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LA ESTANCIA DE LA HERMANDAD DEL ROSARIO EN LA IGLESIA DE EL SALVADOR, 1810-1812

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        (Imagen del retablo mayor de la iglesia del convento de Santo Domingo de Carmona, donde tuvo su sede durante siglos la hermandad del Rosario)

        Como ya referimos en un número anterior de este mismo Boletín, en el templo de El Salvador tuvieron oficialmente su residencia canónica cuatro hermandades, a saber: la antiquísima hermandad de La Esperanza, la Sacramental, la de Ánimas Benditas y una hermandad rosariana. Esta última, de la que disponemos de poca documentación, desempeñaba una importante labor asistencial a juzgar por el art. 8º de sus reglas, aprobadas por el ordinario el 6 de julio de 1752. Concretamente decía lo siguiente:

         Ítem, ordenamos que conociendo el que alguno de nuestros hermanos o hermanas cayese enfermo en cama y que por su pobreza y pocos medios no pudiese alimentarse y medicarse para adquirir salud, siendo esto hecho presente al hermano mayor que fuese de ella para que lo noticie a los hermanos ha de ser obligado y todos a concurrir con la limosna que cada uno pudiese para socorrer al tal hermano enfermo. Y asimismo, se ha de pasar a sus casas con el rosario para con toda devoción contarle una salve a María Santísima a fin de que más le convenga para salvación de su alma y si ocurriese la muerte de alguno de nuestros hermanos o hermanas, noticiado que sea al dicho hermano mayor se ha de pasar con dicho hermano a cantarle a su cuerpo difunto un responso lo que se hará precisamente por ser así nuestra voluntad1

 

         Sin embargo, además de las corporaciones citadas, otras dos tuvieron eventualmente su sede en dicho templo, a saber: la del Dulce Nombre de María y la Imperial Cofradía del Rosario. La primera llegó procedente de la iglesia de San Bartolomé a mediados del XVII, fusionándose en poco tiempo con la de La Esperanza. Al parecer, fueron ellos los que protagonizaron una especie de revolución interna, dejando de ser una hermandad de luz para convertirse en otra de penitencia.

En cuanto a la de Nuestra Señora del Rosario del convento de Santo Domingo de Carmona, fue fundada, según José Martín de Palma, por su cuarto abuelo Alonso de Palma Hidalgo en 1512, aunque no aprobó sus primeras reglas hasta una década después, concretamente hasta el 6 de enero de 15222. La devoción de su imagen titular en Carmona fue muy grande, como prueban las muchas donaciones que recibió a lo largo de toda la Edad Moderna3.

A principios del siglo XIX se vivieron en Carmona momentos fatídicos debido a la ocupación de la ciudad por las tropas napoleónicas. La última reunión del concejo carmonense tiene fecha del 23 de enero de 1810, ante la inminencia de la llegada de las tropas francesas a la ciudad. Pero pocos años después dejaron por escrito la impresión que dejó en Carmona esta ocupación, presidida por las más execrables maldades, insultos, robos de casas y tiendas, de dineros, ropas, comestibles, caballos, ganados, atropellamiento del débil sexo, lo mismo en el pueblo que en los caseríos de los campos, caminos, haciendas y cortijos, con innumerables excesos en la profanación de los templos religiosos4. Y por si fuera poco, el nuevo gobierno francés decidió, a los pocos meses de entrar en la ciudad, convertir el convento de Santo Domingo y el de Santa María de Gracia en sendos hospitales militares, la ermita de San Antón en lazareto y lugar de cuarentenas, mientras que el de San Francisco y el Carmen se transformaron en cuarteles5. Todas las iglesias y conventos citados fueron pavorosamente despojados.

Como es bien sabido, la hermandad de Nuestra Señora del Rosario tenía su capilla propia en el convento de Santo Domingo. Así que, ante los inminentes rumores de la llegada de los franceses, entre el 23 y el 29 de enero de 1810, decidieron su traslado al templo parroquial de El Salvador. No sabemos quiénes o por qué eligieron como sede esta iglesia; sí parecía lógico que optasen por refugiarse en un santuario situado en intramuros, pero que bien pudo haber sido cualquiera de las seis parroquias que se encontraban bajo la protección de las murallas.

         Pese a la buena acogida que se les dispensó en su nueva sede provisional, nunca pensaron quedarse. No sólo por los siglos que llevaban establecidos en el viejo convento dominico sino también porque allí tenían una bonita capilla en propiedad y su bóveda de entierro. Por ello, tras la salida de los franceses, tardaron pocos meses en regresar a su sede canónica. Así, en agosto de 1812 el mariscal Soult se batió en retirada y la ciudad quedó libre de la tiranía francesa. El júbilo se adueño de Carmona y durante los días 15 y 16 de agosto hubo luminarias en varias torres de la ciudad. Nuevamente el 29 de agosto hubo fiesta generalizada en la ciudad, pues, el cabildo acordó que hubiese repique de campanas de todas las iglesias de la ciudad, con iluminación de todo el pueblo y misa solemne en Santa María con Te Deum y con asistencia de las cruces parroquiales6

Pues bien, en apenas dos meses los hermanos del Rosario estaban solicitando autorización para retornar a su primitiva residencia. Y ello a pesar de la situación dantesca en la que se encontraba tanto la iglesia de Santo Domingo como su capilla, después de haber sido totalmente despojada y saqueada. No obstante, la estructura del edificio seguía siendo sólida por lo que, tras adecentarlo mínimamente, tomaron su decisión de efectuar el traslado. Efectivamente, el 20 de noviembre de 1812, el hermano Mayor y prioste de esta hermandad solicitaba las llaves del templo de Santo Domingo para su retorno a él desde su sede provisional de El Salvador7. Poco después, en solemne procesión, su sagrada imagen era trasladada a su primitiva capilla, ante la devoción de miles de carmonenses. Habían permanecido en El Salvador cerca de tres años, celebrando allí sus cultos internos.

Huelga decir que en el exclaustrado templo de Santa Ana permanecieron poco menos de un siglo, es decir, el tiempo en el que la iglesia conventual se mantuvo en un razonable buen estado8. Pero cada vez más, las dos hermandades allí ubicadas encontraban más dificultades para mantener ellas solas todo el edificio, prácticamente abandonado a su suerte. En 1865, ambas corporaciones, la hermandad del Rosario y la del Dulce Nombre de Jesús se fusionaron e inmediatamente después comenzaron a solicitar su traslado al templo de San Pedro. De hecho, la primera petición a Palacio que conocemos en este sentido data del 16 de noviembre de 18659. El traslado tardaría en llegar, pues no se aprobó definitivamente hasta el 6 de agosto de 1899, aunque los cultos se realizaban de hecho en dicho templo al menos desde el año anterior10.

¿Por qué decidieron trasladarse a San Pedro y no a El Salvador donde tan gratamente los habían acogido durante los duros años de la invasión francesa?, Pues no lo sabemos, pero lo cierto es que no parece que ni tan siquiera se planteasen esa posibilidad. Probablemente, se trataba simplemente de una cuestión de jurisdicción; el templo de Santo Domingo se ubicaba en la collación de extramuros y, en teoría, la parroquia que les correspondía era la de San Pedro. Con toda probabilidad, los libros de cabildos de aquellos años o los de la propia fábrica de San Pedro, pueden ofrecer información que nos aclare mejor esta decisión.

1 Reglas de la hermandad del Santísimo Rosario de Nuestra Señora la Virgen María, la beatísima Trinidad y en su título de Coronación se venera en la parroquial de San Salvador de Carmona, aprobada en Sevilla el 6 de julio de 1752. AGAS, Hermandades 121.

2 ROMERO MENSAQUE, Carlos José: El rosario en Sevilla. Devoción, rosarios públicos y hermandades. Sevilla, Excmo. Ayuntamiento, 2004, p. 479.

3 Como ejemplo, citaré una donación inédita localizada en el archivo municipal de Carmona. El 15 de agosto de 1661 se reunió su cabildo y aceptaron un rosario de cuentas de coral, compuesto por cinco dieces engarzados y extremado con plata de filigrana que le habían legado en su testamento Gracia Barba de Bohórquez y Ureña y su esposo Juan Berrugo de Morales. A.P.C., Escribanía de Alonso Núñez de Parrilla 1761, fols. 830r-830v.

4 Cabildo del 25 de julio de 1813. A.M.C. Libro 228. Cit. en NAVARRO DOMÍNGUEZ, José Manuel: “La organización militar francesa en Carmona durante la guerra de la Independencia”, Actas del IV Congreso de Historia de Carmona. Carmona, 2005, p. 55.

5 Acuerdo del cabildo por el que se decidió hacer cuarteles los conventos del Carmen y San Francisco, Carmona, 30 de julio de 1810. A.M.C., Libro 225. Poco antes, por acuerdo capitular del 3 de junio de 1810 se decidió el traslado de la Virgen de Gracia a Santa María, así como de la reja de su capilla mayor.

6Acuerdo capitular del 29 de agosto de 1812. A.M.C., libro 227.

7Cabildo del 20 de noviembre de 1812. A.M.C., Actas Capitulares Lib. 228.

8 De hecho, en una visita arzobispal a Carmona, en 1880, el visitador declaró que visitó los conventos exclaustrados de El Carmen, San José, San Francisco y Santo Domingo y lo encontró todo en buen estado. A.G.A.S., Visitas 1408, R. 4, N. 1.

9 Solicitud de traslado de la hermandad del Rosario a la iglesia de San Pedro, Carmona, 16 de noviembre de 1865. A.G.A.S., Hermandades 124.

10 ROMERO MENSAQUE, Carlos José: “El fenómeno rosariano en la ciudad de Carmona. Apuntes para su estudio”, Boletín del Consejo de Hermandades y Cofradías de Carmona. Carmona, 2008, p. 44.

ESTEBAN MIRA CABALLOS

(Artículo publicado en Ecce Homo. Boletín de la hermandad de la Esperanza. Carmona, 2014, pp.50-52)

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