenas disponía de 60.000 o de 70.000 almas30.

         La mayor parte de la escuadra se preparó en el puerto de Sevilla, donde el bullicio, desde finales de 1501 hasta febrero de 1502, debió ser desmedido. Unos pasajeros redactando sus escrituras de última voluntad, otros otorgando poderes o vendiendo propiedades para obtener liquidez, otros simplemente orando ante alguna imagen devota, como la Virgen de la Antigua de la Catedral de Sevilla, rogando por su buena ventura y, finalmente, otros ultimando la gestión de sus pasajes con alguno de los maestres que participaban en la jornada o solicitando préstamos para comprar mercancías. Señores de naos que apresuradamente contrataban seguros con alguno de los prestamistas genoveses o castellanos afincados en Sevilla, maestres que ordenaban los últimos retoques en el calafateo de sus naves y contramaestre que supervisaban la estiba. Cientos de arrieros, mercaderes, tratantes, banqueros, prestamistas particulares, artesanos de aquí para allá aprovisionando los barcos, aprovechando la menor oportunidad de negocio. Una actividad frenética como quizás nunca se había visto en Sevilla y que se repetirá algo más de una década después cuando se apreste la armada de Tierra Firme, del gobernador segoviano Pedrarias Dávila. Sin embargo, es importante destacar que algunos barcos se cargaron en el puerto de Sanlúcar y recibieron autorización para permanecer allí hasta la partida, desplazándose hasta dicha villa los escribanos para tomar nota de todo lo embarcado31. Por tanto, quede claro que el grueso de la armada se aprestó en Sevilla, pero que una pequeña parte de ella lo hizo en Sanlúcar de Barrameda.

 

PARA SABER MÁS:

 

MIRA CABALLOS, Esteban: “La gran armada colonizadora de Nicolás de Ovando, 1501-1502”. Santo Domingo, Academia Dominicana de la Historia, 2014.

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

(*) Si algún lector está interesado en conseguir el libro, puede escribir a mi email: Caballoss1@gmail.com.

 

NOTAS


1 Esta cuestión ha sido extensamente analizada por SAGARRA GAMAZO, Adelaida: La otra versión de la historia indiana: Colón y Fonseca. Valladolid, Universidad, 1997, P. 63.

 

2 CODOIN, Serie 1ª, T. 38, pp. 491-493. El 8 de junio de 1501 todavía había firmado la capitulación con Alonso de Ojeda Juan Rodríguez de Fonseca, aunque menos de un mes después ya ocupaba su cargo Gómez de Cervantes.

 

3 En la capitulación de Vicente Yáñez Pinzón, otorgada en Alcalá de Henares el 5 de septiembre de 1501, se le pidió que, antes de zarpar, compareciera ante Gonzalo Gómez de Cervantes y Gimeno de Briviesca para que supervisasen el cargamento. VAS MINGO: Ob. Cit., p. 133.

 

4 Todavía el 19 de agosto de 1503 se estaba pagando a distintos vecinos de Jerez los cahices que dieron para el bizcocho de la segunda expedición de Colón, en presencia de Gómez de Cervantes. MUÑOZ Y GÓMEZ, Agustín: “Los jerezanos y el segundo viaje de Colón. Datos inéditos”. Boletín de la RAH, T. XII. Madrid, 1888, pp. 425-432. A Jerez se recurría cada vez que había una necesidad extraordinaria, como ocurrió en la sublevación mudéjar de 1500-1501. BELLO LEÓN, Juan Manuel: “Las milicias andaluzas en la sublevación mudéjar de 1500 y 1501”, Historia, Instituciones y Documentos Nº 37. Sevilla, 2010, pp. 48-49.

 

5 GIMÉNEZ FERNÁNDEZ: Ob. Cit., T. II, p. 593.

 

6 Dada la progresiva complejidad de la navegación y del comercio con las Indias, este órgano unipersonal y provisional no tardó en convertirse en una institución burocrática permanente. CERVERA PERY, José: La Casa de la Contratación y el Consejo de Indias (las2 razones de un superministerio). Madrid, Ministerio de Defensa, 1997, p. 28 y 34.

 

7 ORTIZ DE ZÚÑIGA, Diego: Anales Eclesiásticos y Seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, T. III. MADRID, Imprenta Real, 1796 (ed. facsímil de 1988), p. 190.

 

8 CERVERA PERY: Ob. Cit., p. 46.

 

9 Real Cédula a Gonzalo Gómez, Granada, 17 de agosto de 1501. CODOIN, Serie 1ª, T. 38, pp. 509-510. También en Cedulario T. I, p. 392.

 

10 Real Cédula a Gonzalo Gómez de Cervantes, Granada, 16 de septiembre de 1501. CODOIN, serie 1ª, T. 31, pp. 29-30.

 

11 GIMÉNEZ FERNÁNDEZ: Ob. Cit., T. II, p. 593. Según Diego Ortiz de Zúñiga, el matrimonio solo procreó dos hijos: Juan de Ayala, llamado igual que su abuelo, y Juana de Ayala, fundadora del convento de monjas concepcionistas de Nuestra Señora del Socorro. ORTIZ DE ZÚÑIGA: Ob. Cit., T. III, pp. 329-330.

 

12 GIMÉNEZ FERNÁNDEZ: Ob. Cit., T. II, p. 593.

 

13 Asimismo, en esa misma carta se le autorizó a colocar un oficial en Cádiz, durante todo el tiempo que estuviese en Sevilla entendiendo en el apresto de los barcos de la armada ovandina. Carta a Gimeno de Briviesca, Castro del Río, 31 de octubre de 1501. AGI, INDIFERENTE GENERAL 418, L. 1, fol. 66r. Cedulario, T. II, p. 75.

 

14 Aunque en la documentación oficial aparece nombrado como escribano, debe tratarse de una cuestión terminológica porque hacia las funciones de contador y así se le considera. LADERO QUESADA, Miguel Ángel: Las Indias de Castilla en sus primeros años. Cuentas de la Casa de la Contratación (1503-1521). Madrid, Dyquinson, 2008, p. 276. En 1505 le sucedió en el cargo el también fonsequista Juan López de Recalde.

 

15 THOMAS, Hugh: Quién es quién de los conquistadores. Barcelona, Salvat, 2001, p. 373.

 

16 Real cédula a Andrés Ruberto, Sevilla, 15 de enero de 1502. AGI, INDIFERENTE GENERAL 418, L. 1, fol. 77v. Colección Documental del Descubrimiento, T. III, pp. 1410-1411.

 

17 Véase el apéndice documental.

 

18 De hecho, el 15 de febrero de 1501 estaba ocupado en el envío de las tropas concejiles de Sevilla para sofocar la rebelión de los mudéjares. BELLO LEÓN: Ob. Cit., p. 23.

 

19 RÍO MORENO, Justo Lucas del: Los inicios de la agricultura europea en el Nuevo Mundo. Sevilla, ASAJA, 1991, p. 33.

 

20 El dinero debió ser suficiente porque por una orden del uno de agosto de 1503 se compelió a Gómez de Cervantes a que entregara al tesorero Sancho de Matienzo, el dinero que había sobrado del apresto de la armada ovandina. AGI, INDIFERENTE GENERAL 418, L. 1, fol. 114v. Cedulario, T. II, p. 189.

 

21 Como es de sobra conocido, esta institución recibió el encargo, desde principios del siglo XVI, de controlar el flujo migratorio con las colonias. Más concretamente, en 1509 se le ordenó que registrase a todos los viajeros, asentando qué es cada uno y de qué oficio y manera ha vivido y enviando esta información al gobernador u oficiales de las distintas regiones indianas para que vigilasen que estas personas continuaban en sus lugares de destino ejerciendo el oficio que tradicionalmente habían practicado en la Península. Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, Valladolid, 14 de noviembre de 1509. AGI, Contratación 5089, fols. 32v-33v. CODOIN, Serie 1ª, T. XXXI, pp. 506-513. Y Serie 2ª, T. II, fols. 187-193.

 

22 La cláusula en cuestión decía lo siguiente: Ítem, por cuanto nos con mucho cuidado habemos (sic)de procurar la conversión de los indios a nuestra Santa fe católica, y si allá fuesen personas sospechosas en la fe a la dicha conversión podrían dar algún impedimento, no consentiréis ni daréis lugar que allá vayan moros, ni judíos, ni herejes, ni reconciliados, ni personas nuevamente convertidas a nuestra fe, salvo si fueren esclavos negros o otros esclavos que hayan nacido en poder de cristianos nuestros súbditos e naturales. Instrucciones dadas a Nicolás de Ovando, Granada 16 de septiembre de 1501. AGI, INDIFERENTE GENERAL 418, L. 1, fols. 39r-42v. Cedulario, T. II, pp. 61-66.

 

23 VERLINDEN, Charles y Florentino PÉREZ-EMBID: Cristóbal Colón y el descubrimiento de América. Madrid, Rialp, 1967, pp. 150-151.

 

24 Ibídem, pp. 153-154.

 

25 Ese día se ordenó a Andrés Roberto, alguacil de la corte, que acudiese allí a agilizar la partida, Sevilla, 15 de enero de 1502. AGI, INDIFERENTE GENERAL 418, L. 1, fol. 77v. Cedulario, T. II, p. 118.

 

26 Según Eugenio Escobar, que cita un documento de la Biblioteca Provincial de Cáceres, afirma que el 27 de enero de 1502, estando a bordo de la capitana, estableció sus últimas voluntades, fundando una capellanía en el convento de San Benito de Alcántara. La fundación debió de estar bien dotada económicamente pues dispuso nada menos que seis misas semanales por su alma. ESCOBAR PRIETO, Eugenio: Hijos ilustres de la villa de Brozas. Cáceres, Ayuntamiento de Brozas, 1961, p. 34. Muchos pasajeros más otorgaron su escritura de última voluntad, entre ellos Juan Caro, Luis de Ávila, Alonso de Vargas y Francisco Pomareda. Véase el apéndice I.

 

27 Real Cédula a Nicolás de Ovando, Sevilla, 2 de febrero de 1502. AGI, INDIFERENTE GENERAL 418, L. 1, fol. 78r. Cedulario, T. II, p. 120. Cit. en PEREZ DE TUDELA: La quiebra de la factoría, p. 245.

 

28 ORTEGA: Ob. Cit., T. II, p. 317. ORTÍ BELMONTE: Ob. Cit., p. 15. PÉREZ DE TUDELA: La quiebra de la factoría, p. 245. Alice Gould retrasa su salida dos días, exactamente hasta el 15 de febrero de 1502 GOULD, Alice B.: Nueva lista documentada de los tripulantes de Colón en 1492. Madrid, Editorial Orión, 1984, p. 227.

 

29 Véase el apéndice documental.

 

30 DOMÍNGUEZ ORTIZ, Antonio: Orto y ocaso de Sevilla. Sevilla, Universidad, 1991, p. 71.

 

31 Real Cédula a Gómez de Cervantes, Jerez de la Frontera, 11 de noviembre de 1501. AGI, INDIFERENTE GENERAL 418, L. 1, fols. 68r. Santo Domingo en los manuscrito, p. 31. Cedulario, T. II, p. 83. Cit. en PÉREZ DE TUDELA: La quiebra de la factoría, p. 244.

 

Comentarios  Ir a formulario



No hay comentarios

Añadir un comentario



No será mostrado.





Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris
Plantilla basada en el tema iDream de Templates Next