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          José Martín de Palma en sus libros manuscritos conservados en el archivo Valverde Lasarte, incluyó un capítulo titulado: "De las armas que el santo rey don Fernando dio a carmona, y de su principio y origen del título de ciudad". Él se vanagloriaba que Carmona, pese a que no obtuvo el título hasta 1630, de facto lo era desde tiempo inmemorial.

Efectivamente Carmona recibió el título de ciudad el 20 de marzo de 1630 tras pagar a la hacienda Real 40.000 ducados. El déficit de numerario de la Monarquía, en plena Guerra de los Treinta Años, era tal que a cambio de dinero estaba encantada de conceder cualquier título, ya fuese nobiliario, de villa, de ciudad, e incluso, a enajenar títulos o territorios.

Lo más interesante de la versión de José Martín de Palma, un estudio carmonense del siglo XVIII, es que según él ya era ciudad de facto desde mucho antes. Y para demostrarlo esgrimía dos pruebas: una, su condición de municipio romano en tiempos de Julio César. Y dos, la existencia un documento de 1491 expedido por los Reyes católicos en que se cita a las ciudades de Sevilla, Carmona, Écija,Jerez, Andújar, Baeza,  Úbeda y Córdoba. No hemos encontrado otros documentos en que se dé a Carmona este tratamiento salvo algún que otro error. Así, por ejemplo nada menos que en el testamento de Carlos V, dado en Bruselas el 6 de junio de 1554 se citó lo siguiente:

 

Y a todos los otros gobernadores castellanos, alcaides y sus lugartenientes, así de las ciudades de Milán, Carmona, Alexandría, Lodi, Pavía y las otras ciudades, villas, tierras y lugares del dicho Estado… (Fernández Álvarez, 1979: IV, 93).

 

           Estaba claro que no se trató más que de un error de su cancillería, pero ¡vaya error!, en un documento tan importante, en el que pusieron Carmona donde presumiblemente debía figurar Cremona. Pero cualquier argumento era válido para una persona como José Martín de Palma, dispuesto a engrandecer los orígenes de su pequeña patria chica a cualquier precio. Incluso, a costa de tergiversar la verdad histórica.

 

 

APÉNDICE I

 

Capitulo de las armas que el santo rey don Fernando dio a Carmona, y de su principio y origen del nombre de ciudad

 

Carmona, cuyas ruinas están clamando mayor grandeza que las murallas de otros insignes ciudades, cuyos alcázares bocean quien fue Carmona, cuya fábrica está diciendo haber sido fundada cuando los hombres no tenían qué hacer en el principio de su población.

           En el año de 1247 que ganó el Santísimo Rey a esta ciudad día del señor San Mateo, 21 de septiembre, viniendo el Santo Rey con su ejército en la noche del día 17, estando tenebrosa en conformidad que no se veía nada apareció un lucero tan resplandeciente que le dio luz e iluminó hasta el día con lo cual pudo el ejército entrar por el pilar de Brenes a subir por el Puerto de Matajacas y dio margen a poner el ejército en el campo del Real, el cual lucero aparecía de noche sin ser visto de los moros. Y el Rey después que le entregaron las llaves por Buceite mandó que se pusiera el escudo de sus armas, orleando con castillos y leones y que se le pusiera el rótulo: “Sicut Lucifer luce in Auro (sic), ita in Vandalia Carmona" y se enarbolaron los estandartes de la fe por don Rodrigo Ponce de León en las murallas (y) castillos.

           Carmona fue noble y muy leal a sus reyes que aunque en el día tiene nombre de ciudad, como lo tuvo en otro tiempo como lo declara Cayo Julio César en sus comentarios tratando de los soldados que fueron de Carmona en ayuda del pueblo Romano, con cuyo favor vencieron muchas batallas: “Carmonenses venerunt a longe que est fortissima civitas totius provintie betica”. Siempre Carmona ha sido leal a su Rey y fiel y después y antes de la pérdida y se verificó cuando el Rey don Enrique la deshonró por no haberle dado la obediencia hasta que supo la muerte de su Rey don Pedro y la hizo villa y en el año de 1630 por el señor Rey don Felipe III se le volvió el título de ciudad, con dosel y señoría.

Asimismo, gozaba este honroso título y nombre de ciudad como se ve en el privilegio que los santos Reyes Don Fernando y Doña Isabel que en el año de mil y cuatrocientos noventa y uno para la nueva fundación de la ciudad de Santa Fe, dos leguas de Granada, en que da licencia a nueve ciudades acudan al edificio de esta fábrica del cual privilegio pongo aquí su principio que es el que se sigue:

 

“En el nombre de Dios amen, Padre, Hijo y Espíritu Santo que son tres Personas y un sólo Dios verdadero que vive y reina para siempre jamás y de la Bienaventurada Virgen Gloriosa Santa María su Madre a quien tenemos por Señora y abogada en todos nuestros hechos y acciones y honras y servicios y del Bienaventurado Apóstol Santiago luz y espejo de las Españas y patrón y guiador de los Reyes de Castilla y de todos los santos y santas de la corte del cielo, por cuanto a los reyes y príncipes católicos pertenece y contiene la defensa en el alumbramiento de la fe cristiana contra los moros y árabes enemigos del santo nombre de Dios y de sus santos y para ello pretendemos hacer una nueva fábrica con nombre y título de Santa Fe y siendo ella la que debemos defender donde se favorezcan y ampare de la clemencia de los temporales por tanto hacemos saber a las ciudades de Sevilla, Carmona, y de Écija y de Jerez y de Andújar y de Baeza y de Úbeda y Córdoba ...”

 

(Libros manuscritos de José Martín de Palma. Archivo Valverde Lasarte. El párrafo está tomado directamente de la obra del padre Arellano).

 

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS