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Los papeles viejos nunca dejan de sorprenderme y eso que llevo, más de tres décadas frecuentando archivos. Hace pocas semanas, buscando documentos sobre la demolición a finales del siglo XIX del arco de Felipe II, delante de la actual Puerta de Sevilla, me salió al paso otro curioso dato que, por supuesto, no buscaba.

En el libro de cabildo de Carmona del año 1895 –fols. 198v-199v- concretamente en la sesión ordinaria celebrada el 21 de septiembre de 1895, siendo alcalde presidente don José Lasso de la Vega y Zayas, se dio lectura a una solicitud de un tal José Martín Amaya, vecino de Carmona. Éste pretendía obtener licencia para construir un velódromo donde la juventud pueda dedicarse a los ejercicios viciclistas (sic). Al parecer, ya el 24 de agosto de ese mismo año había planteado la propuesta verbalmente, y desde entonces había una comisión analizando la licitación. El presidente de dicha comisión, don Rafael Zayas Benítez, manifestó al resto de los ediles que no observaba objeción alguna para la construcción de la citada instalación. En esa misma sesión se acordó acceder a las pretensiones del solicitante, cediéndole de forma transitoria, el terreno necesario en la orilla del Alcor, próximo a Santa Lucía. Un par de comentarios al dato ofrecido en dicho manuscrito:

Primero, los que somos de Carmona y conocemos el entorno de la antigua ermita de Santa Lucía, precisamente en el borde del alcor, sabemos de lo sinuoso del terreno, con bajadas y subidas y con predominio de la línea curva. Un verdadero circuito, pero que no se ajustaba bien al concepto de velódromo, aunque se utilice esta palabra en la documentación. Según el Diccionario de la R.A.E. un velódromo es un lugar destinado para carreras en bicicleta. Sin embargo, el circuito por el borde del alcor no parece que se ajustara a esa idea de celebrar carreras sino que más bien se trataba de un recinto cerrado o al menos cortado al tránsito de carros y personas, para disfrutar de un pausado y entretenido recorrido, divisando el valle desde el promontorio del albero.

Y segundo, se confirma el largo vínculo que tiene nuestra ciudad con el velocípedo y que ha dado a lo largo del siglo XX algunas figuras de relevancia en el panorama regional y nacional. La fecha de creación, en 1895, coincide con un momento de eclosión de la bicicleta, que se consideraba entonces como el vehículo del futuro, en contraposición a los de tracción animal, es decir, a los carros y carruajes. De hecho, los primeros velódromos de la época datan del último cuarto del siglo XIX; por poner un par de ejemplos concretos, el primer velódromo de Jerez de la Frontera estuvo en funcionamiento desde 1891 mientras que el de Bonanova en Barcelona se inauguró en 1893, solo dos años antes que el carmonense.

No hemos encontrado más datos sobre la puesta en servicio de este circuito. Probablemente, sus infraestructuras fueron mínimas, básicamente controlando el acceso de animales, carros y personas y señalizando el recorrido. Tampoco conocemos la duración del proyecto, ni los años que estuvo en servicio. En cualquier caso, estaremos atentos por si aparecen nuevos datos. Mientras tanto, hay quedan estas líneas para los amantes de la historia de nuestra querida ciudad de Carmona.

 

ESTEBAN MIRA CABALLOS

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