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Historia de Sevilla

INDIOS AMERICANOS EN SEVILLA (S. XVI)

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INDIOS AMERICANOS EN

SEVILLA (1492-1542)

 

                                                                                                                              Por Esteban Mira Caballos

 

1.-INTRODUCCION

En los últimos años nos hemos venimos dedicando al análisis de los aborígenes americanos que, de forma casi siempre forzada, arribaron a la Península tras el Descubrimiento de América. Precisamente en un congreso celebrado en 1993 por la Asociación de Historiadores Latinoamericanistas de Europa en la ciudad alemana de Leipzig demostramos que tan sólo en el periodo comprendido entre 1492 y 1550 se embarcaron para la Península cerca de 2.000 indígenas1.

En otros estudios posteriores desarrollamos tanto la legislación promulgada al respecto que permitió la trata de estos indios con destino a los mercados esclavistas peninsulares, como su devenir por el solar peninsular2.

Introduciéndonos de lleno en el tema podemos decir que, tras unos inicios dubitativos, en 1503 se autorizó su embarque rumbo al Reino de Castilla con la única condición de que fuese voluntariamente aceptada por los propios indígenas3. Esta autorización supuso la reanudación -desde entonces regulada legalmente- de la trata de indígenas americanos ya que difícilmente se podía probar la negativa de los indios a obedecer a sus "dueños" en su deseo de llevarlos rumbo a Castilla. Por este motivo, La Corona terminó por prohibir desde 1512 la traída de estos desdichados indios4. Sin embargo el hecho de que la Real Cédula de 1512 se repita sin cesar en los años sucesivos, y concretamente en 1528, 1531, 1533, 1536, 1543, 1548 y 1549, nos está indicando claramente que no se cumplía5.

En cualquier caso a partir de la promulgación de las Leyes Nuevas, ocurrida como es de sobra conocido en 1542, la legislación se tornó mucho más severa por lo que los indios dejaron de entrar en la Península por el puerto de Sevilla para hacerlo a través de Lisboa. Es cierto que, a partir de mediados de siglo, los indios arribados a las costas españolas eran en su mayoría procedentes del Brasil, donde los portugueses no habían prohibido su trata, sin embargo, no es menos cierto también que lusos y españoles comercializaban sin problemas no pocos indios de la América Española, haciéndolos pasar fácilmente por oriundos del Brasil.

En medio de esta vorágine que supuso el Descubrimiento del Nuevo Mundo con la emigración masiva de población española al otro lado del océano y de miles de indios con destino a la Península, Sevilla, puerto y puerta de las Indias, no podía quedar al margen. Pese a que queda aún mucho por investigar las cifras que vamos encontrando nos indican una presencia mínima de estos indios, que apenas si suponían el 1 o el 1,5 por ciento de la mano de obra esclava. No debemos olvidar que aunque actualmente tenemos registrada la entrada de varios miles de indios en España lo cierto es que en relación a la población española, o incluso a la población negra, apenas si tienen importancia cuantitativa. No obstante, se trata de un minoría étnica, que precisamente por su situación marginal, ha sido injustamente olvidada por la historiografía moderna y contemporánea. Por este motivo nos sentimos obligados a rescatar su memoria del olvido, pues, no cabe duda que constituye una página olvidada de nuestra historia.

Sin embargo queremos advertir la dificultad con la que nos encontramos a la hora de identificar a los indios ya que, cuando en la documentación se refleja la condición de esclavitud de una persona no siempre aparece especificada su etnia. Con frecuencia suele reflejarse, además de su condición de esclavo, el color de la piel. Sin embargo resulta muy difícil identificar a que raza o etnia corresponden las distintas descripciones que se ofrecen cuando se refieren al color de la piel. Por ejemplo, para nosotros el tono amembrillado no está nada claro si hace referencia a mulatos con varios cruces o, en determinados casos, a indígenas americanos. Nosotros sospechamos que al menos en algunas ocasiones en que se menciona en la documentación el color amembrillado se hace referencia, bien a indios, o bien, a mestizos. Sin duda, aclarar este aspecto sería fundamental, pues, por ejemplo, Fernando Cortés encontró que un 16% los esclavos de la Extremadura Meridional en el siglo XVII eran de color "membrillo cocho"6. Evidentemente de confirmarse que dentro de esta etiqueta podrían incluirse los indígenas americano revolucionaría las cifras de que disponemos para analizar a esta minoría social.

 

2.-LA MIGRACION FORZADA DE INDIOS A SEVILLA

En las líneas que vienen a continuación retomaremos el tema de los indios traídos a Castilla de manera más o menos ilegal para abastecer los mercados esclavistas castellanos.

Más concretamente en un una Real Cédula, fechada en 1534 y dirigida a los oficiales de la Casa de la Contratación se denunciaba el gran número de indios esclavos que había ilícitamente en Sevilla. Dado el interés del documento lo reproducimos parcialmente en las líneas que vienen a continuación:

 

Por parte de Juan de Cárdenas me ha sido hecha relación en este Consejo que en Sevilla hay muchos indios naturales de la Nueva España y de otras partes de las Indias los cuales siendo libres los tienen por cautivos y siervos. Que no se vendan ni hierren porque sabemos que los que los traen los hierran en el rostro o les echan argollas de hierro a la garganta con letras de sus propios nombres en que dicen ser sus esclavos...7

 

 

Una vez llegados a Sevilla lo primero que se solía hacer era bautizarlos, cambiándoles su nombre indígena por el de su amo o propietario. A continuación, en caso de que no fuese esclavo se solía herrar ya que, ninguna persona quería invertir dinero en una mano de obra que no ofrecía garantías de su situación servil. Así, por ejemplo, en el pleito por la libertad de los indios del regidor carmonense, Juan Cansino Aragonés, los testigos declararon que, después de comprarlos en Sevilla, herró a uno de ellos en la cara para poderlo vender, "porque de otra forma nadie lo quería comprar"8. Para señalarlo como esclavo no tuvo más que ordenárselo a "uno que vive junto a la carnicería" lo cual efectuó sin demora porque el mencionado Juan Cansino no sólo era regidor, sino que pertenecía a una de las familias más influyentes de la localidad, llegada tras la Reconquista9.

Una vez herrados se procedía a sacar partido del negocio bien a través de su venta como esclavos, o bien, sirviéndose de ellos directamente, utilizándolos como pajes en el caso de ser varones o públicamente como concubinas en el caso de ser mujeres, lo cual conllevaba, como es sabido, un gran prestigio social10. En relación a esta última circunstancia, es decir, al concubinato con las indígenas antillanas, contamos con una Real Cédula, fechada en 1536, en la que esta situación queda perfectamente demostrada:

 

Soy informado que algunos marineros y pasajeros y otras personas que vienen de Indias traen consigo algunas mujeres indias por esclavas y otras libres con las cuales, en ofensa de nuestra conciencia, y no miran en su instrucción en la fe y tienen acceso carnal y las retienen en sus casas continuando su pecado, por ello, mando que cuando vengan navíos os informéis si van o vienen algunas mujeres indias libres o esclavas y ved si tienen acceso carnal. Si son esclavas que las vendan en pública almoneda en unos días y si fueran indias libres sacarlas de su poder y ponerlas en poder de mujeres honestas...11

 

Existieron dos grandes mercados de indios por antonomasia en donde los castellanos compraban y vendían a sus indios: en primer lugar, el sevillano, lo cual era lógico si tenemos en cuenta que era el puerto de destino de los navíos del Nuevo Mundo. De hecho, en la década de los cuarenta debió haber en Sevilla más de 200 indios, la mayoría de ellos adquiridos en la propia capital Hispalense12.

Sin embargo, a partir de la década de los treinta, la legislación contra la introducción de aborígenes en la Península se tornó tan severa que el mercado de esclavos indios se desplazó a la capital del vecino reino portugués, es decir, a Lisboa. A la capital lusa, pues, comenzaron a arribar navíos cargados de aborígenes procedentes tanto de Brasil -donde estaba permitido cautivarlos- como de las propias Indias Españolas13.

Estos indígenas, de rasgos tan característicos, debieron causar admiración entre la población española que observaba absorta a los indianos acompañados por sus séquitos de esclavos indios. Concretamente, Andrés Navajero, en la tercera década del siglo XVI, una de las cosas que más le llamó la atención en Sevilla fue la presencia de ciertos indios, a los que pudo ver jugando "a la pelota". Es probablemente la descripción más antigua que se conoce de indios en Castilla, por lo que la transcribimos en las líneas siguientes:

 

...También vi algunos jóvenes de aquellas tierras (se refiere a las Indias) que acompañaban a un fraile que había estado allí predicando para reformar las costumbres de los naturales y eran hijos de señores de aquellos países; iban vestidos a su usanza, medio desnudos, y sólo con una especie de juboncillo o enagüetas; tenían el cabello negro, la cara ancha, la nariz roma, casi como los circasios, pero el color tira más a ceniciento; mostraban tener buen ingenio y vivo para todo, pero lo singular era un juego de pelota que hacían a estilo de su tierra: la pelota era de una especie de leño muy ligero y que botaba mucho, tamaño como un melocotón o mayor, y no la rebatían con las manos ni con los pies, sino con los costados, lo que hacían con tal destreza que causaba maravilla verlo; a veces se tendían casi en tierra para rebatir la pelota, y todo lo hacían con gran destreza14.

 

Evidentemente, el elevado precio que alcanzaban algunos de estos indios se debía no tanto a que trabajasen mejor que los negros sino más bien a su aspecto exótico. Estos precios oscilaban entre los 3.000 ó 4.000 maravedís en que se vendían los menores de quince años hasta los 16.000 maravedís que podían alcanzar los adultos15.

Estos indios pasaron a formar parte de los estratos más bajos de la sociedad sevillana. No en vano, contra ellos se vertieron las discriminaciones comúnmente aplicadas a otras minorías, y así, por ejemplo, el Sacramento del sacerdocio les estuvo prohibido, pues se consideraba que no eran seres dignos para el desempeño de tales funciones16.

Pese a todo nos consta la existencia de indios desempeñando oficios artesanales o de servicios, como carpintería, sastrería o cocina, los cuales requerían una cierta especialización. Así, en uno de los numerosos pleitos de indios que se generaron por la libertad de estos indígenas, los testigos declararon que un indio llamado Francisco Manuel "había servido cuatro años y más tiempo muy bien y fielmente haciendo todo lo que le ha mandado así de noche como de día así en su oficio de carpintero como en todas las otras cosas que le ha mandado el dicho Sebastián de Aguilar y su mujer y madre..."17.

Igualmente, conocemos la existencia de un indígena, llamado Juan Díaz, natural de Cubagua, que vivía en Sevilla, en concreto en la Puerta de Jerez, donde tenía instalado su propio taller de sastrería desde la década de los cuarenta18.

La cualificación y el nivel profesional de estos indígenas se pone de manifiesto cuando en las sentencias se condenaba a pagar a muchos antiguos propietarios nada menos que 10 ó 12 ducados de indemnización por cada uno de los años servidos y en algunas ocasiones mucho más. Así le ocurrió, por ejemplo, a la viuda de Hipólito Sedano, que hubo de indemnizar a un indio suyo, llamado Gonzalo, con 12 ducados por cada uno de los 14 años que le sirvió19.

Pese a todo, no podemos perder de vista que se trataba, en aquella época, de oficios serviles que en absoluto elevaban el status social de quienes lo desempeñaban. No en vano, como ha escrito Morales Padrón, muchos de los esclavos africanos de la Sevilla del Quinientos fueron cocineros, olleros, albañiles curtidores, criados, etc20, es decir, desempeñaron justo los mismos oficios que los indios afincados en Castilla, según hemos visto en las líneas precedentes. No debemos olvidar que en el siglo XVI el 80 por ciento de la población vivía en una pobreza más o menos aguda y que tanto los mercaderes como los artesanos eran grupos poco prestigiosos socialmente21.

La opinión que los numerosos testigos españoles, presentados en estos pleitos, tenían de los aborígenes americanos era que pese a ser de "menos trabajo" que los negros eran mucho más leales y fieles servidores. Es muy posible que está idea se sustentase tan solo en el hecho de la mayor ingenuidad de los indios en relación a los negros, incapaces muchos de ellos de reivindicar sus derechos, y cuando lo hacían, siempre era después de largas décadas de aprendizaje en la Península.

Además, otros aborígenes desempeñaron oficios de menor cualificación, y muy en concreto el de criados, cuya indemnización anual se cifraba en tan sólo unos 5 ducados anuales22. Se trataba en estos últimos casos de aborígenes que servían como simples mozos y recaderos.

Otros indígenas tras ser liberados, después de los juicios, terminaban como mendigos en las calles de las principales ciudades españolas por lo que Su Majestad terminó por darles pasaje gratuito a sus lugares de origen a todos aquellos que estuviesen en esta situación23. Concretamente, sabemos que en Triana vivía un indio ciego que sobrevivía de las limosnas que obtenía mendigando por las calles24. Estos indios engrosaron la larga lista de mendigos y miserables que proliferaron en Sevilla a la sombra de las opulencias que paradójicamente generó el Nuevo Mundo.

En cualquier caso hubo algunos indígenas que se integraron plenamente en la sociedad sevillana, cumpliendo con todos los Sacramentos católicos, confesando y comulgando cuando mandaba la Iglesia. En este sentido, en el pleito por la libertad de los indios del escribano Pedro de Castellanos se demostró que a sus dos indias las instruyó en la fe, "haciéndoles confesar y comulgar en el tiempo que manda la Santa Madre Iglesia"25. Igualmente conoce- mos el caso de un indio llamado Juan de Oliveros, que tras ser declarado libre, en 1549, se desposó en la iglesia de Santa Ana de Sevilla, con una india trianera llamada Inés26.

A modo de resumen, debemos decir que muchos de los indios llegados a Sevilla se adaptaron a su nueva tierra y fueron asimilados por la cultura hispana, aprendiendo el castellano, practicando los preceptos religiosos y trabajando en aquellos oficios que sus propios conocimientos les permitían ejercer. Otros, en cambio, de una menor formación educativa y profesional, corrieron peor suerte, engrosando las grandes partidas de mendicidad, que tan comunes fueron en las principales ciudades y villas españolas del Antiguo Régimen. En general su trato y su situación socio-laboral apenas se diferenció de la que disfrutaron los esclavos negros.

3.-LA ENSEÑANZA DE INDIOS EN SEVILLA

Al margen de lo que era el tráfico ilegal de indios y que analizaremos con más detenimiento en páginas posteriores, las autoridades españolas fomentaron desde los primeros tiempos la traída de indígenas a Castilla con la intención de evangelizarlos. Para tal fin se prefirió a los hijos de caciques ya que la Corona fue consciente desde un primer momento del poder que tenían estos jefes indígenas sobre el resto de la población aborigen.

Ya para en 1505 encontramos a uno de estos hijos de caciques en Sevilla, siendo educado minuciosamente "en las cosas de la fe", pues ya en este mismo documento se consideraba la forma idónea para atraerse a ella al resto de los naturales27.

Sin embargo, fue realmente en 1516 cuando por primera vez encontramos un proyecto importante de evangelización de indígenas en Sevilla. En este año el Rey ordenó traer seis indias y cuatro indios a la Casa de la Contratación con la intención de instruirlos en la fe y a las órdenes directas del Arzobispo de Sevilla, fray Diego de Deza. Poco fruto se obtuvo, en realidad, de esta experiencia pues a los pocos días de comenzar murieron dos indios28, mientras que el resto fue falleciendo por muerte natural en el transcurso de los meses siguientes. Estos indios estuvieron "depositados" en el monasterio de San Leandro de Sevilla29, abonándose aproximadamente 10 maravedíes diarios por cada indio o india, en cuya cuantía se incluían los alimentos, la ropa y el calzado, mientras que los gastos en medicinas, hospitalización y entierro se consideraban desembolsos extraordinarios que la Corona debía pagar aparte. El experimento de 1516, como ya hemos mencionado, acabó en un rotundo fracaso ya que los indios, pese al supuesto buen trato que se les dio, desaparecieron en apenas un año, sin que desde luego se pudieran analizar sus avances30.

Posteriormente, y más concretamente en 1529, se llevó a cabo otra experiencia similar, al traerse de Cuba ocho hijos de caciques con el fin de ponerlos en materia "donde sean industriados en las cosas de Nuestra Santa Fe católica y a vivir política y ordenadamente"31. Estos fueron repartidos entre varios cenobios españoles, de la siguiente forma: cuatro en el monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe, dos en el de Santo Domingo de Sevilla e igual número en el monasterio franciscano Casa Grande de Sevilla32.

Sin duda, se trata de una acción verdaderamente interesante que habría que investigar algo más, acaso entre los fondos de tales conventos, pues no hemos encontrado en el Archivo General de Indias datos a este respecto. Tan sólo sabemos que el Rey solicitó un año después información sobre la situación, estado de salud y avances en la fe de estos aborígenes americanos33. Sin embargo, la ausencia de documentación y el hecho de que no aparezcan descargos para el mantenimiento de esos indios en los libros de contabilidad de la Casa de la Contratación parece indicar nuevamente un temprano fracaso de la experiencia.

Finalmente, en 1530, encontramos otro esfuerzo en este mismo sentido, aunque esta vez no se trataba de hijos de caciques sino de varios de los indios que trajo Sebastián Caboto del entonces llamado Río de Solís. La Corona dispuso que de todos ellos se seleccionasen los tres más hábiles para realizar una completa instrucción en la fe. Estos fueron enviados al monasterio de San Jerónimo de Sevilla sin que por lo demás tengamos noticias sobre los resultados obtenidos34. Al año siguiente, y para completar este programa de instrucción, se pidieron otros tres aborígenes al gobernador de Tierra Firme, entregándose posteriormente a la abadesa del monasterio de Santa María de las Dueñas de Sevilla35, aunque desafortunadamente, y como en los casos anteriores, no contamos con más información que nos ilustren sobre la vida de estos indios y de sus avances en materia religiosa y educativa.

 

5.-CONCLUSIONES

Creemos que este pequeño artículo puede servir para introducirnos en un tema olvidado por la historiografía más reciente, es decir, los indios americanos que vivieron en Sevilla en el siglo XVI. Este trabajo no pretende agotar esta temática si no más bien establecer un primer intento de globalización. En adelante será necesario escudriñar los libros de bautismo y los protocolos notariales históricos de las distintas localidades extremeñas para ir conociendo el número exacta y el devenir de estos desdichados indígenas.

Lo que si queda claro en este trabajo es que estamos hablando de una minoría que difícilmente superaría el 1,5 por ciento de la población esclava. Sin embargo también se ha roto con el tópico que decía que su presencia se limitó a un puñado de ellos que trajo de las Indias Cristóbal Colón y otros Descubridores. Realmente hubo un tráfico de indios con destino a Extremadura que, hasta mediados del siglo XVI debieron llegar a través del puerto de Sevilla y, en la segunda mitad de la centuria desde la capital lusa.

Por otro lado, también debemos decir que el hecho de que nos hayamos centrado en el siglo XVI no significa que no hubiese esclavos indios en el siglo XVII. Si es cierto que su trata se debilitó aún más, especialmente a partir del segundo tercio de esta centuria decimoséptima36.

Esperemos que este trabajo anime a los investigadores a continuar con esta tarea y que en los próximos años podamos concretar mucho más la historia de esta minoría étnica en la Extremadura Moderna.

1    MIRA CABALLOS, Esteban: "Indios americanos en el Reino de Castilla (1492-1559)", X Congreso de la Asociación de Historiadores Latinoamericanistas de Europa. Leipzig, 1993, (publicado en CD ROM en 1995). Una versión algo ampliada de este trabajo puede verse en la revista Temas Americanistas. Sevilla, 1997.

2    MIRA CABALLOS, Esteban: "Aproximación al estudio de una minoría étnica: indios en la España del siglo XVI", Hispania, Revista Española de Historia, T. LVI, Nº 3. Madrid, 1996, pp. 945-964.- "El envío de indios a la Península Ibérica: aspectos legislativos (1492-1550), Studia Histórica. Salamanca, 1997.

3    MIRA CABALLOS: Aproximación al estudio..., p. 946.- El envío de indios...

4    IBIDEM.

5    La prohibición fue reiterada por sendas cédulas expedidas el 4 de diciembre de 1528, el 15 de diciembre de 1531, el 3 de febrero de 1533, el 14 de enero de 1536, el 14 de julio de 1543, el 9 de julio de 1548, el 1 de mayo de 1549, etc. IBIDEM.

6    CORTÉS CORTES, Fernando: Esclavos en la Extremadura meridional del siglo XVII. Badajoz, Diputación Provincial, 1988. p. 48.

7    Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, Dueñas, 25 de septiembre de 1534. AGI, Indiferente General 1961, L. 3, ff. 151v-152.

8    Pleito por la libertad de los indios de Juan Cansino, 1558. AGI, Justicia 908, N. 2. Declaración de Juana Núñez.

9    IBIDEM.

10    Carta de la Audiencia de Santo Domingo a Su Majestad, Santo Domingo, 27 de julio de 1549. en la cual le explica la utilización de aborígenes como pajes. AGI, Santo Domingo 49, R. 19, N. 122 BIS.

11    Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, Madrid, 14 de enero de 1536. AGI, Indiferente General 1963, L. 4, ff. 27-27v.

12    Los oficiales de la Casa de la Contratación elaboraron en esta década un libro en el que se registraron todos los indios esclavos que había en la capital hispalense. Por desgracia, tal documento no se ha conservado y tan sólo nos quedan algunas referencias en algunos de los pleitos que se generaron a partir de mediados de siglo por la libertad de los indios.

13    Encontramos incluso intermediarios que acudían a la ciudad de Lisboa a comprar esclavos indios para después venderlos en España. Este era el caso de Alonso Sánchez Carretero, que fue a Lisboa a comprar 15 indios, pues tenía por oficio "comprar y vender esclavos". Pleito por la libertad del indio Esteban, propiedad de Diaz Sánchez de Cabrera, 1553-1558. AGI, Justicia 1023, N. 1, R. 1.

14    Citado en MONTOTO, Santiago: Biografía de Sevilla. Sevilla, Editorial Castillejo, 1990, p.213. El juego que se describe estaba muy difundido en América y se practicaba en extensas zonas de Mesoamérica y en el área antillana.

15    MIRA CABALLOS: Ob. Cit.

16    GIL-BERMEJO: Los indios, Ob. Cit., p. 120.

17    Pleito entre el indio Francisco Manuel y Catalina Gil, 1553. AGI, Justicia 1022, N. 1, R. 2.

18    Este indio fue presentado por testigo en el pleito entre el carmonense Juan Cansino y el fiscal del Consejo de Indias por la libertad de varias indias. Se declaró así mismo como vecino de la puerta de Jerez y natural de la isla de Cubagua. AGI, Justicia 908, N. 1. Asimismo, tenemos noticias de otros indios, como por ejemplo uno llamado Juan, que se ganaba la vida trabajando a jornal como tundidor en la villa de Baeza. Pleito por la libertad del indio Esteban, 1553-1558. AGI, Justicia 1023, N. 1, R. 1.

19    Pleito sobre la libertad del indio Gonzalo, 1554. AGI, Justicia 1022, N. 2, R. 3. La misma sentencia recayó sobre Catalina Alonso, vecina de Cortegana, mujer de Alonso Romero que hubo de pagar dicha cantidad anual a un indio que le servía llamado Diego. Pleito sobre la libertad del indio Diego, 1553. AGI, Justicia 1022, N. 1, R. 5.

20    MORALES PADRON, Francisco: La ciudad del Quinientos, T. IV de la Historia de Sevilla. Sevilla, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1977, p. 103.

21    MORELL PEGUERO, Blanca: Mercaderes y artesanos en la Sevilla del Descubrimiento. Sevilla, Excma. Diputación Provincial, 1986, pp. 140-143.

22    Pleito por la libertad de un indio llamado Diego de doña Inés Carrillo, 1534. AGI, Justicia 716, N. 4.

23    Real Cédula a los jueces de la Casa de la Contratación, Valladolid 15 de noviembre de 1552. Recopilación, T. II, Lib. VI, Tit. I, Ley XVII.

24    Pleito por la libertad de la india Beatriz esclava de Juan Cansino, 1558. AGI, Justicia 908, N. 2.

25    Pleito por la libertad de los indios del escribano Pedro Castellanos, 1549. AGI, Justicia 758, N. 4.

26    En el pleito por la libertad de Juan de Oliveros un testigo indio llamado Juan García declaró que estuvo presente cuando se desposó éste con la india Inés en la iglesia de Santa Ana de Triana y que la india era de un vecino de Triana llamado Blas Gallego. Pleito por la libertad de Juan de Oliveros y Beatriz, indios. AGI, Justicia 757, N. 3.

27    Respuesta a los oficiales de la Casa de la Contratación, Segovia, 11 de agosto de 1505. AGI, Indiferente General 418, L. 1, ff. 171v-172. Cuentas del tesorero de la Casa de la Contratación, Sancho de Matienzo. AGI, Contratación 4674, L. 1, f. 483v.

28    Real Cédula al tesorero Sancho de Matienzo, Madrid, 17-VII-1516. AGI, Indiferente General 419, L. 4, ff. 6v-7.

29    Cuentas del tesorero Sancho de Matienzo, 1516. AGI, Contratación 4675A.

30    Cuentas del tesorero Matienzo, 1516. AGI, Contratación 4675A, ff. 70-78.

31    Real Cédula a los oficiales de la Casa de la Contratación, Madrid, 4-XII-1529. AGI, Indiferente General 1952, L. 2, ff. 25v-26v. Aunque sabemos que en principio fueron solicitados doce indios parece ser que sólo llegaron ocho. Respuesta a Gonzalo de Guzmán, Monzón, 5-VI-1528. AGI, Indiferente General 421, L. 13, ff. 164v-167v.

32    IBIDEM

33    Carta de Su Majestad al prior del Monasterio de Santo Domingo de Sevilla, Ocaña, 22-XII-1530. AGI, Indiferente General 1961, L. 2, ff. 15v-16. Carta al prior y frailes del monasterio de Guadalupe, Madrid, 22-XII-1530. AGI, Indiferente General 1961, L. 2, ff. 16-16v.

34    Real Cédula al padre guardián del monasterio de San Jerónimo de Sevilla. AGI, Indiferente General 1952, ff. 147-147v.

35    Real Cédula a Francisco Tello, tesorero de la Casa de la Contratación de Sevilla, Ocaña, 4-IV-1531. AGI, Indiferente General 1961, L. 2, f. 47.

36    Existen algunas investigaciones referidas a otras zonas de España como el trabajo inédito que Ndamba Kabongo realizó sobre la esclavitud en Córdoba entre 1600 y 1621, en que detectó la presencia de algunos esclavos indios. Citado en ARANDA DONCEL: Ob. Cit., p. 242. También, por citar otro ejemplo concreto, en El Pedroso vivía en 1640 un indio, al parecer libre, llamado Miguel García que asistió como testigo en un bautizo celebrado en la iglesia parroquial de dicha localidad. Archivo Parroquial de El Pedroso, Libro de Bautismos Nº 5, fol. 20. (Documento facilitado gentilmente por D. Antonio García).

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